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El agua del planeta corre el riesgo de acabarse. 2025 fue uno de los años más secos en más de tres décadas para los ríos de todo el planeta, los flujos fluviales llevan siete años registrando anomalías y en los últimos 10 se han visto reducidas las reservas de agua acumuladas en toda la superficie del planeta.

Son los datos del último informe de la Organización Meteorológica Mundial (OMM), publicado este jueves y que evalúa el estado de los recursos hídricos de la Tierra.

El documento muestra que el ciclo del agua es ahora más errático e impredecible, ya que alterna entre períodos de escasez y de exceso. De hecho los últimos seis años se ha registrado el menor número de ríos con caudales dentro de la normalidad desde 1991. Ha oscilado entre el 34% y el 38% frente a la media del 46% registrada entre ese año y 2020.

Lo mismo ha ocurrido con las cuencas fluviales. El año pasado los caudales fueron inferiores a lo normal en más del 36% de todas las cuencas hidrográficas del planeta. Esto ocurrió en la mayor parte de las cuencas del Amazonas y del río de la Plata; en América del Norte; África central y oriental; Asia central y Oriente Medio.

Eugenio Molina, co-coordinador del Grupo de Investigación de Agua, Clima y Medio Ambiente de la Universidad de Alcalá de Henares (UAH) y profesor titular del centro, expone que este tipo de información no es ninguna sorpresa. "Llevamos advirtiendo de ello muchos años".

La reducción de recursos hídricos es algo de lo que ya hablaba este experto en 2013 cuando presentó su tesis doctoral. Hizo una simulación que mostraba que los recursos hídricos, en el peor de los escenarios, podrían reducirse para final de siglo entre un 40% y un 50% en el centro de la península Ibérica.

María José Polo, catedrática de Ingeniería Hidráulica en la Universidad de Córdoba (UCO), desgrana que estos datos son una demostración más de que el planeta está viviendo una fuerte redistribución de este recurso y las aguas continentales (ríos, embalses, humedad del suelo y acuíferos, entre otros) están disminuyendo en un gran número de regiones del planeta.

Un hecho "muy preocupante", ya que se trata las aguas de salinidad muy baja y son las que se pueden utilizar para el consumo humano, desde beberla hasta regar nuestras cosechas. "Estamos en una crisis [hídrica] desde hace tiempo", advierte la especialista.

La experta pone de ejemplo el episodio que se ha producido este verano de sequía en Europa y que ha dejado el río Danubio –el segundo más largo del continente– en niveles mínimos.

“No es algo puntual, es porque los acuíferos han perdido agua de forma continua durante años", agrega. Polo defiende que este hecho, aunque es probable que se revierta, debería servir como toque de atención.

Molina manifiesta que esta es la consecuencia de tener la temperatura del planeta cada vez más elevada y de que ese calentamiento se produzca cada vez más rápido. Cuanto más calor hace –y más se prolonga– más agua se evapora de la superficie terrestre y menos queda disponible para el consumo humano.

Otro de sus efectos es un suelo que va perdiendo la humedad residual, un mayor consumo de la vegetación que puede tener estrés. En algunos casos, la disminución también se debe a un mayor uso del agua superficial, añade Polo.

A ello se une la variación en el patrón de las precipitaciones en algunas regiones del planeta, efecto también del cambio climático, dice Molina. Llueve de forma diferente y en algunas regiones del planeta, como el Mediterráneo o el oeste de los Estados Unidos, la mayoría de modelos apuntan a que va a ocurrir cada vez menos, desgrana.

Si se pierde cada vez más agua por evapotranspiración y llueve menos,"el cóctel molotov es brutal para la disponibilidad de recursos hídricos", señala el profesor de la UAH.

Sin embargo, la paradoja climática es que un aumento de las lluvias no garantiza reservas hídricas. En 2025 cayeron precipitaciones por encima de lo normal en cuencas como el Misisipi –en Norteamérica, Limpopo y Orange –en África– o grandes ríos siberianos.

En la Península Ibérica, este superávit pluviométrico se registró de forma muy concentrada durante los meses de verano, pero el oeste y noroeste de España sufrieron una reducción de lluvias de hasta un 75% por debajo de la media.

El problema es que gran parte de ese volumen no alivia la escasez planetaria. Como explica Molina, al caer en episodios torrenciales o sobre suelos diezmados, la escorrentía corre velozmente hacia el mar, los ríos o los arroyos. Así, el superávit se convierte en riesgo de inundación más que en un recurso para recargar embalses y acuíferos.

Acuíferos vacíos

A continuación de las lluvias, el informe analiza la situación de las reservas subterráneas, la "caja de ahorros" hídrica del planeta, como lo llaman sus autores.

Un 65% de las estaciones monitoreadas en el mundo registró niveles fuera de la norma, y un 34% arrojó un déficit severo en sus reservas acuíferas. La cifra supone un empeoramiento frente al 25% registrado en 2024.

El documento alerta de un vaciado persistente en cuencas de Europa, India, Estados Unidos y América Latina. Este descenso responde tanto al impacto del cambio climático como a una sobreexplotación directa, mermando el recurso subterráneo estratégico necesario para amortiguar los periodos prolongados de sequía.

Polo, de la UCO, advierte de que, con suelos secos y más evaporación, el agua no logra infiltrarse para recargar estas reservas. Cuando el déficit es continuo, extraer agua del subsuelo termina secando ríos. Por ello, defiende aplicar "periodos de cuarentena" en las extracciones para dar tiempo a que los acuíferos se recuperen.

El colapso de los glaciares

El informe de la OMM advierte de que el planeta acumula cuatro años consecutivos de pérdida masiva de hielo. Entre 2023 y 2025, los glaciares perdieron 1.400 gigatoneladas de agua. Una merma que equivale a llenar 560 millones de piscinas olímpicas y compromete el suministro de agua dulce global.

El glaciólogo Matthias Huss, de la Escuela Politécnica Federal de Zúrich, explica que la gran pérdida de masa genera un flujo abundante pero insostenible hacia los ríos. "Se trata de un embalse congelado formado hace siglos que ahora se agota", señala el experto. Cada gota derretida hoy supondrá una escasez futura en periodos de sequía severa, advierte.

Asimismo, Huss subraya que para los glaciares de montaña no hay vuelta atrás y que muchas regiones pequeñas ya han superado el "pico hídrico". Coincide con Eugenio Molina en que la fusión es más rápida por las altas temperaturas, mermando ese colchón estratégico que nos protege en periodos secos.

Ante un ciclo hídrico cada vez más errático, los expertos reclaman adaptar la gestión a la disponibilidad real. Eugenio Molina defiende medidas urgentes de ahorro, inversión en redes de conducción obsoletas para evitar pérdidas y una modernización prioritaria de las infraestructuras de medición de recursos hídricos en España.

Por su parte, María José Polo exige replantear las ciudades del siglo XXI, flexibilizar los protocolos de gestión en los embalses y retirar zonas urbanizables de áreas inundables. La catedrática insiste en que las administraciones deben actuar ya, basándose en la ciencia y asumiendo una dura premisa: "Consumimos por encima de nuestras posibilidades".