La sostenibilidad ya no es un concepto desconocido para el mundo corporativo ni para la sociedad. Las siglas ESG (siglas en inglés de Ambiental, Social y Gobernanza) ya cuentan con departamento propio en las compañías y su defensa es cada vez más un factor decisivo, incluso, para que un trabajador decida trabajar o no en una empresa.
En un momento histórico marcado por las guerras, el cambio climático y las crisis sociales y económicas, ser sostenible es más esencial que nunca. Así lo defiende Germán Granda (Lima, Perú, 52 años), fundador y director general de Forética, la organización líder en sostenibilidad y responsabilidad social empresarial (RSE).
También sabe, por haber dedicado su vida a este concepto, que la anticipación es ahora "más necesaria que nunca". Los desastres naturales y las tensiones geopolíticas aumentan la vulnerabilidad de las empresas y deben adaptarse a cambios drásticos, mitigar riesgos y tomar decisiones estratégicas de largo plazo.
El director general de Forética atiende a ENCLAVE solo unos días antes de su evento anual sobre sostenibilidad empresarial en España, ESG Spain 2026 – Corporate Sustainability Forum’. En él se abarcarán temas como la Inteligencia Artificial, la relación de las Pequeñas y Medianas Empresas con la sostenibilidad o como abordar el riesgo climático para proteger el futuro.
Pregunta: Germán, cuando hablamos de siglas como "ESG" la gente piensa en despachos y papeleo. Para nuestros lectores, ¿en qué le cambia la vida que las empresas españolas sean más sostenibles hoy que hace cinco años?
Respuesta: Hay un ejemplo fundamental que estamos viviendo estos días: el aumento del coste de la energía. Que las empresas se enfoquen reducir esos precios y hacerla más limpia, que esté disponible y sea asequible repercute directamente en el bolsillo de las personas.
Lo mismo con preocuparse porque tengamos ciudades sostenibles. El objetivo es diseñar un entorno urbano que no impacte negativamente en la salud. Esto se logra organizando dotaciones y con logística interna para poder hacer deporte, trabajar y convivir agradablemente. Se trata, incluso, de cómo se hacen los edificios.
La sostenibilidad es algo conjunto de las compañías y de los ciudadanos, pero necesitamos menos burocracia y más incentivos y motivaciones. Hacen falta reglas claras y estables para que tanto los ciudadanos puedan acceder a productos y servicios más sostenibles, como que las empresas puedan avanzar en este ámbito.
Sin embargo, nuestros datos muestran que el 57% de los directivos han reducido inversiones en transición por falta de claridad o de apoyo político en el último año. El 50% dice tener ahora menos confianza en el respaldo gubernamental hacia aspectos de transición que hace un año.
P: Vivimos en una sociedad altamente polarizada ¿Les preocupan esas cifras?
R: Esa encuesta muestra también que el 90% de las firmas ha mantenido este año su inversión en tecnologías para avanzar hacia la descarbonización. De ellas, más de la mitad no lo hace porque la regulación les obligue, sino porque saben que eso les hará más competitivas a largo plazo.
Sí es cierto que la polarización es uno de los retos y de las preocupaciones en el mundo corporativo. El 80% de las empresas teme que la politización de los elementos de sostenibilidad y del cambio climático termine por encarecer la transición.
P: ¿No cree que la defensa frente al cambio climático es algo político, teniendo en cuenta la existencia de negacionistas?
R: Creo que aquí se trata de establecer consensos y actuar con sentido común. Hay gente que no quiere hablar tanto de cambio climático, pero cuando habla de eficiencia y autonomía estratégica, esos argumentos le valen. Eso, a la vez, ayuda a resolver aspectos como el reto climático.
Más allá de la nomenclatura, digamos ideológica, de ciertos aspectos, lo importante es entender cuáles son los retos de España, las empresas, los ciudadanos y del planeta, estructurarlos y generar respuestas.
P: El año 2030 está cada vez más cerca. ¿Sirve de algo tanto papel e informe si luego el cambio climático sigue avanzando y la agenda 2030 sin alcanzarse, o estamos perdiendo el tiempo en burocracia en vez de actuar?
R: Esta es una conversación que tenemos desde la década de los años 90, cuando Forética nació. Cuando en 1992 se celebró la Cumbre de Río de Janeiro ya se hablaba de cómo las empresas podían responder a los retos sociales y ambientales.
En el año 2000 se crearon los Objetivos de Desarrollo del Milenio por parte de Naciones Unidas. Eso duró hasta 2015 y no se consiguió. Fue entonces cuando se estableció la Agenda 2030 y, de nuevo, tampoco lo vamos a conseguir.
Obviamente, siempre hay avances, pero no al ritmo necesario. Habrá que reflexionar sobre si los objetivos estaban bien puestos y si los gobiernos han estado a la altura.
P: ¿Llegamos a tiempo en nuestro país o la empresa española va a tener que apretar el acelerador en lo que queda de década?
R: En general, hay que acelerar, pero sin precipitarse. Hay que entender cuáles son los retos, concentrar los recursos, los esfuerzos y adoptar las soluciones que sabemos que funcionan. Dicho esto, hay situaciones muy diferentes en el mundo corporativo español.
Muchas empresas españolas ya integran la sostenibilidad en sus inversiones y gestión de riesgos para ser competitivas, más allá de cumplir normativas. Ahora el gran reto consiste en escalar este modelo a toda la cadena de valor, acelerando de forma coordinada con la administración y la sociedad.
P: Hablemos ahora de Inteligencia Artificial (IA). Esta herramienta promete ayudarnos a cuidar el planeta y la salud, pero también gasta cantidades astronómicas de luz y agua para funcionar. ¿Es esta la solución o un nuevo problema ambiental?
R: Es un reto que no se puede abordar solo desde el departamento de tecnología, que es incorporar la herramienta. Hay que hacerlo desde una perspectiva de cómo queremos trabajar en la empresa y qué impactos u oportunidades tiene. Ahí es donde entra la sostenibilidad para hacer las preguntas y buscar soluciones adecuadas.
La IA no es verde por defecto, por eso tenemos que hacerla responsable y sostenible desde desde el diseño. Puede ser parte de la solución, si gestionamos también sus impactos y lo hacemos bien. Si no, obviamente van a ser todo riesgos.
Los datos muestran que el 75% de las empresas ya han integrado esta tecnología en su operativa, pero solo el 17%, que son muy pocas, mide de forma sistemática su impacto ambiental. Si tienes una política de sostenibilidad en todos los factores de tu organización, no puede ser que se quede al margen la IA.
P: Cada vez hay más gente que no quiere trabajar en empresas que 'destruyen el planeta' o que no cuidan a su gente. ¿La sostenibilidad se ha convertido en el principal reclamo para conseguir un buen trabajo?
R: La sostenibilidad es absolutamente un factor diferencial para atraer y retener talento. A la gente le gusta trabajar en un entorno alineado con sus valores y esto va más allá de evitar la destrucción ambiental. Incluye que te cuiden con formación continua, conciliación personal y atención a la salud mental.
Quienes tienen la opción de elegir, valoran trabajar en organizaciones con políticas sociales y ambientales positivas donde sientan que contribuyen activamente a resolver retos globales. Para las pymes que ven la sostenibilidad como mera burocracia, entender esta realidad es vital para atraer a profesionales cualificados y ganar eficiencia.
