Ligar hoy en día ya no es lo que era. Las aplicaciones, los mensajes eternos antes de quedar y la sensación de tener "mil opciones más" solo con un clic han cambiado las reglas del juego.
La psicóloga y sexóloga toledana Ana M. Ángel Esteban analiza la situación actual en una nueva entrega de su consultorio en EL ESPAÑOL de Castilla-La Mancha. Y plantea cuestión de qué es lo que realmente fastidia las citas tras el aparente "buen rollo" previo.
1. ¿Por qué cuesta tanto que una primera cita salga bien?
Porque llegamos con la cabeza llena de expectativas antes de haber intercambiado ni una palabra en persona. Hemos visto fotos, hemos hablado por WhatsApp, Instagram… durante días, y nos hemos montado una película de cómo es esa persona.
Luego llega la cita real y, claro, no coincide con la fantasía. Ese desajuste entre lo que imaginábamos y lo que tenemos delante es el origen de la mayoría de los chascos, y en vez de intentar ajustarnos a lo que en realidad tenemos enfrente, empezamos a comparar a la vez con lo que “veíamos” en WhatsApp.
2. ¿Cuál es el primer error que la lía?
Convertir la cita en una entrevista de trabajo. Llegar con la lista mental de preguntas, como si no hubiésemos tenido tiempo antes de saber en esas conversaciones por escrito, y lanzamos en racimo: ¿tiene trabajo fijo?, ¿quiere hijos?, ¿es fiel?, ¿encaja con lo que busco?
Y parece que vas marcando casillas en vez de estar ahí, disfrutando. Y la otra persona lo nota, se siente examinada, no acompañada. Así es muy difícil que surja algo, porque la conexión necesita naturalidad, no un cuestionario.
3. ¿Y el segundo error, el que más se repite en el cara a cara, cuál es?
Querer que todo sea perfecto desde el minuto uno y forzar la máquina cuando no lo es porque es imposible. Si hay un silencio, uf, qué agobio. Si la conversación no fluye enseguida, ya pienso que "esto no va a ningún sitio" y me cierro.
Ese afán de que la primera cita tiene que ser un flechazo instantáneo hace que no le demos ni una oportunidad al momento. A veces hasta existe la necesidad de irse sobre la marcha, pero por favor, no hagamos eso por educación. Un silencio no significa que no haya conexión, a veces solo significa que los dos estáis un poco nerviosos. Y eso es lo más normal.
4. ¿Y el tercero?
Pasarse hablando de uno mismo, o al revés, dejar que el otro monopolice toda la charla. El equilibrio en una primera cita es casi un arte: hay que contar cosas de ti, sí, pero también preguntar y, sobre todo, escuchar de verdad.
Cuando uno de los dos habla sin parar, el otro deja de sentirse parte de la conversación, y eso mata cualquier chispa antes de que empiece. Es como una necesidad de mostrar al otro por nervios o por ego lo que tú haces o eres.
Repito, es un momento de disfrutar y de ser espontáneo, por favor.
5. Entonces, ¿qué hace que una primera cita funcione?
Bajar las expectativas y subir la presencia. No hace falta que haya fuegos artificiales para que merezca la pena una segunda cita, basta con pasarlo bien y sentir curiosidad por el otro.
Mi consejo: guarda el móvil, haz preguntas abiertas tipo "cuéntame algo que te apasione" en vez de un interrogatorio. Y permítete disfrutar sin estar todo el rato evaluando si esto "vale" o no y, como he dicho antes, la interrogación por necesidad de evaluación, el otro la percibe y a ti también te resta puntos.
El ligoteo moderno no falla por falta de opciones, falla porque hemos perdido la costumbre de estar de verdad presentes con la persona que tenemos delante. Es una especie de selección de personal rápida, que no te haga perder el tiempo y me permita pasar al siguiente cuanto antes.
Eso solo lleva a acumular frustraciones y a pensar que no hay pareja para mí o que yo no gusto a nadie. Así que céntrate y disfruta sea lo que sea que salga de ahí.
