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Tres de cada cuatro personas que fallecen habrían necesitado cuidados paliativos, según el médico Julio Gómez Cañedo. "Si no hablamos nunca de la muerte, cuando llega no tienes herramientas para afrontarla".

El final de la vida también afecta a los seres queridos del paciente. Gómez calcula que, por cada persona atendida, hay cuatro o cinco familiares que viven cerca de ese proceso.

Durante 23 años, el médico ha acompañado a pacientes y a familias. Trabaja en el Hospital San Juan de Dios de Santurtzi, en Vizcaya, y dirige los equipos psicosociales de Santurce y Álava del Programa para la Atención Integral a Personas con Enfermedades Avanzadas de la Fundación "la Caixa".

En 2025, los 66 equipos del programa, formados por más de 225 profesionales, acompañaron en España a más de 80.000 pacientes y familiares.

Una vocación que empezó en casa

Julio Gómez Cañedo, médico de cuidados paliativos en el Hospital San Juan de Dios de Santurtzi, Bizkaia. Fundación "La Caixa"

De niño, Julio Gómez quería curar a su abuela, que atravesaba una etapa de enfermedades. "Abuela, cuando sea mayor voy a ser médico y te voy a curar", le decía.

En la Facultad de Medicina, empezó como voluntario en una casa de acogida para jóvenes enfermos de sida. Cada año morían seis o siete. Comprendió entonces que esa "no era la medicina que me enseñaban".

Más adelante, en urgencias, murió el primer paciente a su cargo. Un compañero veterano lo guió durante aquel momento. Con esas experiencias comenzó a aprender a cuidar cuando ya no podría curar.

Después, llegó Ecuador. Durante cuatro años ejerció en un entorno de precariedad y muertes evitables. Allí aprendió a acercarse a las personas y a las necesidades de la comunidad.

También allí nació su segunda hija, que tenía una discapacidad severa. "Ella me enseñó a cuidar cuando una enfermedad no es curable", recuerda. Con ella descubrió el valor de estar presente, del contacto físico, del afecto y de la música.

Su muerte lo enfrentó a la impotencia de no poder salvar a quien quería. Después tuvo que aprender a vivir su propio duelo.

Acompañar pero no dirigir

Al regresar a España, buscó su lugar en el Hospital San Juan de Dios de Santurtzi. Empezó como voluntario en 2003 y participó en un proyecto para atender a pacientes en sus domicilios. Conseguir financiación le permitió obtener su primer contrato en cuidados paliativos.

Desde entonces calcula que ha acompañado a unas 350 o 400 personas cada año, además de a sus familias. Para entender la función de esta labor utiliza una analogía de sostener a un pájaro entre las manos. "No se trata de tirarlo ni de retenerlo. Tan solo hay que sostenerlo hasta que esa persona se vaya, aunque duela."

Julio Gómez Cañedo, médico de cuidados paliativos en el Hospital San Juan de Dios de Santurtzi, Bizkaia. Fundación "La Caixa"

Quienes lo acompañan no pueden retener ni precipitar su marcha, aunque también necesitan expresarse y no reprimir sus sentimientos. "Las personas que acompañan no dirigen" sostiene. Ofrecer un lugar seguro y estar presentes es parte de ese cuidado. "No me asusto ni te abandono".

Más allá de la práctica religiosa, Gómez enmarca todas las cuestiones de los pacientes, como preguntar si lo vivido mereció la pena, si se sintieron queridos o qué permanecerá tras su muerte, en una palabra. Espiritualidad.

Abordar esas inquietudes ayuda al paciente a decidir cómo quiere vivir el tiempo que le queda.

Cafés muerte

Para afrontar ese momento tan tabuizado, el programa impulsa los death cafés, encuentros dinamizados por psicólogos, y paneles públicos donde cada participante escribe aquello que desearía hacer antes de morir.

Pensar en ese límite permite ordenar las prioridades y, según Gómez, permite "vivir con más intensidad".

Después de una muerte, quienes han perdido a un ser querido también necesitan compañía. Gómez pide dejar espacio al dolor, sin intentar frenarlos diciéndoles que no lloren o que era lo mejor que podía pasar. "Son frases hechas que te roban el derecho de que te duela".

El médico define el programa como una respuesta "organizada, eficaz y comprometida" ante el sufrimiento tanto de quienes afrontan el final de su vida como el de sus seres queridos.

Sus equipos están presentes en todas las provincias y atienden a más del 30% de la población española que necesita este apoyo que, en sus palabras, permite que la gente "muera mejor".