Nací en Brasil. La tierra del fútbol-arte, de la ginga, de ese toque que convierte el deporte en poesía. Pero también la tierra que vio a Neymar protagonizar escenas que avergonzaron a una generación que amamos el limpio fútbol-arte brasileño.
Llegué a España expatriado por una multinacional del IBEX. Y algo inesperado ocurrió: terminé de conectar aquí con una parte de mí. La manera de vivir en Madrid me dio un espejo nuevo.
En España, cuando uno se lo pasa bien, no hay fin. Y yo no tengo fin con este país. Me siento de aquí. Admiro su cultura. Y admiro, sobre todo, que España sabe que la fiesta no es individual. La fiesta, como la victoria, es de todos.
La final del Mundial lo demostró una vez más. No ganó el jugador más caro ni el ego más grande. Ganó un equipo donde once jugadores piensan colectivamente, ceden el balón, confían en el de al lado. Ganó un modelo de colaboración. Y ese modelo tiene nombre: España.
El 'yo primero' divide, no hace nada grande. El 'juntos somos más' gana títulos, pero sobre todo construye algo sostenible. Hay una diferencia enorme entre una victoria que se celebra una noche y un legado -fundamental en tiempos de polarización- que se recuerda décadas después.
El Mundial 2030 en España será único y podrá seguir reforzando necesarios mensajes de unión y conexión en estos tiempos de polarización.
No saber perder es un gran fracaso. En Brasil, el día de la final del mundial, hubo varios actos violentos conducidos por hinchas argentinos. La violencia es siempre síntoma de lo mismo: ausencia de capacidad de reflexionar. Un ego que no sabe qué hacer cuando se le enseña, a través de experiencias concretas, que no es lo que piensa.
En la película La Vaquilla, Berlanga enseña lo contrario: los dos bandos enemigos se encuentran desnudos en la misma poza, y concluyen "somos iguales". La familia dividida sufre de los dos lados. Cuando se hace trampa, perdemos todos. La victoria sucia es, en el fondo, la derrota de todos.
Gracias, De La Fuente. Por demostrar que el liderazgo que conecta y suma es más poderoso que el que impone y divide. Por difundir, desde la selección campeona del mundo, mensajes maduros de unión, generosidad, trabajo en equipo. Como siempre insisto: hay más verdad en la diversidad que en la homogeneidad. Y la multiculturalidad aquí es un valor singular.
Esos mismos valores son los que impulsamos colaborando en 'El Otro Mundial: La Cara Social del Mundial 2030'. Mientras los futbolistas disputan la Copa, jóvenes líderes en exclusión aprenden a organizarse, a colaborar, a confiar en el de al lado, a construir oportunidades a través de proyectos colectivos. Es el fútbol como escuela de lo que nos falta.
Qué mejor momento que el Mundial en la casa de los campeones del mundo que, además, ya ejemplifican estos valores humanos tan necesarios en tiempos de polarización. Es una escuela única de valores que faltan en un mundo cada vez más individualista.
El fútbol, cuando se juega así, ya no es fútbol. Es la demostración de que otro modelo es posible: el del equipo frente al individuo, el del bien común frente al beneficio propio. España lo jugó en la cancha. Ahora toca llevarlo a todos los campos de la vida. Juntas, las estrellas brillan más. Como tiene que ser.
***Leonardo Martins Dias, Co-fundador y Global Impact Lead de Conécta+Te. Colabora con universidades como Oxford o Berkeley. Impulsa La Cara Social del Mundial 2030. Impulsó la Taça (Copa) de las Favelas como el lado social del Mundial de 2014 en Brasil.