Julia Toledano
Publicada

Cuidarse se ha convertido en una de las grandes recomendaciones de nuestro tiempo. Descansar, hacer ejercicio, comer sano, meditar, dormir ocho horas o aprender a poner límites forman parte de un discurso que, en principio, busca mejorar nuestra calidad de vida.

Pero ¿qué ocurre cuando el autocuidado deja de ser una elección y se convierte en una obligación? ¿Cuándo aquello que debería ayudarnos a sentirnos mejor acaba generando culpa, ansiedad o frustración?

La psicóloga toledana Ana M. Ángel Esteban pone el foco en esta paradoja y advierte de los riesgos de convertir el bienestar en una nueva exigencia. Las redes sociales, además, han contribuido a construir una imagen idealizada del autocuidado basada en rutinas perfectas y hábitos que no siempre responden a nuestras necesidades reales.

En esta nueva entrega de su consultorio en EL ESPAÑOL de Castilla-La Mancha, la experta explica cómo distinguir entre cuidarse de verdad y cumplir con una lista de obligaciones disfrazadas de bienestar.

Porque el autocuidado, sostiene, debería ser flexible y adaptarse a lo que necesitamos en cada momento. Y si una práctica que supuestamente busca hacernos sentir mejor termina provocándonos estrés, quizá haya llegado el momento de preguntarnos para qué la estamos haciendo.

1. No es una contradicción que cuidarse "demasiado" también puede hacer daño. ¿Cómo pasa esto?

Pues más de lo que pensamos. Lo que nació como una idea para liberarse y pensar en uno mismo, como darte permiso para descansar, poner límites, escucharte… se ha convertido en una lista de tareas más: meditar, hacer ejercicio, comer sano, dormir ocho horas, ver lo que nos gratifica, tus momentos de soledad… y si un solo día no llegas a todo, aparece la culpa.

Y ahí está la trampa: hemos convertido el bienestar en una exigencia más, con la misma intensidad de rendimiento que aplicamos al trabajo o a los estudios. Cuidarte deja de ser un acto de amor propio para convertirse en una cosa más que puedes hacer mal o no hacer.

2. ¿Por qué la cultura del autocuidado nos deja tan agotados si en teoría busca lo contrario?

Es que muchas veces no responde a una necesidad real, sino a una imagen que queremos dar, incluso a nosotros mismos. Las redes sociales han convertido y confundido el bienestar con estética: rutinas matutinas “perfectas”, el batido verde o amarillo, a saber, la esterilla de yoga siempre a mano.

Si el autocuidado se vive así, como algo impuesto en extremos y como una imagen, deja de ser un regulador emocionalmente y empieza a generar ansiedad. Es un mecanismo muy conocido en psicología: cuanto más rígida es la norma que te impones, más culpable te sientes al no cumplirla, y esa culpa agrede justo a lo que querías proteger, tu bienestar.

3. ¿Hay alguna diferencia entre cuidarse de verdad y "el autocuidado" por cumplir?

Muchísima, y es lo que suelo preguntar en consulta: ¿esto que te planteas hacer es porque lo necesitas, o porque crees que es lo que deberías hacer?

El autocuidado real es flexible y es acorde al momento: hoy puede ser una siesta, mañana salir a caminar, y pasado no hacer absolutamente nada. El autocuidado impostado, por el contrario, es una lista de “hoy toca” y hay que cumplirlo aunque tu cuerpo te esté pidiendo otra cosa.

Cuando una actividad pensada para relajarte se convierte en obligación y te genera estrés si no la haces, ya no es autocuidado, es un “tengo que” más en el día disfrazado de bienestar.

4. ¿Qué señales indican que alguien se ha instalado en esa "tiranía del bienestar"?

Varias, mira. La primera es la culpa desproporcionada: sentirte “mala persona, irresponsable” por no haber hecho ejercicio o por haberte saltado la meditación.

La segunda es la rigidez: necesitar que todo salga exactamente como lo planeaste para sentir que el día ha ido bien. La tercera, y muy reveladora, es que las actividades de autocuidado empiezan a generar ansiedad anticipatoria en lugar de calma.

Y la cuarta es la comparación constante: medir tu bienestar por el que manifiestan los demás, en lugar de por cómo te sientes tú realmente.

5. ¿Cómo se puede volver a un autocuidado más sano, sin caer en el extremo contrario de no cuidarse nada?

Lo primero es simplificar: quedarte con una o dos cosas que de verdad te hagan sentir bien, en vez de una rutina de diez pasos.

Lo segundo es soltar la rigidez y sustituirla por escucharte: pregúntate qué necesitas hoy, no lo que “toca” según el plan. Lo tercero es aceptar que un día sin autocuidado no borra los anteriores, ni te convierte en alguien descuidado.

Y lo cuarto, y más importante, es recordar que el objetivo nunca fue la perfección, sino sentirte mejor. Si una práctica de bienestar te hace sentir peor, no es autocuidado, por muy bien que quede en una foto, es la semilla de un malestar físico y psicológico que sí necesitará de un autocuidado de calidad.