Las algas son uno de los pilares fundamentales de los ecosistemas marinos. Actualmente hay identificadas 183.995 especies identificadas en la base de datos AlgaeBase y se estima que actualmente pueden captar hasta 173 millones de toneladas de dióxido de carbono al año, como recuerda Science Media Center (SMC) España.
Sin embargo, no todas son beneficiosas o, al menos, una especie no lo es en cualquier ecosistema. Las especies invasoras pueden acabar devastando ecosistemas enteros y conllevando enormes costes económicos.
Eso es lo que está ocurriendo en España con el alga Rugulopteryx okamurae, el ejemplo más preocupante de invasión en nuestro país. Se registró su presencia por primera vez en Ceuta en 2015. En una década ha colonizado ambos lados del Estrecho de Gibraltar expandiéndose por el Mediterráneo y el Atlántico nororiental.
Los territorios afectados incluyen Andalucía, Murcia, Alicante, Portugal continental, los archipiélagos macaronésicos (Azores, Canarias, Cabo Verde, Madeira e islas Salvajes) y, más recientemente, Galicia y la costa cantábrica, explica Eva Cacabelos investigadora del Centro Oceanográfico de Vigo, perteneciente al Instituto Español de Oceanografía (IEO-CSIC). También ha llegado hasta las costas baleares.
Maite Vázquez y Lydia Png, del grupo de especies alóctonas e invasoras del IEO-CSIC lamentan que su proliferación masiva ha causado graves impactos económicos en las regiones afectadas, especialmente en el sector pesquero y en las administraciones públicas, así como impactos ecológicos.
Los efectos de la invasión
Esta especie invasora compite con las algas autóctonas por los recursos, como el espacio, la luz y los nutrientes, limitando su desarrollo y crecimiento, desgranan las expertas.
En algunas zonas donde se ha establecido, se han detectado coberturas de hasta el 100% del fondo marino, lo que puede llegar a afectar gravemente a hábitats de gran valor ecológico como las praderas de Posidonia oceanica.
Cacabelos añade que puede provocar una fuerte reducción de la diversidad de macroalgas, cambios importantes en las comunidades de invertebrados y una progresiva homogeneización de hábitats que antes albergaban una gran variedad de especies.
No solo modifica la composición de las comunidades marinas, dice la experta del centro gallego. También altera las relaciones ecológicas que sostienen el funcionamiento de esos ecosistemas. Cambia quién vive en el fondo marino, pero también cómo interactúan las especies entre sí y cómo circula la energía a través de la cadena alimentaria.
Por otra parte, Cacabelos menciona las grandes masas de este alga que se desprenden del fondo y terminan acumulándose en fondos marinos y playas. Estas concentraciones generan grandes inconvenientes para la pesca artesanal, obligan a realizar costosas campañas de limpieza y pueden afectar a la imagen turística de algunos destinos costeros.
SMC España contaba hace unas semanas que en Tarifa se han llegado a retirar 11.000 toneladas en un solo verano. Se estima que, solo en la zona del Estrecho de Gibraltar, la biomasa anual de Rugulopteryx okamurae es de alrededor de 100.000 toneladas.
Las expertas del IEO-CSIC en Baleares recuerdan que esta es una de las especies exóticas invasoras marinas "con mayor impacto ecológico y socioeconómico" en las costas del sur de la península Ibérica.
Colonización
Este alga crece rápidamente, se reproduce con gran eficacia mediante fragmentación y propagación vegetativa, tolera condiciones ambientales muy diversas y produce enormes cantidades de biomasa capaz de dispersarse a nuevas zonas.
Estos son algunos de los factores que han facilitado su rápida expansión por las costas españolas, dice la investigadora del Centro Oceanográfico de Vigo. Todo esto le permite colonizar ambientes muy diferentes, y generar grandes cantidades de biomasa que se dispersan fácilmente.
Lo más preocupante, para Cacabelos es que los propios ecosistemas "parecen tener dificultades para frenarla", ya que los herbívoros nativos no parecen ejercer un control suficientemente eficaz sobre la especie.
La experta agrega que su reciente establecimiento en Galicia y en las costas cantábricas indica que puede prosperar en un rango de condiciones ambientales mucho más amplio de lo que se pensaba hace apenas unos años.
Esta especie está presente en el suelo marino todo el año, pero con un máximo de crecimiento en primavera y verano. De hecho, el aumento de la temperatura de las aguas debido al calentamiento global es otro de los factores que facilita esta colonización.
Vázquez y Png señalan que es un alga termófila –con afinidad por las aguas cálidas– y, además, tolera un amplio rango de temperatura entre los 10ºC y los 30ºC, con su óptimo de crecimiento a partir de 15ºC. Que las aguas estén más calientes puede favorecer esa adaptabilidad y prolongar sus periodos de crecimiento.
No obstante, Cacabelos advierte de que no solo hay que fijarse en ese factor. Su éxito también está relacionado con la intensa actividad marítima, la dispersión de fragmentos, o la alteración de hábitats costeros asociada a actividades humanas.
La gestión de la invasión
La experta del centro gallego lamenta que, una vez que la especie alcanza altas abundancias y genera enormes cantidades de biomasa, eliminarla por completo deja de ser un objetivo realista.
Por eso, el enfoque actual se centra menos en la erradicación y más en la prevención, la detección temprana y la reducción de impactos. Cuando una población acaba de llegar, como en la costa cántabra, y todavía está localizada, existen más posibilidades de control.
Sin embargo, en zonas donde la especie lleva años asentada, como ocurre en amplias áreas del Estrecho de Gibraltar o el mar de Alborán, los esfuerzos se orientan principalmente a contener su expansión y minimizar sus efectos sobre la biodiversidad y las actividades económicas ligadas al mar.
Las investigadoras del IEO-CSIC en Baleares recuerdan que para eso el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico cuenta con una estrategia de control. Un documento que sirve de marco de referencia para la actuación de las autoridades.
La gestión de Rugulopteryx okamurae requiere actuar sobre varios aspectos clave. Uno de ellos es prevenir su dispersión mediante vectores humanos, principalmente a través del tráfico marítimo y embarcaciones recreativas; la correcta limpieza y desinfección de materiales, como artes de pesca, anclas y equipos de buceo.
También es importante la detección temprana y el seguimiento de los frentes de expansión, con programas específicos con respuesta rápida ante nuevos focos. Finalmente Vázquez y Png hablan de la gestión controlada de la biomasa retirada, ya que, incluso tras pasar varada un tiempo prolongado, el alga puede conservar su actividad fotosintética.
Asimismo, la ciencia ciudadana también es una gran herramienta en la lucha contra este alga invasora, como mencionan las tres expertas. Buceadores, pescadores y otros usuarios del mar pueden contribuir a la detección temprana de nuevos focos a través de plataformas como Observadores del Mar.
De esta forma, se logra ampliar considerablemente la capacidad de vigilancia, sostienen las investigadoras en Baleares. "Todo esfuerzo enfocado a esta especie es importante, tanto en su divulgación y concienciación, como en prevención activa".
