Mariana Goya
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La pérdida de las responsabilidades que han organizado la vida durante años puede dejar una sensación de vacío en la vejez. El 42% de las personas mayores que han dedicado principalmente su trayectoria al cuidado del hogar y de familiares afirma haber experimentado ese sentimiento cuando ese papel pierde centralidad.

Además, el 39% reconoce que le ha resultado difícil redefinir su proyecto vital y el 29% siente que ya no ocupa un papel importante dentro de la familia. Son algunos de los resultados del informe Desoledad 2026, impulsado por Fundación Verisure, que estudia la relación entre el propósito vital y la vulnerabilidad ante la soledad no deseada.

El estudio pone el foco en una dimensión que puede quedar relegada durante la jubilación y otros cambios vitales, como lo es la posibilidad de seguir teniendo intereses, proyectos y actividades significativas.

La investigación, realizada mediante una encuesta a 386 personas de 60 años o más en España, examina cómo influyen la autonomía, la salud, las relaciones sociales y las responsabilidades familiares en la manera de afrontar esta etapa.

Entre las personas que han dedicado principalmente su vida al cuidado, el 94% está total o parcialmente de acuerdo con que atender a su familia les hacía sentirse útiles y necesarias. El 90% señala que estas responsabilidades ocuparon buena parte de su tiempo y energía durante muchos años.

El informe advierte de que, cuando ese papel disminuye o desaparece, también pueden cambiar la identidad personal y la percepción de utilidad.

Este grupo está compuesto en un 87% por mujeres y presenta una mayor vulnerabilidad económica, según el documento. Los resultados reflejan que sentirse acompañado y mantener relaciones familiares no siempre evita la sensación de haber perdido una función que durante años ha dado sentido a la vida cotidiana.

Jubilación desigual

La transición hacia la jubilación también presenta diferencias en función de las circunstancias personales. El 59% de las personas consultadas señala la tranquilidad como sentimiento predominante ante esta etapa. Entre quienes ya se han jubilado, solo el 5% considera que la jubilación ha afectado negativamente a sus relaciones sociales.

Sin embargo, la adaptación no es igual para todos. Entre las personas que todavía no se han jubilado, el 61% afirma sentirse plenamente preparado y el 59% confía en encontrar nuevas motivaciones e ilusiones. Entre quienes ya han dejado de trabajar, estos porcentajes son del 49% y el 37%, respectivamente.

Un momento durante la presentación del informe. Cedida

Las aspiraciones para esta etapa también muestran que disponer de más tiempo no implica necesariamente renunciar a los proyectos personales.

El 61% menciona el deseo de mantenerse física y mentalmente en activo entre sus principales ilusiones para la jubilación. A continuación figuran disfrutar de la familia, con un 46%; viajar, con un 36%; y compartir tiempo con amistades, con un 25%.

La situación económica también marca diferencias. Entre quienes consideran que viven cómodamente, el 82% señala la tranquilidad como sentimiento predominante ante la jubilación. Entre quienes describen su situación económica como ajustada o difícil, la proporción cae al 29%, mientras que la preocupación alcanza el 48%.

El informe identifica, además, diferencias según la edad y la situación afectiva. Entre las personas de 60 a 64 años, la preocupación alcanza el 31%, frente al 23% del conjunto de la muestra. Entre las personas viudas aumentan tanto la preocupación como la tristeza.

La disponibilidad de una red de apoyo y la participación social aparecen asociadas a una vivencia más favorable de esta etapa.

Recuperar intereses

Ante estos resultados, Desoledad 2026 plantea el propósito vital como una vía para diseñar intervenciones frente a la soledad no deseada. El concepto comprende aquello que una persona quiere recuperar, aprender, descubrir o compartir.

El informe incorpora un programa piloto de acompañamiento en el que participaron cuatro parejas formadas por una persona mayor y una voluntaria. La iniciativa se desarrolló con la colaboración de la Residencia Montserrat de Madrid y se centró en los intereses expresados por los propios participantes.

Las actividades fueron distintas en cada caso. Francesco quería retomar la jardinería; Ludi deseaba realizar visitas culturales; Juanito quería conocer mejor Madrid, y José Luis buscaba aprender a utilizar mejor su teléfono móvil.

El seguimiento cualitativo recogió valoraciones positivas sobre el bienestar, la motivación y la relación entre los participantes. Francesco calificó con un 10 su experiencia y afirmó sentirse "realizado y feliz". José Luis, por su parte, destacó el contacto con su voluntaria y señaló que le había dado ganas de dedicar más tiempo a actividades que le gustan y de conversar más con otras personas.

La experiencia también puso de manifiesto la importancia de mantener la continuidad de los encuentros y adaptar las actividades a las condiciones de salud, movilidad y autonomía de cada persona. Los cambios en las circunstancias personales y las dificultades para sostener la participación obligaron a ajustar el desarrollo del programa.

Fundación Verisure subraya, no obstante, que estos resultados no permiten demostrar una reducción de la soledad no deseada. El alcance del piloto es limitado y todavía se necesita más evidencia para determinar qué perfiles se benefician más de este modelo, qué frecuencia de encuentros resulta adecuada y cómo evoluciona el propósito en acompañamientos prolongados.

El informe concluye que la prevención requiere prestar atención a las transiciones en las que pueden debilitarse los vínculos, la autonomía, las actividades significativas y el sentimiento de contribución. También señala la necesidad de impulsar respuestas flexibles, adaptadas a las circunstancias individuales y sostenidas por profesionales, entidades sociales y voluntariado.