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Hay quien pide prohibirlos, hay quien cree que causan más accidentes que los coches y quien piensa que son la solución al tráfico y la contaminación en las ciudades. Se trata de los patinetes eléctricos, y aunque parece que han llegado a la mayoría de grandes ciudades para quedarse, aún no está claro cómo convivirán con coches, bicis y, sobre todo, peatones.

Aunque los llamados "vehículos de movilidad personal" (VMP) tienen "grandes beneficios" respecto a coches o motos, se quedan cortos frente a los modos de desplazamiento más sanos y respetuosos con el medioambiente como la bicicleta. Sus principales desventajas son que no son sostenibles, aunque creamos que sí, y desde luego no fomentan los hábitos de vida saludables.

Son las conclusiones de Los nuevos vehículos de movilidad personal y su impacto en el ciclismo cotidiano y uso del espacio público, informe del geógrafo y asesor en planificación Màrius Navazo para la Zikloteka, el Centro de Documentación de la Bicicleta de Gipuzkoa situado en San Sebastián. Un estudio en el que desmiente algunas ideas establecidas sobre los patinetes, pero también deja claras sus limitaciones.

El investigador subraya varias circunstancias: la falta de datos e incluso de acuerdo en cuanto a qué es exactamente un VMP. Además, apunta que el margen de actuación para administraciones locales como los ayuntamientos ha provocado que se regulen no tanto por las características de los patinetes en sí como según "la cultura de movilidad preexistente en cada territorio".

"Si me preguntan si las ciudades deben apostar por los patinetes eléctricos para tener una movilidad más sostenible, mi respuesta sería que antes podemos apostar por las bicicletas", responde Navazo a las preguntas de ENCLAVE.

Los datos demuestran que el patinete eléctrico no saca coches de la carretera y, por tanto, no alivia el tráfico. Los usuarios de VMP vienen de la bicicleta o de ser peatones y, en ese sentido, no solo no hay solución sostenible, sino que se abandona la movilidad activa.

Por eso Navazo considera que "hay una distorsión, la de compararlos con los vehículos de combustión, cuando no los sustituyen. Como planificadores tendríamos que asegurarnos que el patinete no absorbe usuarios de bicicleta, a pie o el transporte público, que son los medios más sostenibles y mejores para la ciudad".

Una persona porta un patinete eléctrico mientras camina por la acera. iStock

También cuestiona otra idea preestablecida en el debate: que la discusión sobre con quién comparte espacio el patinete sea con el peatón. "La normativa dice que no pueden ir por las aceras, pero los municipios tienen un amplio margen para decidir qué hacer, si los permiten en calles 50 [de máximo 50 kilómetros por hora para coche], 40 o 30, si pasan por las zonas de prioridad peatonal", apunta el experto.

Lo que pide es "apartar el foco de si debe compartir espacio o no con el peatón, porque el peligroso de verdad es el coche. La discusión parece a veces que si es más peligroso para el caminante la bicicleta o el patinete eléctrico, cuando sabemos perfectamente que el peligroso es el coche. Al enfrentar modos de transporte 'débiles' es como ponerlos a pelear por las migajas. Para unas ciudades con menos accidentes y más sostenibles al que hay que discutirle el espacio es al coche".

El informe de Navazo también recomienda un límite de velocidad, para VMP o bicicletas, de 10 kilómetros por hora, el equivalente a dos o tres veces más que el peatón promedio. Aunque entiende que es complicado hacer cumplir una regulación de este tipo, lo importante para él es que sea "un cambio cultural, que se instale la idea de que tienen que ir lentos, pasar a distancia de los peatones y respetar los momentos de mucha densidad".

Peor que la bicicleta

Entre las desventajas que señala el informe de Navazo se encuentra lo que señalan como "la disociación entre velocidad y esfuerzo", puesto que "se pueden conseguir velocidades de 25 km/h similares a la bicicleta, pero sin ningún tipo de esfuerzo", y, derivada en parte de esta "la inestabilidad, derivada de tres factores: centro de gravedad elevado y adelantado, ruedas de diámetro y anchura reducidos y estrecha anchura de la plataforma".

En términos de seguridad, también lamenta la "notable capacidad de aceleración", que permite arrancadas bruscas que acrecientan la mencionada inestabilidad; una "limitada maniobrabilidad para dirigir el vehículo y sortear obstáculos", y la imposibilidad de señalar con los brazos los giros de forma segura, "puesto que exige una conducción continua empleando las dos manos".

Todo esto ya lo sitúa por debajo de la bicicleta como ideal, pero es que además el estudio recoge los datos que ya se tienen de ciudades como Barcelona sobre el impacto en la salud de estos VMP.

Estos señalan que la actividad diaria más baja se encuentra entre los usuarios del patinete eléctrico. Es decir, que el fomento de los hábitos saludables del mismo está más cerca del coche que de la bicicleta. Son conclusiones similares a las de investigaciones realizadas en otros países, como Estados Unidos.

Por otra parte, de nuevo siguiendo el estudio, sí señala que "el impacto ambiental de un patinete eléctrico es claramente muy inferior al de un coche", así que la sustitución del segundo por el primero sería positiva.

Finalmente, en cuanto a la seguridad, los datos desmontan la idea de una gran cantidad de atropellos de peatones que se suele destacar en prensa, ya que el 93% de los accidentes con patinetes solo implican a la persona usuaria del mismo y suelen ser de carácter leve.

En países como Suecia, de hecho, la mayoría se producen por la noche y por parte de personas jóvenes en su tiempo de ocio. Aun así, hay algún estudio en España que apunta a que una de cada tres personas implicadas en un accidente con VMP acaba en la UCI por contusiones en la cabeza.

Peor que el peatón

Marius Navazo aboga por una "pirámide invertida de la movilidad" en la que el peatón se encuentra arriba "en el sentido de que lo que más tiene que existir en una ciudad sostenible, numéricamente, es gente yendo a pie. Y encima son los que tienen que estar más mimados. Todo lo demás en la ciudad, en las calles, se tiene que supeditar a las necesidades del peatón, de las personas que van a pie".

Para el geógrafo "hay que tener presente que las ciudades y los pueblos son un invento nuestro, de las personas, que hemos inventado como hogar compartido. Y en tu casa, tú no ordenas para que tengas que tener cuidado si la aspiradora te rompe una pierna. La diseñas para que tu familia esté lo más cómoda posible, la mimas".

Por eso cree que la regulación de los VMP, del coche o la bicicleta "debe hacerse pensando en que cuando sales de casa, eso es un hogar público. No puede ser que estén llenas de máquinas que nos pueden hacer daño, se tiene que permitir desplazarse a pie, pararse a andar o que los niños jueguen".

Así, su recomendación, tanto con el patinete eléctrico como con cualquier otro vehículo que se permita en las ciudades "es que se regule en función de las necesidades de las personas que caminan".