Lejos de la costa, España esconde rincones que también son dignos de unas vacaciones. Uno de estos parajes es Cañamares, un pequeño pueblo de Cuenca de apenas 450 habitantes que cuenta con una de las piscinas naturales más singulares y cuidadas de toda Castilla-La Mancha y que nada tiene que envidiar a las costas mediterráneas.
Este rincón de la Serranía de Cuenca es un destino perfecto para el descanso, el paseo pausado y el baño en aguas puras. El gran reclamo de este municipio es sin duda la playa que forma el río Escabas a su paso por el núcleo urbano.
El cauce se ensancha y se calma, formando una zona de baño de aguas cristalinas y de color verde esmeralda que sorprende a todo el que se digna a conocerlas. A diferencia de otros ríos de montaña, el Escabas en este punto ofrece una temperatura agradable y un acceso sencillo, ideal para familias.
Playa de Cañamares.
La "playeta", como la conocen cariñosamente los lugareños, cuenta con escaleras metálicas para facilitar el acceso al baño, una amplia zona de césped y una frondosa chopera que regala sombras durante casi todo el día. En épocas de poca masividad turística es posible observar a las truchas nadando entre las piedras del fondo.
Para quienes buscan algo más de tranquilidad o un plan de picnic, la zona de "El Barco" (el área recreativa Alonso de Ojeda) ofrece barbacoas y mesas de piedra. Más allá del agua, Cañamares es famoso por sus paisajes cromáticos. Los valles de los ríos Escabas y Trabaque son el escenario de los denominados "mares de mimbre" que tiñen de rojo, púrpura o verde el entorno según la época del año.
Campos de mimbre en Cañamares.
Raíces en La Rioja
Este cultivo es además la base de un oficio ancestral que sigue vivo en el pueblo: la cestería. Los artesanos locales transforman las varas de mimbre en cestas, cuévanos, cunas o incluso delicados sonajeros. La identidad de Cañamares tiene su origen en la Edad Media cuando unos soldados procedentes de La Rioja se asentaron en este valle fértil.
Esta herencia riojana sigue viva, ya que su patrón es San Millán y mantienen un hermanamiento oficial con la localidad de San Millán de la Cogolla. El casco urbano y sus calles tranquilas se pueden recorrer a pie e invitan a disfrutar de la arquitectura serrana.
Cañamares.
Su patrimonio cuenta con la Iglesia Parroquial de San Millán como punto neurálgico, desde donde iniciar el paseo hacia los miradores que rodean el pueblo. Para los amantes del senderismo y la naturaleza, la ruta que discurre por el Estrecho de Priego no solo bordea el río bajo las paredes de roca caliza donde anidan aves rapaces como el buitre leonado, sino que es la puerta de entrada tanto al Parque Natural de la Serranía de Cuenca como al del Alto Tajo.
¿Cómo llegar y qué comer?
Cañamares se encuentra a apenas 45 minutos en coche de Cuenca capital, lo que lo sitúa como una opción de turismo de proximidad imbatible. Tras una jornada de baño en "la playeta" del río Escabas, la gastronomía conquense pone el broche de oro a esta escapada.
No puedes irte sin probar el morteruelo, el ajoarriero o unas chuletas de cordero lechal a la brasa. En definitiva, esta pequeña localidad ofrece una combinación ganadora que puede competir con destinos turísticos de costa.
