Valencia

De las 900.000 toneladas de ropa que los españoles desechan al año, más del 88% va a los vertederos. Estas cifras han crecido de forma desorbitada hasta tal punto que, ya en 2022, la propia Unión Europea introdujo una ley más estricta sobre las prendas que se tiran en el bloque comunitario. La norma prohibió a las marcas destruir sus excedentes no vendidos y elevó la responsabilidad de los ayuntamientos, que en 2025 deberán recoger sus residuos textiles de forma selectiva.

Cierto es que al reto de la UE se le presenta una dificultad, y es que cada vez jubilamos el fondo de armario antes, pero no en el lugar correcto. Paradójicamente, los centros de reciclaje y tratamiento textil ven esto como una oportunidad, porque esperan crecer de un 12 a un 30% en los próximos años. Si alguna vez se ha preguntado cuál es el destino de las bolsas que se depositan en los 7.500 contenedores rojos repartidos por España, la respuesta está en los cinco grandes centros que se dedican a tratarlas.

Uno de ellos es el que tiene Koopera en Ribarroja de Turia. A media hora de Valencia, capital verde europea y también española de la economía social en 2024, se encuentra una megaplanta que clasifica las prendas para su posterior venta en las tiendas de Moda Re-, su donación a personas en riesgo de exclusión o su conversión en fibras si ya han agotado su ciclo de vida. Además, por su condición de empresa social, de las 70 personas que hay empleadas, 40 están en procesos de inserción. 

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Ibrahim Alhassan, peón de recogida en el área de logística. Cáritas

Toda la plantilla trabaja con la precisión de un reloj, repartida por las distintas fases que conforman el proceso de reutilización textil. Dawda tiene 22 años, procede de Gambia y lleva cuatro años en la empresa. Llegó derivado por el programa de Migrantes de Cáritas. Ahora "comparto piso con un amigo y compagino mi trabajo con los estudios; estoy sacándome la ESO y quiero ser educador social o informático algún día", confiesa en conversación con ENCLAVE ODS | EL ESPAÑOL.

El joven acompaña a Ibrahim, instalado en el país desde hace una década, y Karla, periodista salvadoreña que decidió un giro radical a su vida al apostar por un trabajo de mayores "exigencias físicas", en la ruta por los contenedores de Ribarroja. Ellos los vacían en camiones y luego ponen rumbo a la planta de tratamiento. Allí, una cinta transportadora pasa la ropa por distintos habitáculos en los que se clasifica en cuestión de segundos según su calidad, género, temporada y composición.

A sus 62 años, Tarik se encarga de esto. Usa un potente láser que le permite analizar grandes volúmenes de prendas. "Con él puedo saber si algo es 100% de algodón, poliéster, si debemos desecharlo…". Es un trabajo "sencillo", explica, que "me permite tener tiempo libre después". En el centro hacen turnos de mañana y tarde. Pero "Ribarroja nunca se ha planteado la nocturnidad, porque puede entrar en conflicto con el objetivo de normalizar la rutina de estas personas; el día está para vivir y socializar", explica Manuel Matute, técnico de acompañamiento. 

"Mujer, falda, invierno", se oye a una empleada. "Niño, camiseta, verano", imita su compañero. Por las manos de cada trabajador pasa una media de 700 kilos diarios de ropa y calzado, aunque esto varía según la estación. Dicen que la crisis climática se ha dejado notar en la forma de trabajar. "En épocas de cambio de armario y festividades, los contenedores se llenan mucho más", explica la coordinadora, María Luz Ferro. Si antes esta transición era más progresiva, ahora se ha acelerado porque los cambios de temperatura son más bruscos, lo que "está complicando el control operacional".

Empleados de la planta clasifican prendas y calzado. Cáritas

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Las personas que dan vida a este espacio, los aprendices, pasan por un proceso de inserción que puede extenderse hasta tres años. En este periodo, reciben formación para mejorar sus habilidades de empleabilidad, se preparan para posibles entrevistas y, en ocasiones, también pueden presentarse a ofertas de promoción interna en Moda Re-. Es el caso de María Georgina, que atiende a este periódico desde su puesto en el departamento de Calidad. "Me gustaría mucho seguir desarrollándome en este sector", confiesa. 

María Georgina Navarrete trabaja en el equipo de Calidad de la planta. Cáritas Cáritas

Moda vintage y concienciada

"Generar empleo inclusivo", "dignificar la entrega de ropa" y "optimizar su tratamiento para que la huella de carbono generada por el textil sea menor" son los objetivos por los que surgió el proyecto de Moda Re- en 2020, cuenta su gerente, Manuel León, a los medios invitados a conocer el corazón de este negocio. Y hace una celebración de aquel porcentaje del "30% de las personas que trabajan con nosotros y accede a un empleo tras finalizar su itinerario". 

La cooperativa sin ánimo de lucro surge a partir de la tradición que "Cáritas ha tenido históricamente con la recogida de ropa", recuerda. Antes, los usuarios que se beneficiaban de las prendas donadas debían ir a los roperos de las parroquias para recogerlas, pero ahora reciben cheques con distintos valores económicos que pueden canjear en cualquiera de los 141 establecimientos y corners de Moda Re- ubicados en el país.

Escaparate de Koopera Store en Valencia. Cáritas

"Cada vez que abrimos una tienda, damos una oportunidad de acceso al consumo de ropa de segunda mano en lugares donde sigue siendo un estigma para muchas personas", explica León. Y añade: "Ya no se trata de preparar un lote, sino de que la persona pueda ejercer como ciudadano y escoja lo que necesita en un espacio totalmente normalizado" que también comparte con apasionados de la moda vintage, jóvenes concienciados con el planeta y expertos cazagangas.

Todos ellos completan el nuevo perfil del consumidor que se impone en España y al que quieren atraer las propias marcas —ya se ha visto en los últimos años, con el surgimiento de Zara Pre-Owned o la plataforma de alquiler de Mango Renting, entre otras propuestas—. En la tienda que Moda Re- tiene en Valencia, en la calle Pedro III El Grande, esperan compañeros como Yulieth y Nataliya, encargadas de asesorar a los clientes en la elección de vestuario y de montar los escaparates con sumo cariño.

Espacio de moda de mujer en la tienda. Cáritas

La moda es una industria con gran impulso representa un 2,8% de nuestro PIB pero concentra índices de contaminación que no dejan de crecer es responsable del 10% de las emisiones globales de CO₂—. La iniciativa textil de Cáritas busca tener "un triple impacto medioambiental y social". Además, para promover la integración, la organización acompañó en 2023 a 68.065 personas en la búsqueda de trabajo, según refleja su último Informe de Economía Solidaria, y dedicó la cifra récord de 136,8 millones de euros a todas sus iniciativas de economía solidaria.