La igualdad reconocida en la ley no se traduce automáticamente en igualdad efectiva. Según el informe Women, Business and the Law 2024 del Banco Mundial, las mujeres cuentan globalmente con solo el 64% de los derechos legales de los hombres.

ONU Mujeres y la OIT señalan que cerca del 60% del empleo femenino se desarrolla en la economía informal, sin protección social ni garantías laborales. Además, las mujeres dedican el triple de tiempo que los hombres a trabajo doméstico y de cuidados no remunerados.

Estos datos muestran que la brecha de género es tanto legal como económica. La autonomía económica emerge como un factor crítico para ejercer derechos y participar en la toma de decisiones dentro de la familia y la comunidad.

Un elemento central de este cambio es la asociatividad: al organizarse en asociaciones y cooperativas, pueden negociar precios, compartir riesgos, acceder a mercados y fortalecer su posición dentro de la comunidad.

CODESPA ha trabajado durante 40 años en 34 países de América Latina, África y Asia implementando procesos estructurados de formación técnica y empresarial, acceso a financiación, acompañamiento en terreno y fortalecimiento de la participación femenina en espacios de decisión.

Los resultados muestran que, con apoyo adecuado, las mujeres no solo incrementan sus ingresos, sino que también amplían su capacidad de decisión sobre la economía, el tiempo y la vida comunitaria.

En Guatemala, María Elisa pasó de apenas intervenir en reuniones comunitarias a formar parte del comité de desarrollo local gracias a ingresos propios y experiencia organizativa.

En Bolivia, Lizeth y Estela Tantacalle profesionalizaron su producción textil, consolidaron canales de venta digitales e incorporaron a otras mujeres del entorno, ampliando su influencia comunitaria.

En La Paz, Carolina Abigail Siga dirige una empresa de turismo responsable que conecta la economía local con la preservación cultural, tras recibir mentoría, planificación financiera y acceso a redes comerciales.

El cambio requiere no solo la acción individual, sino también un compromiso activo de administraciones y empresas para facilitar oportunidades de formación, acceso a mercados y financiamiento.

La colaboración con ONG como CODESPA permite diseñar estrategias efectivas y adaptadas a contextos locales, asegurando que las inversiones en inclusión económica se traduzcan en capacidad real de decisión y participación.

Estos casos muestran que la generación de ingresos estables permite a las mujeres aumentar su influencia en decisiones clave sobre educación, inversión y participación comunitaria.

La experiencia demuestra que la inclusión económica, con apoyo institucional y empresarial, es indispensable para reducir la dependencia estructural y cerrar la brecha de género de manera sostenida.

*** Laura Contreras Elósegui es la encargada de comunicación y marketing en CODESPA.