España afronta uno de los mayores desafíos de las próximas décadas: el envejecimiento de la población. Este fenómeno, unido al aumento de la cronicidad de las enfermedades y a una creciente presión sobre los recursos asistenciales, está redefiniendo las necesidades de nuestro sistema de salud.
Como refleja nuestro informe El capital privado en el ámbito de la salud, las personas mayores de 65 años representan ya el 20,4% de la población y se prevé que alcancen el 30,3% en las próximas décadas.
Esta evolución demográfica aumentará la prevalencia de enfermedades crónicas, la dependencia y la demanda de cuidados, convirtiendo la sostenibilidad del sistema sanitario en uno de los grandes retos económicos y sociales de nuestro país.
La cuestión ya no es si el sistema sanitario tendrá que adaptarse a esta realidad, sino cómo hacerlo garantizando una atención de calidad, sostenible y accesible.
El envejecimiento de la población obliga a reforzar la colaboración entre los distintos agentes del ecosistema sanitario para dar respuesta a unas necesidades de atención cada vez más complejas.
Aunque el sector público continúa siendo el principal actor del sistema sanitario español, especialmente en ámbitos como el hospitalario, afronta crecientes dificultades para absorber unas necesidades asistenciales en constante aumento.
La escasez de profesionales y las crecientes listas de espera añaden complejidad a un sistema que debe adaptarse a una nueva realidad demográfica.
Y es que no se trata solo de un aumento del número de pacientes, sino también de un cambio en las demandas de atención: patologías de larga duración, salud mental, cuidados sociosanitarios y atención a la dependencia requieren recursos, especialización y nuevos modelos de prestación.
La sostenibilidad del sistema sanitario dependerá de nuestra capacidad para aprovechar todas las capacidades disponibles y abordar de forma eficaz los desafíos asociados al envejecimiento.
En este contexto, la complementariedad entre los ámbitos público y privado constituye una de las palancas para garantizar una respuesta adecuada a las necesidades de la población.
La aportación de la sanidad privada al sistema ya es significativa. El sector privado atiende el 41,6% de las intervenciones quirúrgicas y cerca de un tercio de las urgencias del país, según el informe de EY.
Esta necesidad de adaptación también está redefiniendo el sector salud. El envejecimiento de la población se consolida como uno de los grandes vectores de crecimiento, con impacto en ámbitos como la silver economy, la dependencia, los servicios médicos y el bienestar.
A ello se suman el aumento de las enfermedades crónicas, los problemas de salud mental y una mayor concienciación sobre la prevención y los hábitos de vida saludables.
Este potencial de crecimiento se refleja en el interés inversor: el 88% de los inversores consultados por EY identifica las variables demográficas como el principal motor de inversión en el sector.
Además, esta demanda está impulsando inversiones destinadas a ampliar capacidades e incorporar tecnología. En este sentido, la innovación tecnológica y científica está contribuyendo a mejorar los diagnósticos, los tratamientos y la eficiencia operativa.
Sin embargo, la inversión por sí sola no resolverá los desafíos existentes. Será necesario acompañarla de una mejor coordinación asistencial, un mayor foco en la prevención y la incorporación de herramientas que ayuden a los profesionales sanitarios.
La innovación debe mejorar la experiencia del paciente y optimizar unos recursos cada vez más tensionados. Invertir en salud no es solo una cuestión económica; es una apuesta por la cohesión social, la autonomía de las personas y la sostenibilidad de nuestro modelo de bienestar.
En definitiva, no estamos ante una crisis del sistema sanitario, sino ante una transformación estructural impulsada por el envejecimiento de la población y el cambio en las necesidades de atención.
El verdadero reto sanitario de España ya no es coyuntural, sino demográfico, y la sostenibilidad de la sanidad dependerá de nuestra capacidad para anticiparnos a esta realidad.
Vivir más años es uno de los grandes logros de nuestra sociedad, pero el desafío ahora es asegurar que vaya acompañado de una atención sanitaria sostenible, accesible y de calidad.
Convertir la longevidad en una oportunidad y garantizar una respuesta adecuada a las necesidades de una población envejecida será una de las grandes responsabilidades colectivas de las próximas décadas.
***Borja Sangrador es socio de EY-Parthenon y responsable del sector Health & Life Sciences en EY.