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Refugio de emergencia construido por la comunidad
La suma del conflicto armado y los impactos de los ciclones provocó que miles de personas tuvieran que verse forzadas a desplazarse hacia centros de reasentamiento provisionales y refugios de emergencia.
Para las familias más vulnerables, el primer objetivo del proyecto de Ayuda en Acción fue garantizar alojamientos seguros y bienes básicos: un techo digno como punto de partida para reconstruir sus vidas.
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Jamal Sumail, junto a su vivienda
Jamal proviene de Mazeze, distrito de Chiúre, en el norte de Mozambique. El día 23 de julio de 2025, grupos armados atacaron su comunidad, provocando que más de 42.000 personas fuesen desplazadas en pocas semanas.
Los barrios de acogida colapsaron por falta de agua, alimentos y servicios sanitarios. Jamal logró reasentarse en Metuge gracias a los programas de apoyo a personas desplazadas.
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Construcción de una vivienda: preparando la arcilla
Fruto de una investigación aplicada desarrollada por Ayuda en Acción y la Universidade da Coruña, el proyecto apostó por adaptar y mejorar las técnicas tradicionales de construcción de las propias comunidades locales, en lugar de importar soluciones ajenas.
El resultado: viviendas con mejor aislamiento térmico, mayor durabilidad y más resistentes frente a lluvias intensas y vientos ciclónicos, construidas con un diseño que permite preparar los elementos con antelación y montarlos más rápidamente sobre el terreno.
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Acilina y miembros de su familia aplicando arcilla a los cerramientos
Los refugios se construyen con materiales locales como el bambú, entrelazado sobre bastidores y cuerdas recicladas de neumáticos. Materiales locales, flexibles y resistentes, que las comunidades llevan generaciones utilizando en la construcción tradicional.
Esto facilita que las familias puedan participar en la construcción, mantener sus viviendas y repararlas en el futuro con sus propios recursos, sin depender de proveedores externos ni mano de obra especializada.
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Comunidad del centro de reasentamiento de Megaruma, distrito de Chiúre
El 88% de las familias del centro de reasentamiento participó en alguna fase del diseño o la construcción de su vivienda incrementando el sentido de pertenencia en reasentamientos donde, de otro modo, la estancia puede sentirse provisional.
Esto marca la diferencia entre una casa que 'se recibe' de una casa que 'se cuida'. Por ello, ha sido fundamental la participación comunitaria y los procesos transparentes.
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Silvério Antonio, reasentado en la comunidad de Megaruma
Antes de trazar un solo plano, el proyecto escuchó. Durante la fase de diseño se abrieron espacios de discusión con mujeres, hombres y niños para identificar las necesidades reales de un hogar.
Se les preguntó por qué aspectos de la vida cotidiana pueden verse afectados por la distribución del espacio y qué no puede quedar fuera. Solo así el proyecto pudo garantizar una respuesta ajustada a las prioridades locales.
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La comunidad de Mingonha durante las sesiones formativas
La formación fue clave tanto para atender la emergencia inmediata como para dejar capacidad instalada en las comunidades. En el distrito de Meluco, 50 personas completaron cursos de construcción resiliente.
Otras 100 familias recibieron formación en técnicas básicas de reconstrucción segura, uso de materiales locales y refuerzo estructural frente a lluvias y vientos. En Metuge, 200 personas aprendieron técnicas de construcción resiliente y, durante los propios talleres, levantaron ocho viviendas completas.
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Chamo Biche, de la comunidad de Megaruma
La presencia de las mujeres en la construcción fue mucho más que simbólica. Al incorporarse activamente a los trabajos, accedieron a conocimientos técnicos que anteriormente les estaban vetados y fueron ganando confianza y reconocimiento dentro de sus comunidades.
Hoy son portadoras de un saber que genera autonomía y resiliencia para las generaciones que vienen.
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Acilina y miembros de su familia aplicando arcilla a los cerramientos
Sencillas pero robustas, las viviendas están pensadas para construirse rápido y durar. Su diseño modular permite transportar fácilmente los diferentes elementos hasta las zonas afectadas por emergencias.
También que cada familia organice el espacio interior según sus propias necesidades, con privacidad desde el primer día y posibilidad de ir mejorando la vivienda progresivamente con sus propios recursos.
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Victoria Rafael, de la comunidad de Naminawe
Tener un espacio propio transforma la vida cotidiana desde el primer día. La mejora de la privacidad trae consigo una mayor autonomía en las decisiones del hogar, intimidad para el descanso, el aseo y los cuidados.
La dignificación de esos espacios se traduce en una mejor convivencia, tanto dentro de las familias como en las comunidades.
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La participación en la construcción fue esencial
Cuando las personas construyen con sus propias manos y no solo observan, el resultado deja de sentirse como algo impuesto desde fuera. Las acciones se realizaron con las comunidades, no solo para ellas.
Cuando alguien ha participado en levantar una vivienda, los vínculos con la familia, con los vecinos y con el territorio se refuerzan de una forma que ninguna ayuda externa puede replicar.
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Josefina Varivano y Arlete Rubino, de la Asociación Levanta Mulher
El proyecto se convirtió en una actividad visible, compartida y comprensible para todo el vecindario, con la participación activa de familias, artesanos y liderazgos locales.
Cuando hay un marco claro y la comunidad entiende el proceso, el proyecto genera algo más que viviendas: crea una referencia común para organizarse y, en contextos de presión y necesidad, actúa como mecanismo de contención de conflictos.
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La exposición De la tierra al refugio, impulsada por Ayuda en Acción y la Universidade da Coruña, es el resultado de un proyecto de investigación aplicada liderado por el equipo de la profesora Patricia Muñiz.
Su trabajo ha permitido trasladar el conocimiento científico al terreno para dar respuesta a una de las principales necesidades humanitarias en Cabo Delgado, Mozambique.
Fruto de esta colaboración entre universidad y ONG, el estudio dio lugar al diseño de refugios resilientes adaptados al contexto local, posteriormente construidos en comunidades afectadas por el conflicto armado y los desplazamientos forzados.
Este trabajo fotográfico de Juan Luis Rod muestra cómo la investigación puesta al servicio de la cooperación internacional puede transformarse en soluciones reales que mejoran la protección, la dignidad y la capacidad de recuperación de miles de personas.
