"Guía de apuestas en eventos climáticos: ¿es posible?", reza una web de asesoría para jugadores en español. Y continúa: "Los meteorólogos no venden cuotas, pero algunos traders de apuestas tratan de capturar la impredecible danza de la lluvia. ¿Estás listo para lanzar tu dinero a la tormenta?".
"¿Qué se puede apostar realmente?", desarrolla la misma (con tics en el lenguaje que desvelan una traducción literal de una fuente en inglés): "Temperatura máxima en una ciudad, número de horas de precipitación, incluso la probabilidad de un huracán. Son datos duros, sí, pero la cuestión es cuán robusta es la información detrás de la apuesta".
Se advierte que la precisión de las predicciones meteorológicas cambia según la región, se recomiendan plataformas concretas para asesorarse y se aconseja "nunca más del 2% de tu capital en una sola apuesta climática. La volatilidad allí es alta, y el boom de una victoria rara vez compensa varias derrotas". Incluso se pone un ejemplo práctico con una tormenta reciente en el Caribe.
Puede parecer una locura, pero es una tendencia que preocupa a economistas, meteorólogos y todo tipo de expertos. De momento, y sobre todo, en el mundo anglosajón aunque es un tipo de "apuesta" que ya está llegando a Europa.
Se basa en los controvertidos mercados de predicción, pensados para inversores, usados en apuestas deportivas... pero que pueden enfocarse en el terreno meteorológico.
La base de los mercados de predicciones, a los que hacen referencia estas guías para el "apostador climático", es su capacidad de agregar información dispersa de fuentes muy diversas y calibrar en función de ella la probabilidad de un acontecimiento, al que ponen "un precio". Puede ser la posibilidad de un hat-trick de Vinicius, la de que un determinado partido gane las elecciones… o de una nueva dana en la costa mediterránea.
Monetizar las tragedias
El economista español Santiago Carbó es uno de los principales adalides de regular estos mercados en Europa y advierte que "los derivados meteorológicos existen hace tiempo y tienen una función de cobertura para empresas agrícolas, energéticas o turísticas. Lo nuevo es que algunas plataformas permiten apostar sobre temperaturas extremas, huracanes, incendios…"
Carbó advierte que "ahí la frontera entre cobertura financiera y apuesta sobre una catástrofe se vuelve problemática. Hay una diferencia esencial entre una empresa que se protege frente a una sequía y alguien que simplemente apuesta a cuántas hectáreas quemará un incendio. Una cosa es gestionar el riesgo y otra monetizar la desgracia ajena", concluye.
La destrucción de la dana ocurrida en Valencia el pasado 29 de octubre de 2024.
Para él "los mercados de predicción parten de una idea razonable como es la agregación de información mediante precios que reflejan probabilidades. El problema es que la tecnología permite convertir casi cualquier acontecimiento verificable en un contrato negociable. Que algo pueda convertirse en mercado no significa necesariamente que deba hacerlo".
Carbó insiste en que "hay que regular cuestiones tradicionales como transparencia, manipulación, información privilegiada o protección del minorista, pero también los posibles incentivos perversos. Y existe una cuestión ética evidente: cuanto menor sea la función de cobertura ante riesgo y mayor la relación de la ganancia con muerte, destrucción o sufrimiento humano, más difícil resulta justificarlo".
Mercados "manipulados"
Jamie Pietruska, historiadora de la Economía y profesora en la Rutgers University de New Jersey, es una de las voces más críticas en Estados Unidos con lo que ha bautizado como "los mercados de la catástrofe" en su país, donde denunció las apuestas en los incendios de California en 2025 y que destruyeron más de 16.400 hectáreas de terreno dejando más de 100 heridos entre vecinos y profesionales en labores de extinción.
"Las apuestas online en EEUU están en auge desde que una decisión del Tribunal Supremo permitió legalizar ciertas prácticas en el caso del deporte en 2018. Las plataformas han aumentado su actividad con la noción de que puedes apostar prácticamente sobre cualquier cosa, convirtiendo la realidad en un casino", opina.
Para Pietruska el riesgo de estas apuestas va más allá de si es ético o no jugar dinero a que miles de personas perderán sus casas en un incendio. "Incentivan comportamientos perversos, como provocar incendios u obstruir los esfuerzos de extinción".
La investigadora señala un caso concreto del pasado abril en París, Francia, cuando se denunció una posible manipulación de un medidor de temperatura de un aeropuerto para volcar el mercado de apuestas. "Algo así puede tener consecuencias muy graves en procedimientos de seguridad o política climática", asegura.
Por otro lado, la crítica de Pietruska va más allá y se lanza sobre los mercados de predicción: "No son máquinas de la verdad, de hecho, a veces influyen más en el futuro de lo que lo predicen, porque crean falsas percepciones. Si se producen una gran cantidad de apuestas contra que EEUU, la UE o India no alcanzarán sus objetivos de reducción de emisiones, mucha gente dejará de creer que es posible, cuando en realidad aún no está escrito y depende de nuestras acciones".
La experta remarca, además, que muchos de esos mercados "están llenos de fondos de inversión y otro tipo de firmas comerciales a las que les interesa que predigan una cosa u otra en un momento dado. Nos quieren hacer creer que es un casino sin banca, en el que nadie gana con que tú pierdas, pero no es cierto. Son estas empresas las que ganan manipulando los resultados".
Pietruska es una firme defensora de la prohibición tanto de estos mercados de predicción como de las "apuestas climáticas". Y añade: "la sabiduría de la multitud no es que un montón de desconocidos se unan para decidir a si algo sucederá o no y si pueden ganar dinero con ello. Lo que nos salvará no serán las apuestas, sino crear comunidades capaces de prepararse para las catástrofes o combatir el cambio climático apoyándose unos a otros, no beneficiándose de las desgracias ajenas".
