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La insistencia del presidente estadounidense Donald Trump por controlar Groenlandia ha encendido todas las alarmas en la comunidad científica internacional.

Más allá del debate geopolítico, los investigadores que trabajan en el Ártico alertan de que cualquier alteración en el acceso a esta región podría paralizar estudios cruciales sobre el cambio climático.

Y lo haría justo cuando el deshielo acelerado amenaza con alterar el clima de todo el hemisferio norte.

El pasado 21 de enero, en el Foro de Davos, Trump reiteró que la "propiedad y control" de Groenlandia es una "necesidad absoluta" para Estados Unidos por cuestiones de seguridad nacional.

Y aunque, por el momento, haya descartado el uso de la fuerza militar y haya anunciado un "marco de acuerdo" con la OTAN sobre el Ártico, la amenaza inicial de aranceles contra Dinamarca y otros países europeos ha generado tensiones y preocupa a quienes investigan en la zona.

El 'horno' del Ártico

El Ártico es una de las regiones más sensibles al calentamiento global debido a un fenómeno conocido como amplificación ártica, que hace que las temperaturas suban con mayor rapidez que en el resto del planeta.

Diversos investigadores del Centro de Investigación Ecológica y Aplicaciones Forestales (CREAF) que realizan expediciones en Groenlandia advierten de un incremento de hasta 6 °C respecto a la era preindustrial, una cifra muy superior a los aproximadamente 4 °C que ya ha superado el Mediterráneo.

Estudios recientes han confirmado que el Ártico se calienta entre 3,7 y 4,1 veces más rápido que la media global. El problema está en que este calentamiento acelerado tiene consecuencias que trascienden la región polar.

"Groenlandia y el océano Ártico son una región especialmente clave para el planeta", explica Sergi Pla, investigador del CREAF que lleva más de tres décadas viajando por el territorio danés estudiando cómo la crisis climática afecta al Ártico y al clima mundial.

El científico explica esta importancia: "Su enorme masa de hielo y su dinámica actúan como un regulador del clima global". De ahí que las investigaciones científicas sean esenciales.

El deshielo y el clima europeo

Los datos de las misiones satelitales GRACE de la NASA revelan que Groenlandia pierde 264 gigatoneladas de hielo al año, casi el doble que la Antártida. El deshielo de ambos polos hace que el nivel del mar se eleve casi 1,2 milímetros cada año.

Sin embargo, el impacto del derretimiento del suelo polar va más allá: el deshielo acelerado y el calentamiento global alteran las corrientes de circulación atmosférica y oceánica, lo que afecta directamente al jet stream, una corriente de aire que circula a gran altura.

"Cuando esta corriente se altera, las masas de aire frío o caliente pueden desplazarse de manera diferente. Si presenta ondulaciones profundas hacia zonas más meridionales, es cuando en Europa vemos episodios extremos o poco frecuentes, como olas de frío, de calor o lluvias prolongadas", detalla Pla.

El investigador explica que "este año tenemos una ola de frío porque el anticiclón se ha situado al este de Groenlandia, sobre Escandinavia, lo que hace que llegue aire frío directamente a Europa".

Otra consecuencia importante es la posible alteración del ciclo del carbono. "En el Ártico observamos que el deshielo libera carbono atmosférico antiguo que llevaba siglos almacenado en el suelo", explica Sara Marañón, investigadora del CREAF que estudia el impacto del calentamiento en el suelo ártico. Es decir, la región pasará de ser un almacén de carbono a un emisor.

La ciencia, en riesgo

Si Estados Unidos llegara a apropiarse de Groenlandia, la investigación científica en la región podría verse seriamente afectada. "Podrían aparecer cambios legales sobre el acceso a las zonas, los permisos para muestrear y otras posibles complicaciones en las fronteras que podrían limitar los estudios sobre el cambio climático", advierte Pla.

La preocupación no es infundada. EEUU está dejando de financiar muchos estudios científicos vinculados al cambio climático e incluso ha prohibido que algunas voces científicas participen en la Plataforma Intergubernamental sobre Biodiversidad y Servicios de los Ecosistemas (IPBES).

La Administración Trump ordenó también este mismo mes de enero la retirada de 66 organizaciones internacionales, incluyendo el Panel Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) y la Convención Marco de la ONU sobre el Cambio Climático.

"Si nos fijamos en la Antártida, allí ya se han retirado muchos barcos científicos; por tanto, no sería extraño ver la misma tendencia en el Ártico dentro de un tiempo", advierte Alicia Pérez-Porro, jefa de Interacción Política y Relaciones Institucionales del CREAF.

Campamento de una de las expediciones de Pla al Ártico groenlandés. Santiago Giralt CREAF

De hecho, Estados Unidos retiró en 2025 sus dos buques científicos antárticos del Atlántico Sur tras más de 30 años de operaciones, en medio de recortes presupuestarios al programa polar.

Pla insiste en que "actualmente hay científicos estadounidenses participando en muchos proyectos […], pero un movimiento geopolítico como este podría comprometer algunas relaciones entre instituciones".

Hace referencia, así, a proyectos como INTERACT, financiado con fondos europeos, que han creado redes entre estaciones terrestres de investigación en la Unión Europea, Canadá y EEUU, lo que permite a más de un millar de científicos realizar investigaciones colaborativas. Este tipo de cooperación, lamentan desde CREAF, podría verse comprometida por tensiones geopolíticas.