La noche del 30 al 31 de julio, mientras algunos soñaban con vacaciones, 72.000 personas entraban en Ceuta. A 88 de ellas, el sueño de mejorar su vida se la arrebató.
Los debates posteriores, como siempre: sesgados, guiados por intereses unipersonales, carentes de rigor y capacidad de liderazgo. Todo lo ocurrido es tan intolerable como las respuestas y actitudes de nuestros líderes políticos de todos los espectros.
Tú y yo, como todos los humanos, venimos de África. Migrar es un fenómeno humano, que ahora requiere gestión inteligente. Está sobradamente demostrado: si nos va bien solo a unos, al final no nos irá bien a ninguno. No es ideología. Es estadística.
Si tienes dudas, prueba la inseguridad de caminar de madrugada por Lavapiés -Madrid- o Río de Janeiro.
En Río, amigos que tienen coches blindados terminaron comprendiendo: sus hijos salen con compañeros que no los tienen. Cuando encontré a un amigo desfigurado en una cuneta después de un asalto, su padre y yo asimilamos: no hay cómo blindarse de la desigualdad.
Esos pseudolíderes políticos nos cuestan carísimos. En América Latina, el narcotráfico y la milicia rellenan los vacíos de liderazgo y oportunidades de cada periferia que ellos abandonan.
En Europa los discursos políticos extremistas —religiosos, nacionalistas, políticos— traccionan allí donde se acumulan exclusión, falta de oportunidades, ausencia de horizontes y sueños, corrupción, arenas políticas sordas ambientadas con discursos medievales de odio.
Volviendo a la inmigración: además de los argumentos humanos y de seguridad, la economía comprueba que inmigrantes y autóctonos, podemos conectar, complementarnos, y diferenciarnos innovando y generando riqueza compartida.
Según el Banco Central Europeo, la inmigración explica el 80% del crecimiento del PIB español entre 2019 y 2024. Los trabajadores migrantes representaban (2024) el 14% de las cotizaciones a la Seguridad Social y apenas el 1% de gastos en pensiones.
No significa que la inmigración sea automáticamente beneficiosa, ni que todos sus costes desaparezcan. Significa algo mucho más sencillo: es una realidad económica que podemos gestionar bien o mal.
Y gestionar bien significa conectar necesidades y oportunidades. Lo he experimentado en contextos variados. Por ejemplo, realizando proyectos de integración a través del liderazgo para generar renta con inmigrantes hispanos en Oakland y San Francisco. También en Canadá, con los verdaderos autóctonos de Norteamérica, las comunidades indígenas.
En Montgomery County, Washington D.C., la integración social y la innovación apalancada en el multiculturalismo aumentaron la renta local -empleabilidad y emprendimiento-. Como en Lavapiés, la multiculturalidad atrajo turismo. A media hora de Montgomery, en Herndon, el rechazo al inmigrante generó exactamente lo que el miedo predijo que traería la integración: paro, violencia, degradación urbana y crisis generalizada.
Aprendí que ningún territorio puede construir su futuro ignorando los conocimientos, capacidades y aspiraciones que lo componen.
La lección no es que la multiculturalidad resuelva por sí sola los problemas de una comunidad, sino que cuando hay liderazgo bienintencionado, las instituciones conectan capacidades, necesidades y oportunidades. La multiculturalidad se convierte en un activo socioeconómico.
A 303 kilómetros de Ceuta, en Níjar, conviven más de 80 nacionalidades. Es el corazón geográfico del Mundial de Fútbol 2030. Allí realizamos un diagnóstico con actores locales y la agroindustria —consciente del valor de la inmigración que les permitió crear el modelo económico del milagro andaluz, hoy copiado por Brasil y China para sus fértiles tierras—.
Concluimos algo que parece sencillo, pero que rara vez aparece en los grandes debates sobre inmigración: los sueños son activos de desarrollo. Por eso lanzamos el saque de honor de El Otro Mundial: La Cara Social del Mundial de Fútbol 2030. Co-creamos la Níjar Elite League con la asociación juvenil Sol Descalzo.
Este torneo de fútbol no es solo deporte; es una plataforma real de formación en liderazgo, empleabilidad, emprendimiento, arte y proyectos que hagan soñar y realizar sueños. En 2030, comunidades que hoy ven llegar y salir inmigrantes serán las anfitrionas del mayor acontecimiento deportivo del planeta.
Lo ocurrido en Ceuta no es el problema, es la consecuencia. La solución no es solo geopolítica con Rabat. Tampoco es negar problemas de seguridad generados por la mala gestión de la inmigración. Empieza por gestionar bajo un liderazgo humano basado en activos.
Preguntar a quien llega: qué sabe, qué sueña, qué aporta. A quien ya estaba, qué necesita para prosperar. Identificar los activos y conectar personas y tejidos productivos que lo hagan posible. No se trata de abrir o cerrar. Se trata de gestionar y de hacerlo con inteligencia, con datos, con espíritu de Estado.
***Leonardo Martins Dias colabora investigando y como docente desde Universidades como Oxford o UC Berkeley. También es co-fundador de Conécta+Te y de El Otro Mundial: La Cara Social del Mundial 2030.