La psicóloga y sexóloga toledana Ana M. Ángel Esteban vuelve con una nueva entrega de su consultorio en EL ESPAÑOL de Castilla-La Mancha, un espacio en el que trata cuestiones sobre la mente, las emociones y la sexualidad.
En esta ocasión, la experta aborda el tema de las relaciones que no terminan de definirse. ¿Qué somos? Esta pregunta es muy común en momentos en los que, sin esperarlo, aparece la distancia o el silencio.
- 1. ¿Qué son las relaciones ambiguas?
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Las relacionas ambiguas son las que no se rompen explícitamente, casi siempre por egoísmo del que lo hace. Pero que tampoco se consolidan. Son una de las fuentes de mayor desgaste emocional, no por lo que ocurre, sino por la incertidumbre que generan.
Las personas piensan si esperar a que se le pase a la otra persona o alejarse y cerrar el capítulo. Pero se preguntan por qué les cuesta tanto salir. Esta situación es una de las que más se da en mi consulta a la hora de hablar de relaciones que tras unos meses no se definen.
- 2. ¿Por qué es tan difícil salir de ellas?
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El cerebro se engancha al refuerzo intermitente y el afecto aparece de forma imprevisible o no aparecer. Un mensaje cariñoso después de días de silencio reactiva la esperanza y hace que el malestar previo parezca momentáneo, aunque el ciclo vuelva a repetirse. Casi no da tiempo a que empiece el olvido y vuelve a reactivarse la química cerebral.
- 3. ¿Llega a existir vínculo real?
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No siempre, Además, cada uno lo vive de una manera. Estos vínculos de ir y venir suelen confundirse con pasión o conexión intensa, pero la intensidad no equivale a estabilidad del vínculo o de la persona, que suele ser inmadura y caprichosa.
La ambigüedad activa la dopamina, relacionada con el deseo y la anticipación, no con la seguridad emocional. Por eso estas relaciones se viven intensamente, pero también son profundamente agotadoras y devastadoras emocionalmente.
- 4. ¿Quiénes suelen ser más susceptibles de quedar atrapados en estas relaciones?
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Sobre todo, las personas con un estilo de apego ansioso, que interpretan la falta de claridad como algo que se va a resolver esperando un poco más. La esperanza se convierte en vínculo, ya solo con uno mismo, y aplaza el duelo. Pero no tranquiliza.
Por otro lado, las personas que realizan estas escapadas suelen tener un estilo de apego evitativo.
- 5. ¿Cuáles suelen ser las consecuencias emocionales?
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El coste aparece poco a poco, cuando, según tus límites de espera, ves que esa situación no cambia. En este momento aparece la ansiedad, los pensamientos obsesivos, la bajada de la autoestima y la dificultad para confiar en la propia percepción y valía de uno mismo.
A veces, llegas incluso a humillarte para que esa persona aparezca de nuevo. O consientes y relativizas sus comportamientos evidentes de no amor.
- 6. ¿Qué hay que hacer para tener fuerza y salir de esa situación?
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La claridad emocional es esencial. Verte desde fuera y pensar que tú que quieres a ese alguien no haces eso. El amor siempre tiene el mismo lenguaje, la presencia. Si no la hay, no hay interés, solo juego y egoísmo.
Hay que exigir o esperar correspondencia, ya que es una necesidad básica. Si no llega, no hay nada. A veces, el mayor acto de autocuidado no es insistir. Ni mucho menos esperar, sino salir del "ahora sí y ya no..."
Te aseguro que, aunque al principio duela, sentirás alivio en muy pocos días y la mayor sensación de libertad. Quererte es cuidarte y dar lugar a que aparezca alguien mejor.
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