Solo uno de cada seis países del mundo cuenta con suficientes dermatólogos para cubrir las necesidades sanitarias de su población. La densidad media mundial se sitúa en 2,66 especialistas por cada 100.000 habitantes, frente a los 5,63 que el estudio estima necesarios para ofrecer una atención adecuada.
Las diferencias están vinculadas a los ingresos de los países, y es que mientras los territorios de ingresos altos cuentan con una media de 5,05 dermatólogos por cada 100.000 habitantes, en los de ingresos bajos la cifra cae hasta 0,37.
Estas son algunas de las principales conclusiones del Global Access to Skin Health Observatory Study, el primer análisis global exhaustivo sobre el acceso a la atención dermatológica. Elaborado por la Liga Internacional de Sociedades Dermatológicas (ILDS) y L’Oréal Dermatological Beauty, y publicado en JAMA Dermatology, el trabajo recoge información de 158 países que representan el 97% de la población mundial.
El informe señala que más de 2.000 millones de personas padecen algún tipo de enfermedad cutánea. Estas afecciones se encuentran entre las más frecuentes a escala global y figuran entre las diez principales causas de discapacidad. Sin embargo, el 74% de los países consultados afirma que la salud de la piel no constituye una prioridad gubernamental nacional.
La brecha en la disponibilidad de especialistas se extiende a las distintas regiones. Ningún país de África ni del Sudeste Asiático alcanza el nivel de referencia establecido por el estudio. Las diferencias pueden observarse incluso entre países con poblaciones de dimensiones similares.
Australia y Níger cuentan con alrededor de 27 millones de habitantes, pero el primero dispone de más de 600 dermatólogos frente a los 18 registrados en Níger. Japón y Etiopía rondan los 130 millones de habitantes, aunque Japón supera los 7.000 especialistas y Etiopía cuenta con aproximadamente 200.
El acceso a la atención especializada también presenta diferencias asociadas al nivel económico. El 90% de los países de menores ingresos señala que tiene un acceso inadecuado a subespecialidades como la dermatología pediátrica, la cirugía dermatológica y la dermatopatología.
Un dermatólogo examina los lunares de un paciente.
En el conjunto de los países analizados, el 42% informa de un acceso deficiente o extremadamente insuficiente a la atención dermatológica, una proporción que se aproxima a dos tercios entre los territorios de menores ingresos.
La distribución de los especialistas dentro de cada país constituye otra de las principales barreras identificadas. El 79% de los dermatólogos trabaja en áreas urbanas a escala mundial, un porcentaje que asciende al 91% en los países de ingresos bajos.
El estudio utiliza el concepto de "desiertos dermatológicos" para describir estos territorios con un acceso muy restringido a los servicios de salud cutánea.
A la distancia geográfica se suma, en determinados sistemas sanitarios, la concentración de profesionales en el sector privado, lo que limita la disponibilidad de especialistas para las personas que dependen de la sanidad pública.
Ante esta falta de dermatólogos, otros profesionales sanitarios asumen parte de la atención. Es decir, médicos de familia y de atención primaria, personal de enfermería, farmacéuticos y agentes de salud comunitaria participan en el diagnóstico y tratamiento de enfermedades de la piel.
El informe señala que los médicos de atención primaria pueden asumir una responsabilidad igual o superior a la de los especialistas en este ámbito, aunque una parte de estos profesionales recibe poca formación formal en dermatología.
La falta de capacidad asistencial es especialmente elevada en los países y regiones con menos recursos. El 89% de los países de ingresos bajos y el 94% de los países africanos declara disponer de una capacidad de atención insuficiente.
Al mismo tiempo, los requisitos para ejercer como dermatólogo presentan una elevada homogeneidad internacional. El 89% de los países exige una titulación en Medicina y una residencia formal en Dermatología.
Para Esther Freeman, investigadora principal del estudio, vicepresidenta de la Fundación Internacional de Dermatología y profesora asociada de Dermatología en la Facultad de Medicina de Harvard, el trabajo permite pasar de las estimaciones a una base de datos sobre la que plantear medidas.
"El lugar donde vives no debería condicionar tu acceso a la salud de la piel, pero hoy por hoy lo hace", ha señalado.
Dermatoscopio en funcionamiento.
Las carencias también afectan a la formación de nuevos especialistas. En la región africana, el 46% de los países no dispone de programas de formación especializada en dermatología. El estudio plantea ampliar las oportunidades de capacitación regional y reforzar los conocimientos dermatológicos del personal sanitario que trabaja en primera línea.
Entre las vías de actuación identificadas figura también el uso de herramientas digitales. La investigación apunta a la telemedicina y a la inteligencia artificial como recursos que pueden facilitar el diagnóstico y el acceso a conocimiento especializado en zonas con menor disponibilidad de dermatólogos.
El informe plantea además que estas herramientas tengan en cuenta la diversidad de tonos de piel para mejorar su utilidad en diferentes poblaciones.
Los autores sitúan sus resultados en el contexto de la Resolución de la Asamblea Mundial de la Salud de 2025 sobre las enfermedades cutáneas como prioridad de salud pública global. El Observatorio pretende servir como herramienta para trasladar ese marco internacional a actuaciones concretas y medir su evolución.
Los datos del estudio se han incorporado al Skin Observatory Data Explorer, una plataforma interactiva que permite consultar la información por países y regiones, analizar distintas variables y descargar los resultados.
Según la ILDS, la incorporación progresiva de nuevos datos permitirá realizar un seguimiento de los cambios en el acceso a la atención dermatológica a largo plazo.
El presidente de la ILDS, Henry W. Lim, ha señalado que los resultados pueden contribuir a medir los avances derivados de la resolución de la Asamblea Mundial de la Salud.
Por su parte, Myriam Cohen-Welgryn, presidenta de L’Oréal Dermatological Beauty, ha destacado el compromiso de la compañía con el acceso a la salud cutánea a través de su programa Act For Dermatology.
