Nunca tantas mujeres habían utilizado herramientas de inteligencia artificial. Sin embargo, siguen siendo minoría entre quienes las desarrollan. La brecha de género ya no se mide tanto por el acceso a esta tecnología como por la escasa presencia femenina en las carreras y profesiones encargadas de diseñarla.
El cambio queda reflejado en el informe El futuro de la IA también lo escriben ellas, elaborado por Deloitte, Generación Code y la Fundación Princesa de Girona.
Según el estudio, las mujeres representan el 52% de los usuarios españoles de ChatGPT y el 45,6% de quienes utilizan semanalmente los principales modelos de lenguaje. La igualdad, sin embargo, desaparece cuando se observa quién estudia Informática o Ingeniería y quiénacaba ocupando los puestos técnicos vinculados al desarrollo de la IA.
Aunque ellas constituyen la mayoría del alumnado universitario en España, apenas representan el 17,2% de quienes cursan Informática y el 28,1% del alumnado de Ingeniería y Arquitectura.
Esa diferencia termina trasladándose al mercado laboral y limita la presencia femenina en un sector que concentrará buena parte de los empleos más demandados durante la próxima década.
Reducir esa distancia se ha convertido en un reto que trasciende el ámbito educativo. También preocupa a las empresas, inmersas en una carrera por incorporar profesionales especializados en inteligencia artificial, programación y análisis de datos.
"El talento no tiene género", resume Jaume Miquel, presidente de Tendam. A su juicio, ampliar la presencia de mujeres en las disciplinas STEM es una cuestión de igualdad, pero también de competitividad.
"Sabemos que la diversidad de experiencias y perspectivas fortalece a los equipos y favorece la innovación", sostiene.
Jaume Miquel, presidente de Tendam, y Fran García del Pozo, fundador y CEO de Generación Code.
Con ese objetivo nació Ellas Hablan Código IA, una iniciativa impulsada por Generación Code junto a la modelo y empresaria Eugenia Silva y la Fundación Princesa de Girona, con el apoyo de empresas como Tendam, Amazon, L'Oréal, Multiópticas, Fundación Gestamp e ITP Aero.
La iniciativa nace de la convicción de que la brecha tecnológica empieza a abrirse mucho antes de la universidad o del mercado laboral y que, por tanto, es también en esa etapa donde debe empezar a cerrarse.
Cada fin de semana, decenas de niñas y niños llegan al campus de Madrid para participar en un bootcamp donde la programación deja de ser una sucesión de líneas de código y se convierte en una herramienta para resolver problemas, construir proyectos y comprender cómo funciona la inteligencia artificial.
El objetivo pasa por despertar una curiosidad que pueda convertirse en una vocación, más que por formar programadores en unas semanas.
La iniciativa es el resultado
El proyecto es el resultado de una experiencia acumulada durante años por Generación Code.
Tras impulsar el movimiento internacional CodeAI en España y trabajar con miles de docentes y estudiantes, la organización detectó que, conforme avanzaban en su etapa educativa, muchas niñas comenzaban a alejarse de las disciplinas tecnológicas.
Su interés se iba diluyendo a medida que ganaban peso los estereotipos y escaseaban los referentes femeninos.
"Aunque el acceso ya está prácticamente igualado, la presencia femenina sigue siendo menor, y persisten diferencias en cómo se reconoce el trabajo. [...] Ese es exactamente el reto que tenemos por delante", explica Fran García del Pozo, fundador y CEO de Generación Code.
La modelo y empresaria Eugenia Silva forma parte del proyecto Ellas Hablan Código IA.
La primera edición del programa pretendía conceder un centenar de becas para un bootcamp centrado en programación, pensamiento computacional, robótica e inteligencia artificial. La respuesta superó las previsiones y obligó a ampliar la convocatoria hasta las 140 plazas.
Más del 60% de las personas participantes fueron niñas, un dato que, para los impulsores del proyecto, demuestra que el interés existe cuando se crean espacios donde la tecnología deja de percibirse como un ámbito reservado para otros.
Durante diez fines de semana, las participantes completaron más de cuarenta horas de formación práctica en programación, lógica computacional, robótica e inteligencia artificial.
A ese aprendizaje se sumaron encuentros con profesionales y talleres impartidos por empresas colaboradoras, que mostraron cómo estas tecnologías ya forman parte de sectores tan diversos como la moda, la aeronáutica, la industria o el comercio.
Precisamente esa conexión con el mundo empresarial constituye uno de los rasgos diferenciales de la iniciativa. En el caso de Tendam, además de financiar 25 becas en esta segunda edición —que se suman a las 20 concedidas el año anterior—, la compañía participa directamente en la formación a través de sus equipos tecnológicos.
La intención es que las alumnas puedan poner rostro a profesiones que rara vez aparecen en el aula y comprender que la inteligencia artificial también está transformando una empresa de moda internacional.
El rostro del cambio
El impacto del programa se aprecia sobre todo en quienes pasan por él. Eva, de 9 años, llegó al bootcamp atraída por los robots y la inteligencia artificial, aunque convencida de que programar sería demasiado complicado.
Semanas después, había cambiado de opinión. Descubrió que programar era, sobre todo, una forma de resolver pequeños retos hasta conseguir que una idea cobrara vida.
Uno de sus mejores recuerdos fue programar los robots Edison y comprobar cómo respondían exactamente a las órdenes que ella misma había diseñado.
"Antes pensaba que la tecnología era solo usar el móvil o el ordenador; ahora sé que también podemos crear cosas y programarlas. Además, he visto que las niñas también podemos dedicarnos a esto si nos gusta", explica.
Clara, de 12 años, vivió un proceso parecido, aunque su principal aprendizaje fue otro: entender que equivocarse también forma parte del sector.
Cada error obligaba a revisar el código, probar una solución distinta y volver a empezar. Así descubrió que programar exige paciencia, pensamiento crítico y capacidad para aprender de los fallos.
Durante el bootcamp trabajó con placas micro:bit, programó robots Edison y dio sus primeros pasos en inteligencia artificial. "Pensaba que la IA razonaba como las personas, pero entendí que aprende a partir de los datos con los que se entrena", cuenta.
Hoy asegura que puede imaginarse estudiando una profesión relacionada con este ámbito y le gustaría desarrollar robots, videojuegos o herramientas capaces de facilitar la vida de las personas.
Historias como las de Eva y Clara son las que, para Fran García del Pozo, permiten medir el verdadero alcance de la iniciativa.
Más allá del número de becas concedidas o de las horas de formación, el éxito llega cuando las familias cuentan que sus hijas siguen experimentando desde casa, continúan entrando en la plataforma una vez terminado el programa o han perdido el miedo a enfrentarse al código.
"Eso es lo que de verdad mide el éxito de una iniciativa así. No solo que aprendan a programar, sino que despierte en ellos una curiosidad que continúa después de que termina el programa", resume.
Nuevo paradigma
Ese cambio de percepción resulta especialmente relevante porque, según el informe El futuro de la IA también lo escriben ellas, las vocaciones científicas empiezan a construirse durante la infancia.
El estudio recuerda que la falta de referentes femeninos continúa condicionando las decisiones académicas de muchas niñas y recupera una conocida reflexión de la activista Marian Wright Edelman para resumir esa realidad: "No se puede ser lo que no puedes ver".
Para García del Pozo, esos referentes son imprescindibles, aunque advierte de que el cambio no depende únicamente de la escuela. También comienza en casa.
Pone como ejemplo a la astronauta Sara García, capaz de inspirar a niñas y niños por igual, e insiste en la importancia de que las familias contribuyan a desmontar estereotipos que siguen asociando determinadas profesiones a un solo género. "Tenemos que construir una sociedad en la que ambos compartan los mismos sueños", afirma.
Las empresas también tienen un papel que desempeñar. Además de financiar becas, la participación de compañías como Tendam permite acercar a las alumnas la realidad de un mercado laboral que demanda cada vez más perfiles especializados en inteligencia artificial y competencias digitales.
España afronta un doble desafío. Por un lado, aumentar el número de profesionales tecnológicos y, por otro lado, lograr que las mujeres ocupen el lugar que todavía no tienen en ese ámbito.
Los datos apuntan a que el acceso a la inteligencia artificial ya no constituye la principal barrera. El verdadero reto pasa por garantizar que también participen en los equipos que la diseñan, la entrenan y la convierten en productos y servicios que marcarán la próxima transformación tecnológica.
Ese es el espacio en el que quiere intervenir Ellas Hablan Código IA. No espera a que llegue la universidad ni a que las jóvenes entren en el mercado laboral. Actúa antes, cuando la curiosidad todavía pesa más que los prejuicios y una experiencia puede cambiar la forma de imaginar el futuro.
Porque el objetivo no es únicamente enseñar a una niña a escribir sus primeras líneas de código. Es conseguir que, cuando piense en quién desarrollará la próxima gran herramienta de inteligencia artificial, pueda verse también a sí misma formando parte de ese futuro.
