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El 46% de los compradores españoles que estarían dispuestos a pagar más por una vivienda sostenible, valora el aislamiento térmico en suelos y muros.

La iluminación natural y las ventanas de alta eficiencia energética comparten el siguiente puesto, con un 44% cada una, por delante incluso de los sistemas de energías renovables, como las placas solares o la aerotermia, que alcanzan el 39%.

Los datos del informe La sostenibilidad en la demanda de vivienda en España 2025, elaborado por Fotocasa y Solvia, apuntan a una preferencia por hogares que necesitan menos recursos para mantener unas condiciones adecuadas de confort.

El interés también tiene una dimensión económica. El 78% de los compradores afirma que estaría dispuesto a pagar más por una vivienda sostenible, aunque el 22% descarta asumir ese sobrecoste. Entre quienes se muestran reticentes, el 35% considera demasiado elevada la inversión necesaria y un 23% desconfía de que la vivienda merezca realmente esa consideración.

El concepto sigue asociándose, sobre todo, con el ahorro. El mismo estudio recoge que el 65% de los encuestados relaciona una vivienda sostenible con la eficiencia energética y la reducción del gasto económico. El 49% considera relevante que el diseño permite aprovechar la energía natural para reducir la necesidad de calefacción o aire acondicionado.

Los certificados ambientales convencen al 43%, mientras que el suministro de energías renovables y la construcción responsable con el entorno alcanzan el 42% en ambos casos.

Para David Baños, director comercial de VEKA Ibérica, la primera decisión debe tomarse antes de elegir cómo generar electricidad o climatizar las estancias. La clave está en la envolvente del edificio, formada por los elementos que separan el interior del exterior, como fachadas, cubiertas, suelos, ventanas y puertas.

Vista aérea de un edificio moderno con equipos de generación de energía solar instalados en el techo. iStock

Su función es reducir las pérdidas de calor en invierno y limitar el sobrecalentamiento en verano. Si presenta deficiencias, aumenta la energía necesaria para mantener una temperatura confortable.

"Antes incluso de pensar en producir energía mediante placas solares, es fundamental reducir la demanda energética del edificio", defiende Baños. La distinción resulta relevante al valorar una vivienda, porque disponer de instalaciones capaces de generar energía no elimina las pérdidas que se producen por un aislamiento insuficiente o por cerramientos mal resueltos.

El problema se aprecia especialmente en las ventanas antiguas. Según el portavoz de VEKA Ibérica, las instaladas hace 20 o 30 años suelen ofrecer peores prestaciones que las soluciones actuales, sobre todo cuando incorporan un único vidrio y presentan una estanqueidad limitada.

Las consecuencias se perciben en forma de corrientes de aire, superficies frías junto a los cerramientos, condensaciones y mayores necesidades de calefacción y refrigeración. También puede resentirse el aislamiento acústico frente al ruido exterior.

Las ventanas

La elección de una ventana eficiente exige observar el conjunto. Baños señala que los perfiles, el acristalamiento, las juntas, los herrajes, la fabricación y el montaje deben funcionar de manera coordinada. Y es que el vidrio tiene un papel importante, pero no compensa por sí solo las deficiencias del resto de los componentes.

La instalación es otro punto decisivo. Por ese motivo, el responsable comercial recomienda recurrir a profesionales cualificados y solicitar información sobre el sistema completo, en lugar de decidir por el precio o por el tipo de vidrio.

El PVC, el aluminio y la madera son materiales habituales, aunque sus prestaciones dependen de la solución concreta y de cómo esté fabricada.

La rehabilitación de estos elementos puede ser una de las primeras intervenciones para mejorar una vivienda existente. Baños destaca que sustituir ventanas permite actuar sobre un punto crítico térmico y obtener mejoras perceptibles en el confort. Los resultados, no obstante, dependen de las características del inmueble y de las condiciones de partida.

Camino a la eficiencia

La eficiencia energética, sin embargo, no basta para determinar si una vivienda es sostenible. José García Vázquez, manager de Soluciones ESG para Construcción de AENOR, defiende que la evaluación debe abarcar el impacto ambiental y social del edificio durante toda su vida útil, desde los materiales empleados hasta las condiciones en las que viven sus ocupantes.

"Una vivienda puede ser muy eficiente energéticamente y, sin embargo, no tener necesariamente un buen comportamiento en el resto de aspectos que determinan su sostenibilidad", explica García Vázquez.

La eficiencia energética de la casa. iStock

Es decir, un inmueble que apenas consume energía gracias a sus paneles fotovoltaicos puede presentar otras carencias, por ejemplo si los materiales utilizados tienen un impacto ambiental elevado o se han fabricado en condiciones laborales deficientes.

El responsable de AENOR recuerda que la construcción representa aproximadamente el 40% de las emisiones asociadas al edificio, mientras que el 60% corresponde a su utilización durante los 50 o 60 años que, según sus estimaciones, puede permanecer en servicio sin grandes cambios.

Por ese motivo, el análisis debe contemplar tanto la fabricación de los materiales como su durabilidad, mantenimiento y posibilidades de reciclaje, además del consumo de agua, la generación de residuos y la respuesta ante riesgos climáticos.

La salud también forma parte de esa evaluación. Las pinturas, los adhesivos y otros productos empleados en interiores pueden afectar a la calidad ambiental de las estancias. De ahí que García Vázquez plantee incorporar indicadores medibles sobre la calidad del aire, la iluminación natural, el confort térmico y la protección frente al ruido.

La sostenibilidad, sostiene, debe traducirse en resultados comprobables desde la fase de diseño, en lugar de depender de declaraciones comerciales.

Vivienda sostenible

La documentación es fundamental para distinguir las prestaciones reales de una estrategia de marketing. "La pregunta fundamental sería muy sencilla. ¿Qué hay detrás de la palabra 'sostenible'?", plantea García Vázquez.

En ese sentido, las certificaciones independientes pueden ayudar a resolver esa incertidumbre. En el caso de AENOR, su ecosistema de construcción sostenible contempla distintas fases de evaluación, desde el prediseño y el diseño hasta la certificación del edificio a su entrega.

La entidad también dispone de una certificación de Rehabilitación Sostenible que contempla el ahorro energético, la gestión de residuos de construcción y demolición, los materiales incorporados y la verificación posterior de indicadores.

Para quien busca vivienda, el certificado de eficiencia constituye un punto de partida, pero no ofrece por sí solo una imagen completa de su impacto ambiental.

García Vázquez considera relevante consultar también las prestaciones de la envolvente y las instalaciones, las emisiones previstas, el consumo de agua, la calidad del aire interior y el comportamiento frente a determinados riesgos climáticos. La información debe ser comprensible y permitir comparar inmuebles con criterios equivalentes.

Antes de la compra

Baños recomienda solicitar al vendedor información técnica sobre las ventanas, como el fabricante, el sistema utilizado, el tipo de vidrio y los valores de aislamiento térmico. En una vivienda nueva, el comprador debería poder acceder a la documentación correspondiente.

Si el inmueble es antiguo, puede resultar más difícil reconstruir las características de los cerramientos, por lo que también conviene preguntar cuándo se instalaron y si formaron parte de una rehabilitación.

Durante la visita, algunas señales como la presencia de condensaciones, el cierre defectuoso de las hojas, las corrientes de aire o la sensación de frío junto a una ventana merecen atención.

Agente entregando las llaves de la casa a la pareja que compra una casa nueva. iStock

La ausencia de estos síntomas, sin embargo, no demuestra por sí sola que el inmueble tenga unas buenas prestaciones energéticas; motivo por el que para completar la valoración conviene revisar su calificación energética y pedir documentación técnica cuando esté disponible.

El comprador también debe ampliar las preguntas al resto de la vivienda. García Vázquez propone comprobar qué se ha evaluado, qué datos respaldan las afirmaciones comerciales y qué entidad ha verificado las prestaciones.

La durabilidad y la procedencia de los materiales, la gestión del agua y los residuos o las condiciones ambientales interiores ayudan a completar la información que no aparece en una etiqueta energética.

La rehabilitación ofrece, además, una vía para mejorar el parque residencial existente. En concreto, la certificación puede acreditar qué prestaciones han cambiado tras una intervención y distinguir una renovación estética de una mejora ambiental comprobada.

En ese sentido, para VEKA Ibérica, sustituir ventanas constituye una actuación con efectos directos sobre el aislamiento y el confort; y para AENOR, medir los resultados permite comprobar el alcance de la intervención.

Ambos expertos coinciden en la necesidad de evaluar la vivienda como un conjunto. Y es que la envolvente condiciona la energía que demandan las instalaciones, mientras que los materiales determinan parte de su impacto ambiental y su durabilidad.