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Alrededor del 95% de las enfermedades raras carece todavía de un tratamiento específico. Aunque cada una afecta a menos de cinco personas por cada 10.000 habitantes, en conjunto estas patologías alcanzan a más de 300 millones de personas en el mundo, 30 millones en Europa y cerca de tres millones en España.

Se estima que existen unas 7.000 enfermedades de este tipo. Ocho de cada diez tienen origen genético y el 70% comienza a manifestarse durante la infancia. El desconocimiento y falta de opciones terapéuticas convierte el diagnóstico en un proceso que, en muchos casos, se prolonga durante años.

Dos proyectos desarrollados en Valencia y Murcia tratarán de reducir estos tiempos y facilitar la búsqueda de tratamientos. Ambas investigaciones han sido seleccionadas en la segunda edición del programa PINERA de Investigación en Enfermedades Raras, convocado por la Fundación Ramón Areces.

La iniciativa contempla dos modalidades. La primera financiará una investigación multicéntrica sobre la distrofia miotónica tipo 1. La segunda permitirá adquirir el equipamiento necesario para automatizar una plataforma que utiliza peces cebra en la búsqueda de terapias personalizadas.

Nuevos biomarcadores

El proyecto INTEGRA-DM1 estará coordinado por Arturo López Castel desde el Instituto de Investigación Sanitaria INCLIVA, vinculado al Hospital Clínico Universitario de Valencia. Su equipo buscará nuevos biomarcadores de la distrofia miotónica tipo 1, una enfermedad genética principalmente muscular, aunque puede alcanzar diferentes órganos.

"Los pacientes con esta patología presentan una heterogeneidad molecular compleja y una clínica multisistémica, solo parcialmente entendidas", explica López Castel, advirtiendo de cómo pueden derivar "retrasos importantes en su diagnóstico, ineficiencia en su monitorización y gran dificultad para la aprobación de un tratamiento válido".

El equipo buscará señales biológicas (biomarcadores) que permitan anticipar cómo avanza la enfermedad. Los indicadores podrán establecer criterios útiles para poder adaptar la atención médica a las características de cada paciente.

La investigación analizará el transcriptoma, el metaboloma y el microbioma de los pacientes. Estos datos biológicos permiten analizar la actividad de los genes, el metabolismo y los microorganismos presentes en el organismo de los pacientes.

Los resultados adquiridos servirán para elaborar una especie de ficha de referencia para la enfermedad. Para ello, se comparará con los de personas sin DM1 y se cruzarán con datos genéticos, clínicos y proteómicos del registro español DM1-Hub.

"El objetivo principal del proyecto es identificar biomarcadores dinámicos que resultan relevantes durante la evolución de la enfermedad", señala su coordinador.

Peces cebra

El segundo proyecto, CebraÚNICA, estará dirigido por María Luisa Cayuela Fuentes en el Instituto Murciano de Investigación Biosanitaria. Su objetivo es automatizar el uso de peces cebra para probar fármacos y localizar posibles tratamientos contra distintas enfermedades raras.

La razón de utilizar peces cebra es que permiten probar posibles tratamientos en un organismo vertebrado, que comparte características biológicas con los seres humanos, antes de avanzar hacia los estudios clínicos.

La plataforma parte de resultados anteriores: "CebraÚNICA ha permitido validar fármacos aprobados para otras indicaciones, ha contribuido a varios reposicionamientos con resultados prometedores y ha impulsado un ensayo clínico actualmente en marcha", explica Cayuela Fuentes.

No obstante, existen implicaciones que ralentizan parte del proceso manual. La cría de peces, el análisis de sus características y la validación genética no solo requieren tiempo, sino que reducen la cantidad de medicamentos que pueden evaluarse. Esto retrasa la llegada de los resultados a la práctica clínica.

La ayuda permitirá pasar de un proceso mayoritariamente manual a otro automatizado, un cambio "esencial para acelerar la generación de conocimiento y su aplicación", según la directora.