Vuelven las fechas más señaladas en el calendario de los niños. Y no es de extrañar. La Navidad suele ser el periodo en el cual se agasaja a los más pequeños de la casa con los regalos que han anhelado todo el año: juguetes, ropa, dispositivos electrónicos…

Este año, según el Estudio de Consumo Navideño de Deloitte, los españoles gastarán de media 270 euros en comprar regalos. Sin embargo, los expertos advierten de que regalar más de lo necesario puede tener consecuencias en los niños. 

Se regala mucho más de lo necesario y más de lo que la emotividad de un niño puede aceptar”, afirma Francesc Núñez, sociólogo de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), en un artículo de la propia universidad. “Tenemos interiorizadas unas dinámicas consumistas que tanto los adultos como la sociedad trasladamos a los más pequeños”, añade.

Así, regalar más de lo necesario a los niños puede crear lo que se conoce como el síndrome del niño hiperregalado. Según el experto de la UOC, el exceso de regalos puede provocar, entre otras cosas, la sobreestimulación, la pérdida de ilusión y un bajo nivel de tolerancia a la frustración, lo que puede provocar que se vuelvan “caprichosos, egoístas y consumistas”

Sobreestimulación 

Para Núñez, durante este periodo festivo, los niños reciben tantos estímulos en forma de regalos que a menudo no son capaces de asimilarlo y la situación les sobrepasa. “Son incapaces de prestarles la atención y el tiempo necesario, y acaban centrándose en uno solo y olvidando el resto”, defiende. 

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Las familias, en este sentido, son los grandes responsables. Si bien para el experto es normal que los niños “deseen cosas”, los progenitores “son incapaces de contenerse y de asumir las consecuencias que pueden tener negar regalos a los hijos”. 

Así, señala, “prefieren claudicar ante las protestas de los hijos o bien ceder a la satisfacción propia que les da contribuir a sus deseos”. 

Pérdida de ilusión 

Otra de las consecuencias del niño hiperregalado que señala el sociólogo es el de la pérdida de ilusión. Al recibir demasiados regalos, afirma, los pequeños de la casa pueden acabar saturados y no valorar lo que reciben

“Se explica en parte por la ley del rendimiento decreciente, el sexto regalo no les hace la misma ilusión que el primero y así sucesivamente”, indica Núñez. Esto es, que la satisfacción de recibir un regalo sea un placer de corta duración y está “más relacionada con tener aquel objeto que con disfrutarlo”. 

Bajo nivel de tolerancia 

Al ser agasajado con tantos regalos, los niños pueden crear una obligación en los padres, es decir, si un día reciben menos regalos de lo que están acostumbrados, podrían sentirse frustrados e insatisfechos

Un buen ejemplo es el del primo de Harry Potter, Dudley Dursley. En una escena de la primera película de la saga —Harry Potter y la piedra filosofal—, al ver sus regalos de cumpleaños, Dudley coge un cabreo monumental al comprobar que ha recibido menos presentes que el año anterior. "¿36? ¡¡Pero si el año pasado tuve 37!!", le dice a su padre. 

Según el sociólogo, este tipo de comportamientos se debe a que los niños no valoran sus regalos por su uso o por su valor simbólico, sino por la cantidad recibida. “Adoptan relaciones egoístas con los objetos de consumo, reproducen nuestro sistema consumista”, explica. 

La regla de los cuatro regalos 

Para evitar el síndrome del niño hiperregalado, los expertos señalan que la regla de los cuatro regalos es la mejor de las soluciones. Esta propuesta limita el número de regalos a cuatro y se repartirían de la siguiente manera. En primer lugar, un regalo para leer. La lectura tiene múltiples beneficios para los niños, como el desarrollo de sus emociones o la creación de un vínculo afectivo entre el adulto y el niño. 

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En segundo lugar, algo que pueda ponerse como unos zapatos, ropa o complementos. En tercero, algo que “realmente necesite” como una mochila para el colegio o una caja de pinturas. Finalmente, el regalo que realmente desee y que haya “pedido en todas las cartas de los Reyes y de Papá Noel”. 

Al poner en práctica esta regla, concluye Núñez, “es una manera de poner sensatez y buscar una lógica que sea aceptable para las familias para poner límites a esta situación”.