El 65% de los médicos rurales utiliza su propio vehículo para desplazarse entre consultorios, el 25% recorre más de 30 kilómetros para llegar a su puesto de trabajo y el 28% se jubilará en los próximos cinco años, unos 4.500 profesionales según los datos del Consejo General de Colegios Oficiales de Médicos.
Los datos sobre movilidad proceden de la segunda edición del estudio El Médico de Familia en España, presentado en junio de 2025 por la Organización Médica Colegial, que comparó las condiciones de ejercicio en los ámbitos urbano y rural.
El informe refleja hasta qué punto la atención en estos territorios requiere asumir desplazamientos que no forman parte habitual de la práctica en grandes núcleos urbanos. Y, en la mayoría de ocasiones, empleando el vehículo propio.
A esta realidad se suma una dificultad durante los meses de verano. Las vacaciones obligan a reorganizar plantillas que ya llegan al periodo estival con problemas para cubrir determinadas plazas. Y es ahí cuando llega el momento de repartir la actividad entre los profesionales disponibles, concentrando consultas y desplazando la asistencia a otros puntos.
El doctor Rafael Micó Pérez, vicepresidente de la Junta Directiva Nacional de SEMERGEN (Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria), considera que esta temporada permite visualizar con mayor claridad una carencia que permanece el resto del año.
A su juicio, la dificultad para mantener sustituciones y plantillas estables demuestra que las plazas de difícil cobertura responden a un problema estructural relacionado con las condiciones laborales, la estabilidad, la dispersión territorial, el aislamiento y las posibilidades de desarrollo profesional.
Para los pacientes, las consecuencias aparecen en forma de mayor distancia y menor continuidad.
Un pequeño pueblo en las montañas de los Picos de Europa en Asturias.
En concreto, la doctora Susana Romero Yuste, presidenta de la SER (Sociedad Española de Reumatología), advierte de que la falta de profesionales puede dificultar el acceso a consultas, pruebas y especialistas, al tiempo que se complica la coordinación entre Atención Primaria y el hospital.
El impacto adquiere especial relevancia en personas mayores y pacientes con enfermedades crónicas, para quienes mantener un seguimiento estable forma parte del propio tratamiento.
En el caso de las enfermedades reumáticas, la distancia puede tener además consecuencias clínicas. Romero explica que patologías inflamatorias y autoinmunes como la artritis, el lupus, la esclerodermia, el síndrome de Sjögren o las vasculitis requieren detectar la enfermedad de forma temprana y mantenerla controlada.
El verano
La doctora Pilar Rodríguez Ledo, presidenta de la SEMG (Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia), explica que esto puede traducirse en agendas reducidas, cambios de horarios, concentración de actividad en determinados centros o acumulación de pacientes en los profesionales que permanecen.
La consecuencia afecta también al propio equipo sanitario. Rodríguez Ledo señala que una plaza vacante puede traducirse en más pacientes, desplazamientos adicionales y prolongación de la jornada. Y con el paso de los días la situación solo evoluciona a peor.
Si se mantiene, aumenta el riesgo de agotamiento y desmotivación, mientras disminuye el tiempo disponible para actividades preventivas, comunitarias y de seguimiento.
El problema tampoco se limita al número de habitantes de cada municipio. La medicina rural combina población dispersa, envejecimiento, distancias entre localidades, domicilios y centros sanitarios y, en determinados territorios, dificultades de transporte, conectividad o disponibilidad de otros profesionales.
Rodríguez Ledo sostiene que calcular las necesidades exclusivamente con el criterio poblacional deja fuera buena parte del tiempo y los recursos que exige atender a comunidades dispersas.
Esa particularidad también modifica la carga de trabajo. Micó considera que una plaza rural debe valorarse teniendo en cuenta el territorio que cubre, las distancias que obliga a recorrer, la complejidad de los pacientes y los medios disponibles para diagnosticar y tratar.
La dificultad para ocupar estas plazas tiene, por tanto, varios componentes. Rodríguez Ledo apunta a la temporalidad, la sobrecarga, las guardias, la conciliación y las escasas posibilidades de desarrollo profesional, pero incorpora otros elementos ligados a la vida cotidiana, como la vivienda, el transporte, el empleo de la pareja o la escolarización.
Micó plantea una transformación similar en la forma de presentar el medio rural. Considera que no debe abordarse desde sus barreras, sino más bien desde las oportunidades que ofrece, como la proximidad con la comunidad y una relación más estrecha con los pacientes.
El objetivo, explica, es crear unas condiciones que permitan desarrollar allí una carrera profesional estable y no limitar las políticas a conseguir que alguien ocupe temporalmente una plaza.
La brecha rural
La falta de médicos rurales puede repercutir también en enfermedades cuyo tratamiento depende de una cadena asistencial coordinada.
Romero subraya que la Atención Primaria constituye la puerta de entrada para los pacientes reumatológicos y que, cuando carece de recursos humanos y organizativos suficientes, se resiente la comunicación con los servicios de Reumatología.
En ese sentido, la tecnología puede reducir distancias, aunque ninguna de las sociedades médicas consultadas para este reportaje la plantea como sustituta de la persona física. Para la SER, la teleatención puede ser útil en pacientes que se encuentran en remisión y necesitan seguimiento, mientras que la valoración inicial o los brotes requieren exploración presencial.
Técnicas como las infiltraciones, la ecografía musculoesquelética o vascular, la capilaroscopia y determinadas biopsias continúan necesitando una consulta física.
Profesional de la salud que llega para la visita domiciliaria.
SEMERGEN apuesta por utilizar la tecnología como apoyo a la organización asistencial. Micó menciona redes asistenciales, consultas compartidas, telemedicina y apoyo especializado a distancia como herramientas para que los profesionales puedan acceder a conocimiento y coordinación sin perder el contacto directo con sus pacientes.
SEMG comparte ese enfoque y reclama que la tecnología complemente los recursos próximos a la población, en lugar de utilizarse para justificar la sustitución.
El otro gran frente está en el relevo generacional. Y es que ese 28% de profesionales rurales que podría jubilarse en cinco años introduce una presión que las sustituciones estivales apenas anticipan.
Por ese motivo, Romero considera necesario planificar la transición y abrir vías para retener tanto a médicos jóvenes como a profesionales sénior que quieran continuar cuando el sistema todavía necesite su experiencia.
Preparar las plazas
La formación es una de las piezas de esa planificación. Desde la SER se reclama ampliar las plazas MIR de Reumatología, mientras la SEMG plantea acercar el medio rural a la universidad y a la residencia, reforzar la acreditación de centros y tutores y facilitar el acceso de estos profesionales a la docencia, la investigación y la formación continuada.
La permanencia exige además una estrategia laboral específica. Romero propone combinar estabilidad contractual, una carrera profesional diferenciada, incentivos retributivos, conciliación, flexibilidad organizativa y apoyo a la investigación y la docencia. También reclama que los propios profesionales participen en el diseño de los modelos asistenciales.
Además, Rodríguez Ledo coincide en que los contratos estables y los equipos suficientes deben formar parte de una política de largo plazo.
En ese sentido, Rutas de Salud pretende aportar una herramienta para identificar dónde se concentra el problema. Por esa razón, Rodríguez Ledo anuncia la elaboración de un mapa nacional de plazas de difícil cobertura que permita localizar las zonas con mayores necesidades y conocer las características de cada destino.
La iniciativa reúne a SEMG, SEMERGEN y SER con el propósito de trasladar ese diagnóstico a las administraciones y convertirlo en propuestas adaptadas en cada territorio.
La planificación debe adelantarse a las jubilaciones y no reaccionar cuando una consulta ya se ha quedado sin médico. Por ese motivo, Rodríguez Ledo reclama anticipar las vacantes, programar las plazas de formación especializada necesarias y ofrecer contratos antes de que los puestos queden libres.
También considera importante garantizar una transición ordenada entre profesionales para conservar el conocimiento acumulado sobre los pacientes y el territorio.
Micó coincide en que el mapa sanitario de los próximos años dependerá de lo que se haga antes de que llegue esa oleada de jubilaciones. A su juicio, las zonas que hoy tienen dificultades para atraer profesionales pueden perder capacidad asistencial si no se actúa sobre su atractivo laboral y su capacidad para retener médicos.
El objetivo, sostiene, debe ser que los profesionales con mejores condiciones para responder a las necesidades estén cerca de la población que los necesita.
