Hay personas que viven las relaciones de pareja con una intensidad que acaba convirtiéndose en sufrimiento. La necesidad constante de sentirse queridas, el miedo al abandono o la dependencia emocional pueden esconder un patrón mucho más profundo: el apego ansioso.
En una nueva entrega de su consultorio para EL ESPAÑOL de Castilla-La Mancha, la psicóloga y sexóloga Ana M. Ángel Esteban aborda una realidad que afecta a muchas personas y que, en numerosas ocasiones, pasa desapercibida hasta que la relación termina.
La especialista toledana explica que este tipo de apego no tiene que ver con querer mucho a alguien, sino con una forma de vincularse aprendida desde la infancia que puede condicionar la manera de vivir el amor en la edad adulta.
A lo largo de este consultorio, Ana M. Ángel Esteban analiza por qué las personas con apego ansioso suelen sentirse atraídas por relaciones inestables, cómo llegan a olvidarse de sí mismas y qué papel desempeña la autoestima en este proceso.
Además, ofrece algunas claves para empezar a romper este círculo y recuperar el equilibrio emocional sin dejar de construir relaciones afectivas sanas.
- ¿Qué es exactamente el apego ansioso y cómo se distingue de "estar muy enamorado"?
El apego ansioso es una forma de relacionarse que se aprende en la infancia, cuando el vínculo con nuestros padres fue inconsistente: a veces estaban disponibles y otras no, sin que pudiéramos predecir qué iba a ocurrir ni cuándo.
Cuando somos adultos, eso se traduce, básicamente, en relaciones donde necesitamos confirmación constante de que el otro nos quiere y no se va a ir.
La diferencia con estar muy enamorado es sutil, pero clave. El enamoramiento sano amplía tu vida, la mejora sin poner el centro exclusivamente en la pareja. En cambio, con el apego ansioso dejas, por ejemplo, de cuidarte para cuidar solo al otro; dejas de tener criterio propio porque estás continuamente intentando descifrar a la otra persona. No estás tranquilo. Sí le quieres, pero con ansiedad y miedo. Ahí ya hay una señal de alarma.
- ¿Por qué las personas con apego ansioso suelen sentirse atraídas por vínculos inestables o personas poco disponibles?
Porque el sistema nervioso, de forma errónea y desde un patrón conocido en la infancia, interpreta la intermitencia como intensidad y como recompensa. Esa intermitencia puede producirse incluso dentro de una pareja que ya convive.
Cuando alguien está siempre disponible, hay tranquilidad. Pero el apego ansioso necesita, paradójicamente, lo inestable para intentar resolver algo y sentirse activado y visto de nuevo.
Cuando alguien aparece y desaparece, te ignora o de repente vuelve a mostrarse amable —con o sin convivencia, insisto—, cada regreso genera un alivio tan grande que se confunde con pasión y produce un subidón emocional que engancha.
Es el refuerzo intermitente: aquello que se premia de forma impredecible engancha mucho más que lo que se premia siempre. Por eso cuesta tanto soltar a alguien que da poco, pero que a veces lo da todo. Grave error.
- ¿Cómo se manifiesta el "olvidarse de uno mismo" en la práctica, en el día a día de una relación así?
Por ejemplo, dejas de proponer planes propios por si la otra persona no responde a tiempo o propone otra cosa. Miras el móvil constantemente por si ha escrito. Incluso esa dependencia hace que pospongas decisiones importantes de tu vida, como un viaje, un cambio de trabajo o cualquier otro proyecto.
También se producen cambios en tu estado de ánimo en un mismo día, dependiendo únicamente de si esa persona ha escrito o no.
Poco a poco, tu bienestar deja de depender de ti y pasa a depender de la conducta y de las preferencias de otra persona, a la que además no puedes anticipar: termina controlándote.
Y lo peor es que quien lo vive no siempre se da cuenta hasta que mira hacia atrás y descubre cuánto tiempo y cuánta energía dedicó a alguien que nunca estuvo del todo presente.
- ¿La autoestima tiene algo que ver en todo esto? ¿Es causa o consecuencia?
Las dos cosas, y eso es precisamente lo que hace tan difícil salir del ciclo.
Una autoestima debilitada predispone a tolerar relaciones que no cuidan, porque existe una creencia de fondo de "esto es lo que me toca" o "si me esfuerzo lo suficiente, cambiará".
Pero, además, cada ciclo de espera y decepción erosiona todavía más esa autoestima que ya estaba dañada, creando un círculo que se retroalimenta.
Por eso, en terapia no basta con trabajar la relación concreta. Hay que trabajar la relación con una misma. De lo contrario, la persona sale de un vínculo así, pero acaba entrando en otro muy parecido con una cara distinta.
Es importantísimo aprender a priorizarse, quererse y no dejarse humillar por migajas cargadas de interés y utilización por parte del otro.
- ¿Qué le dirías a alguien que reconoce este patrón en sí misma, pero no sabe cómo empezar a cambiarlo?
Antes de intentar cambiar la conducta, hay que identificar el patrón con claridad: cuándo aparece la ansiedad, qué la desencadena y qué haces normalmente cuando la sientes.
Después, el trabajo real consiste en aprender a tolerar la incertidumbre sin necesitar resolverla inmediatamente a través del otro. Por ejemplo, no escribirle para comprobar qué ocurre, evitar entrar en un estado obsesivo de comprobaciones indirectas, tristeza o pensamientos constantes sobre la posibilidad de perderle. Eso se puede entrenar.
Y añadiría algo muy importante: hay que rodearse de otros vínculos, como amistades, familia o aficiones, que eviten que toda nuestra vida dependa de una sola persona.
Cuanto más repartida está tu vida, menos necesitas que una única relación la sostenga por completo.
Al final, salir del apego ansioso no es dejar de necesitar a los demás, es dejar de necesitarlos a costa de uno mismo.
