Ceuta ha vivido en los últimos días su peor crisis migratoria, por la que han llegado a la ciudad autónoma más de 50.000 personas. Lo hicieron a nado, bordeando el espigón del Tarajal, y con el objetivo de que la ciudad autónoma fuera su primera parada en su viaje a Europa. Casi 100 no tuvieron la misma suerte y murieron en el mar antes de alcanzar tierra firme.
La llegada ha sacudido el país y numerosos analistas internacionales y expertos en geopolítica la han catalogado como un arma de presión política de Marruecos contra España.
"Es imposible que esa cantidad de personas atraviese la frontera sin una dejación de responsabilidades por parte de las autoridades marroquíes", denuncia Ruth Ferrero-Turrión, profesora de Ciencia Política y Relaciones Internacionales en la Universidad Complutense de Madrid e investigadora del Instituto Complutense de Estudios Internacionales (ICEI).
La politóloga recuerda que no se trata de una táctica nueva, sino que los flujos migratorios se usan como arma de presión para lograr objetivos políticos desde hace mucho tiempo. Lo que sí reconoce es que en los últimos años ocurre cada vez de manera más intensa.
Esta es la segunda vez que ocurre en España en cinco años. En 2021 entraron en Ceuta más de 8.000 migrantes en dos días aprovechando la relajación de los controles fronterizos por parte de Marruecos.
Margarita Zambrana, corresponsal en Turquía y Oriente Medio y experta en conflictos y migraciones, cuenta que, entonces, el motivo fue que el Gobierno de Pedro Sánchez permitió la hospitalización en el país de Brahim Ghali, líder del Frente Polisario.
Fue una suerte de castigo a la ayuda que prestó España al líder de este movimiento político y militar saharaui que lucha por la independencia del Sáhara Occidental y la autodeterminación de su pueblo frente a Marruecos.
En lo ocurrido hace unos días, Ferrero-Turrión apunta como detonante a la reciente visita de Pedro Sánchez en Argel, capital de Argelia, históricamente enfrentada con Marruecos y una de las principales potencias que defienden la lucha saharaui por la independencia.
Esta teoría ya la recogía hace unos días EL ESPAÑOL, en un artículo en el que se apuntaba también a la ley que da la nacionalidad española a los saharauis, aprobada este mes en el Congreso.
La migración como arma política
Además de lo ocurrido en España, otro ejemplo de esta práctica que usa a los migrantes como arma arrojadiza se pudo ver en la frontera con Lituania y Polonia por parte de Bielorrusia a finales de 2021 como reacción a las sanciones que le había interpuesto la Unión Europea (UE).
Un año antes, sucedió en la frontera de Turquía y Grecia. Los primeros abrieron el paso con el objetivo de presionar y conseguir más fondos europeos para la acogida de refugiados. No obstante, cuando ocurre algo así, las potencias castigadas no pueden realizar una acusación directa porque es difícil de demostrar, apunta Ferrero-Turrión.
"Marruecos o Turquía están diciendo que el control de las fronteras depende de nuestra colaboración", expone Zambrana.
La periodista encuentra también paralelismos entre ambos casos. Turquía acogía a unos cuatro millones de refugiados sirios y tiene un acuerdo formal con la UE. Por su parte, "Marruecos es, simultáneamente, país de origen, tránsito y destino, e implica también a ciudadanos propios".
Ante una brecha de esta magnitud en una frontera exterior de la UE, Ferrero-Turrión llama la atención sobre la tibia respuesta institucional observada tras los hechos.
La investigadora del ICEI lamenta que el Gobierno español no haya llamado a capítulo a la diplomacia marroquí ni haya pedido explicaciones formales ante una evidente dejación de responsabilidades. También habla de la falta de una reacción unida por parte de los Veintisiete. "Tiene que haber una respuesta europea, no una fragmentada".
Derechos humanos
Ante este tipo de escenarios, Amnistía Internacional muestra su preocupación por la vulneración de los derechos humanos de quienes deciden cruzar las fronteras. Daniel Canales, investigador para la entidad de lo ocurrido en Ceuta, lamenta que parece "que la geopolítica se impone ante lo que no debería ser objeto de debate [los acuerdos internacionales]"
Uno de los aspectos que contemplan estos tratados es la posibilidad de solicitar asilo en condiciones adecuadas, recuerda.
Según la información de Amnistía Internacional, entre los migrantes que entraron hace unos días Ceuta hay más de 1.000 personas subsaharianas, muchas de ellas de Sudán, pero también de Nigeria o Chad. "Hablamos de gente que está huyendo de la guerra, de conflictos, de situaciones terribles, de persecución", denuncia Canales.
Asimismo, hay también menores no acompañados. Con ellos, recuerda, su interés superior "es prioritario a cualquier otro estatus, también el de emigrante y así lo ha establecido el Tribunal Europeo de Derechos Humanos"
Canales denuncia que muchas de estas personas pueden ser "perfectamente merecedoras de protección internacional", llevan días aguardando una respuesta. Una espera que hacen sin comida y durmiendo en la calle.
Vuelta a casa
La estancia de la mayoría duró poco en Ceuta, el Gobierno anunció el fin de semana que gran parte de ellos ya había regresado o sido entregados a Marruecos. El retorno masivo fue fruto de una combinación de salidas voluntarias y a la rápida activación de los acuerdos bilaterales de devolución entre Madrid y Rabat.
Muchos de los propios jóvenes decidieron dar media vuelta a las pocas horas de haber cruzado la frontera marítima del Tarajal porque la situación no era la que ellos creían.
Durante los días previos a este colapso fronterizo, circulaban en redes sociales bulos que les decían que a su llegada a la ciudad autónoma recibirían ayuda, un techo y la documentación necesaria para saltar a la península y de ahí poder moverse por Europa.
Sin embargo, la realidad estaba muy alejada de esas promesas. No había ni infraestructuras de acogida ni, mucho menos, esa facilidad para conseguir la regularización y salir del norte de África.
Redes sociales, como TikTok o WhatsApp, tergiversaron una reciente sentencia del Supremo, difundiendo el falso rumor de que la frontera permanecía abierta y de que las devoluciones inmediatas resultaban jurídicamente imposibles.
En esa desinformación digital opera, además, un "sesgo de supervivencia", como advierte Zambrana. Quienes logran cruzar difunden de inmediato vídeos celebrando su llegada a suelo europeo, mientras que las devoluciones, la tutela institucional, los ahogamientos o la precariedad posterior quedan completamente invisibilizados en el relato de las redes.
Respecto al papel de las mafias, el investigador Daniel Canales subraya que poner el foco de manera exclusiva en las redes de tráfico desvía la atención del problema de fondo. Para Amnistía Internacional, lo que verdaderamente empuja a miles de personas a arriesgar su vida es la falta de vías legales y seguras.
Poner todo el foco en las mafias "parece un discurso para tratar el proceso migratorio como una actividad criminal", se queja. Desvía la conversación en lugar de situar el foco donde corresponde: en personas con derechos que huyen de situaciones terribles
Por su parte, Zambrana matiza que la desinformación no genera por sí sola el deseo de emigrar, pero reduce la percepción del riesgo. La frustración socioeconómica real de la juventud marroquí —con una tasa de desempleo juvenil en torno al 25%— convierte a miles de ellos en víctimas vulnerables de bulos y peones de la coacción geopolítica.
Esta vulnerabilidad responde a un modelo de externalización del control fronterizo sobre el que Bruselas ha construido su política migratoria.
Como señalan Marga la periodista y Ferrero-Turrión, financiar a terceros países para contener las salidas reduce cifras a corto plazo, pero genera una severa dependencia estratégica que otorga a estos Estados la capacidad para subir el precio de su colaboración
La politóloga advierte de la urgencia de redefinir las políticas europeas para romper esta dependencia estructural. Para la experta, el camino pasa por trabajar decididamente para no depender de gobiernos no democráticos en materia migratoria y actuar con firmeza diplomática sin ceder ante chantajes que vulneren el marco internacional.
