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En los campamentos de refugiados saharauis de Tinduf, el verano no se mide únicamente por el calendario. El calor reorganiza la vida cotidiana. Las temperaturas pueden superar los 45 grados y llegar a situarse por encima de los 50 ºC, mientras la escasez de agua obliga a priorizar cada uso de un recurso imprescindible.

En este entorno, desplazarse durante las horas de mayor insolación resulta difícil, las posibilidades de ocio se reducen y la exposición a unas condiciones ambientales extremas condiciona el bienestar de una población que lleva décadas viviendo en el suroeste de Argelia.

Para los niños, las consecuencias se hacen especialmente visibles. Jugar al aire libre, practicar deporte o reunirse con otros menores deja de ser una actividad sencilla cuando el calor domina buena parte del día.

"Las condiciones climatológicas son muy extremas y difíciles durante la época de verano", explica Elmachi Jalil Bugah, presidente de Juventud Activa Sahara, que señala que las altas temperaturas afectan también a cuestiones básicas como la hidratación y la alimentación.

Auserd acaba de incorporar un nuevo espacio para hacer frente a esa realidad. La Fundació Fluidra, en colaboración con Juventud Activa Sahara, ha instalado allí una piscina que se suma a las que ya funcionan en El Aaiún, Dajla y Bojador.

Son cuatro de las cinco wilayas —división empleada en los países árabes que equivaldría a una provincia o estado— que organizan administrativamente los campamentos de refugiados saharauis de Tinduf y, en conjunto, la iniciativa ha llegado a unos 450 niños y niñas.

El proyecto incorpora sistemas de filtración y tratamiento para prolongar el uso del agua en un entorno donde es un recurso escaso. Cedida

El contraste resulta complicado de ignorar. En una región donde el agua condiciona la vida diaria, una piscina puede parecer una infraestructura difícil de imaginar. Para la infancia que vive en los campamentos, sin embargo, el espacio representa una oportunidad que hasta ahora no formaba parte de su rutina.

Algunos menores no han salido nunca de este entorno y tampoco habían tenido la posibilidad de bañarse en una piscina.

La dimensión de esa experiencia quedó reflejada en una escena que Xavi Servat, director de la Fundació Fluidra, recuerda de las primeras instalaciones. Algunos niños llegaron ante la piscina y se quedaron quietos, mirando. "Nunca habían visto tanta cantidad de agua junta", relata.

Sobrevivir al verano

El proyecto forma parte de Put a Pool, una iniciativa de la fundación que busca acercar los beneficios de las piscinas a comunidades vulnerables.

En Tinduf, la organización encontró una realidad en la que las temperaturas extremas se combinan con recursos limitados y pocas alternativas de ocio específicamente dirigidas a la infancia. El resultado es que los meses de verano concentran algunas de las mayores dificultades para los menores.

"El calor condiciona algo tan básico a esas edades como poder jugar, hacer deporte o simplemente compartir tiempo con otros niños", apunta Servat. Por ese motivo, la piscina introduce una actividad que antes no estaba disponible y, al mismo tiempo, crea un punto de reunión para los menores de cada wilaya.

Para Juventud Activa Sahara, ese componente social tiene un peso determinante. Elmachi Jalil Bugah y Nuria Soriano Ortega, tesorera de la organización, explican que estos espacios permiten generar relaciones sociales y culturales entre los niños en un periodo en el que las alternativas de ocio son escasas.

El baño se convierte en una actividad compartida, pero también en una forma de aliviar las condiciones en las que transcurre el verano.

Los efectos que han observado se concentran en el bienestar cotidiano. Desde la asociación destacan que, después de soportar temperaturas elevadas, los niños encuentran en el baño una forma de refrescarse y recuperar actividad.

"Vemos cómo mejora su estado de ánimo, pasando a estar un poquito más felices y activos", señalan Elmachi Jalil Bugah y Nuria Soriano Ortega.

La dimensión sanitaria adquiere también relevancia en un contexto donde el calor puede limitar la actividad física y aumentar las necesidades de hidratación. Para la organización saharaui, la piscina representa una ayuda frente a esas condiciones. "No estamos hablando solo de una mejora de ocio y bienestar, más bien de salud y supervivencia vital", sostienen.

Ese planteamiento explica por qué Fundació Fluidra define estas instalaciones como "piscinas sociales". Servat considera que una infraestructura de este tipo puede generar beneficios físicos, emocionales y comunitarios cuando se adapta a las necesidades del lugar.

Para los menores, Put a Pool no es solo una alternativa de ocio: también ofrece un espacio para refrescarse, jugar y relacionarse. Cedida

En Tinduf, el objetivo pasa por ofrecer un espacio en el que los niños puedan jugar y relacionarse mientras encuentran alivio frente a las temperaturas del desierto.

La respuesta de los menores es, para quienes participan en el proyecto, una de las señales más visibles de su impacto. Desde la plataforma saharaui hablan de "la mejor sonrisa y felicidad" al describir las primeras experiencias de los niños en el agua.

La instalación modifica durante unas horas el escenario habitual del verano y permite recuperar actividades propias de la infancia que las condiciones ambientales hacen difíciles.

Un oasis en el desierto

Instalar una piscina en los campamentos de Tinduf plantea, al mismo tiempo, una cuestión inevitable. El agua es un recurso escaso y sus necesidades básicas tienen prioridad. La iniciativa ha tenido que incorporar esa realidad desde el diseño y el funcionamiento de las instalaciones.

"Sería contradictorio impulsar un proyecto basado en los beneficios del agua sin ser plenamente conscientes de la escasez de este recurso", afirma Servat. La estrategia pasa por prolongar todo lo posible la vida útil del agua mediante sistemas de filtración y tratamiento que permiten mantenerla en condiciones adecuadas y reducir las renovaciones.

El entorno añade dificultades específicas. La arena y el polvo del desierto obligan a realizar tareas de limpieza y mantenimiento que, en determinados momentos, pueden requerir vaciar la piscina. En esos casos, la fundación explica que el agua se reaprovecha para otros usos cuando sus condiciones lo permiten, entre ellos las necesidades de los animales.

La experiencia acumulada en las cuatro wilayas ha permitido ajustar el modelo. El mantenimiento, la gestión del agua y la logística requieren adaptar cada instalación a las características del lugar. "No basta con instalar una piscina, hay que garantizar que pueda funcionar bien y mantenerse en el tiempo", resume Servat.

Con El Aaiún, Dajla, Bojador y Auserd ya cubiertas, la mirada de la organización está puesta ahora en Smara. El objetivo declarado es disponer de al menos una piscina en cada una de las cinco wilayas de los campamentos, siempre que pueda garantizarse el mantenimiento y la gestión responsable del recurso.

Una meta pendiente

La intención de la entidad es completar el mapa con una piscina en Smara y alcanzar así las cinco wilayas de los campamentos.

El proyecto mantiene, por tanto, una dimensión territorial concreta. Busca acercar las instalaciones a los diferentes espacios donde se desarrolla la vida de los refugiados saharauis. Y es que la distribución permite que los niños de distintas wilayas tengan acceso a una alternativa similar durante el periodo de temperaturas más elevadas.

Para Servat, cada nueva piscina debe responder a las circunstancias de su entorno. La logística, el mantenimiento y la gestión del agua forman parte de un proceso de aprendizaje que se ha ido construyendo con las instalaciones anteriores. El objetivo es que el crecimiento del proyecto vaya acompañado de una mejora en su funcionamiento.

En Juventud Activa Sahara, el balance se mide también en términos humanos. La organización considera que una infraestructura destinada al ocio puede adquirir una importancia distinta cuando se instala en un contexto de refugio, con temperaturas extremas y escasas posibilidades recreativas para los menores.