Europa está a punto de tomar una decisión clave que podría ayudar a reducir las emisiones de carbono procedentes de la aviación y, al mismo tiempo, abrir un nuevo mercado para los agricultores españoles.

¿Cómo? A través de biocombustibles procedentes de la agricultura.

El cambio climático, la necesidad de fortalecer nuestra autosuficiencia y producir más energía propia, ha llevado al sector del transporte aéreo a la búsqueda de nuevas fuentes competitivas de combustible de aviación sostenible (SAF).

Impulsados también por las nuevas regulaciones europeas que exigen a las aerolíneas incluir al menos un 2% de SAF en su mezcla de combustibles, objetivo que se aumentará hasta el 70% para 2050.

En este contexto, la agricultura española puede desempeñar un papel crucial gracias a cultivos como el girasol, muy extendidos en zonas como Andalucía, Castilla-La Mancha, Aragón o Extremadura. Su alto contenido en aceite lo convierte en una materia prima ideal para producir biocombustibles avanzados.

España cuenta además con una cadena agroindustrial sólida, capaz de transformar este aceite en combustible de aviación que cumple los estándares europeos.

En este camino también es clave la colaboración entre distintos actores para conectar el potencial del campo con las necesidades del transporte aéreo como es el caso de la Joint Venture lanzada recientemente por bp y Corteva Agriscience para la producción de materias primas agrícolas destinadas a la fabricación de este tipo de biocombustible.

Durante mucho tiempo se ha considerado que Europa no tenía suficiente tierra para cultivar materias primas energéticas. Hoy sabemos que sí es posible siempre que sea mediante sistemas de doble cultivo, variedades eficientes y buenas prácticas agrícolas, que además los agricultores españoles ya utilizan para mejorar la salud del suelo entre campañas.

Esta transición tecnológica facilita que el aceite de girasol cultivado en rotación pueda transformarse en combustible de aviación que cumple estándares europeos estrictos, listo para abastecer vuelos desde aeropuertos españoles.

Además, el mercado acompaña. En 2024, el valor global de los biocombustibles se estimó en más de 132.000 millones de dólares, y se prevé que alcance los 257.000 millones en 2034, siendo precisamente la aviación el sector de mayor crecimiento.

Para España, esto supone una oportunidad económica clara: un nuevo flujo de ingresos para agricultores, cooperativas y zonas rurales, más actividad para la industria energética y un impulso a la independencia energética nacional.

Como líder en innovación agrícola, en Corteva Agriscience contamos con una trayectoria que nos sitúa entre los mayores referentes globales en el desarrollo de semillas de alta tecnología además de soluciones de protección de cultivos.

Con una inversión diaria superior a cuatro millones de dólares en investigación y con más de 120 centros de I+D en todo el mundo, entre los que con gran orgullo destaca el ubicado en La Rinconada (Sevilla) como referente mundial en el cultivo de girasol, nuestra misión es clara: poner en manos de los agricultores la tecnología más avanzada.

La transición hacia el SAF no solo es una obligación climática. Es una oportunidad económica, territorial y agrícola que España está especialmente bien posicionada para liderar.

Nuestros agricultores pueden ser una pieza clave en la descarbonización del transporte aéreo europeo, pero, para ello, la Comisión Europea debe cerrar la definición de cultivo intermedio dentro de la Directiva de Energías Renovables. Sin esta claridad, los productores dudarán en sembrar ante la incertidumbre de si su producto será elegible para el mercado energético.

En definitiva, España tiene el clima, la experiencia, la superficie agrícola y la industria necesarias para convertir sus girasoles en parte del combustible del futuro.

Y puede hacerlo sin competir con la producción de alimentos. Para lograrlo, necesitamos políticas claras, apoyo decidido y la colaboración estrecha entre agricultura, industria y energía.

Lo que nace hoy en nuestros campos puede convertirse en el impulso de un transporte aéreo más limpio y competitivo.

***Manuel Melgarejo es presidente de Corteva Agriscience para España y Portugal.