Carmen Quintanilla lleva más de cuatro décadas defendiendo los derechos de las mujeres rurales y dando voz a quienes viven en una España que a menudo queda fuera del foco. Natural de Ciudad Real, conoce de primera mano la realidad del medio rural, donde creció como mujer rural y del que ha hecho una de las grandes causas de su vida.
En 1982 fundó la Asociación de Familias y Mujeres del Medio Rural (Afammer), cuya presidencia nacional mantiene, y ha compaginado su activismo por la igualdad con una larga trayectoria política en el Partido Popular: fue diputada nacional por Ciudad Real durante seis legislaturas y presidió la Comisión de Igualdad del Congreso de los Diputados.
Su compromiso también ha traspasado las fronteras españolas, con presencia en foros internacionales y en iniciativas vinculadas a Naciones Unidas para promover los derechos de las mujeres.
Coincidiendo con el Día Internacional de las Mujeres Rurales, que se celebra cada 15 de octubre, Quintanilla repasa en una entrevista con EL ESPAÑOL de Castilla-La Mancha los desafíos que siguen pendientes en el campo: desde la falta de vivienda asequible para las jóvenes hasta la escasa presencia femenina en las cooperativas, pasando por la violencia machista en los municipios pequeños.
El próximo 16 de octubre, Toledo acogerá un encuentro nacional organizado por Afammer bajo el lema 'Mujeres rurales: sembrando igualdad, recolectando oportunidades', una cita para reivindicar el liderazgo, el emprendimiento y la innovación de las mujeres rurales y poner sobre la mesa las barreras que todavía condicionan su futuro.
Carmen Quintanilla, presidenta de Afammer.
P. Desde la década de los 80 que fue cuando Afammer nació hasta hoy, la percepción sobre las mujeres de pueblo ha cambiado radicalmente. Sin embargo, persisten brechas estructurales respecto al medio urbano. ¿Cuáles deben ser los ejes prioritarios para garantizar una igualdad real en el siglo XXI?
R. El gran reto de los próximos años es transversalizar la perspectiva de la ruralidad en toda la legislación, en la gestión de gobiernos autonómicos, ayuntamientos y en el ámbito legislativo. Necesitamos un verdadero pacto entre lo rural y lo urbano. No es admisible que paguemos los mismos impuestos en el medio rural cuando no disfrutamos de las mismas oportunidades ni servicios, como el transporte público o la inclusión financiera tras el cierre masivo de cajeros y sucursales bancarias.
Vivir en un pueblo no puede significar tener menos derechos ni menos futuro. Hoy necesitamos recuperar políticas de vivienda pública en el mundo rural para asegurar el acceso a una vivienda rural asequible para mujeres con menores recursos, actuando como un pilar fundamental de arraigo y fijación de población.
Las mujeres rurales debemos contar con espacios donde emprender, trabajar, cuidar y participar en igualdad de condiciones. Cuando una mujer decide quedarse en un pueblo y emprender, genera un multiplicador económico y social.
Hoy, dos de cada tres personas que abandonan el medio rural son mujeres, y son mujeres más formadas y preparadas que nunca. La brecha de género sigue siendo muy salvaje. Y no nos engañemos: el primer pilar de la igualdad es el empleo. El empleo otorga autonomía, libertad y capacidad de decisión sobre la propia vida.
"Producimos el 78 % de los alimentos del mundo, pero no poseemos ni el 20 % de la propiedad de la tierra"
P. La ONU ha declarado el año 2026 como el Año Internacional de la Agricultura. ¿Qué impacto real tiene este reconocimiento para las millones de mujeres que producen el 78 % de los alimentos del mundo pero no poseen ni el 20 % de la propiedad de la tierra?
R. Tiene un significado sumamente especial porque es un reconocimiento global que, por fin, pone el foco en millones de mujeres que han estado trabajando la tierra de manera invisible y que, lamentablemente, lo siguen haciendo. Por lo tanto, que este año 2026 tengamos un Año Internacional dedicado a la mujer agricultora pone en valor a esas mujeres que, desde el campo y los sistemas agroalimentarios, contribuyen cada día a producir alimentos, a cuidar nuestros recursos naturales, a generar riqueza y a mantener vivos nuestros pueblos.
Y no hablamos únicamente de titulares de explotaciones: hablamos de esposas de agricultores, pastoras, apicultoras y trabajadoras que proveen a la industria agroalimentaria y abastecen nuestras despensas.
Además, debemos mirar al sector primario rural como la columna vertebral indispensable para el desarrollo rural, tanto en los pueblos de España como en la comunidad internacional. Este reconocimiento es una oportunidad para mirar atrás con orgullo y hacia adelante con determinación, porque la historia nos ha enseñado que las mujeres rurales nunca han sido meras espectadoras del desarrollo, sino las verdaderas protagonistas y arquitectas del futuro de nuestros pueblos.
"Falta seguir proyectando a la Guardia Civil en estos pueblos y evitar que se sigan cerrando cuarteles"
P. El aislamiento geográfico y el control social en los municipios pequeños incrementan la vulnerabilidad ante la violencia machista. ¿Qué recursos específicos faltan todavía en la España rural para romper este muro?
R. Falta seguir proyectando a la Guardia Civil en estos pueblos y evitar que se sigan cerrando cuarteles, ya que son nuestro principal escudo de protección. Ninguna mujer, viva donde viva, debe sentirse sola ante la violencia.
Un pueblo de menos de 3.000 o 5.000 habitantes carece de centros asistenciales o de asesoramiento específicos. Además, a menor tamaño del municipio, mayor es el silencio y menor el porcentaje de denuncias por vergüenza, temor o estigma social. Este año llevamos 41 mujeres asesinadas por violencia machista, de las cuales alrededor de 10 residían en el medio rural, muchas de ellas mayores de 60 y 70 años que han padecido violencia toda su vida.
Frente a esto, reclamamos un Plan Específico contra la Violencia de Género en el Medio Rural con recursos propios, el refuerzo de los Puntos de Encuentro Familiar, formación especializada para todos los agentes sociales y de seguridad, una estrategia enfocada a mujeres mayores rurales y campañas institucionales adaptadas a la realidad de nuestros pueblos.
P. Castilla-La Mancha se proyecta como una región pionera en legislación de género y reto demográfico. ¿En qué medida avances como el Estatuto de la Mujer Rural o la Ley contra la Despoblación están blindando el futuro del medio rural?
R. Nuestra región ha sido históricamente una pionera, en gran medida por la propia figura de la mujer rural que siempre ha vertebrado este territorio. En su día colaboré enormemente el Estatuto de la Mujer Rural, donde fuimos precursoras, pero también lo hemos sido con la Ley de Medidas Económicas, Sociales y Tributarias contra la Despoblación de Castilla-La Mancha.
Así lo he manifestado en foros internacionales y europeos, porque es una norma vanguardista cuyas medidas ya están generando un retorno tangible en nuestro mundo rural, facilitando el día a día de hombres y mujeres. Castilla-La Mancha es defensora a ultranza de su mundo rural por una razón evidente: porque Castilla-La Mancha es rural.
Esa identidad rural es el motor que nos lleva a defender firmemente el segundo pilar de la Política Agraria Común (PAC). Hace escasos días se celebró en Sigüenza un foro sobre desarrollo rural donde Afammer volvió a exigir que el segundo pilar de la PAC se mantenga intacto más allá de 2027, garantizando los recursos necesarios. Este eje es empleo, es emprendimiento, es la incorporación de jóvenes y mujeres jóvenes a la actividad agraria, es diversificación económica y es la lucha directa contra la despoblación. En definitiva, es la verdadera política de desarrollo rural articulada desde la igualdad real de oportunidades.
Carmen Quintanilla.
P. La Ley de Titularidad Compartida es concebida como un marco legal revolucionario, pero Afammer defiende que su aplicación práctica sigue siendo testimonial. ¿Qué fallos administrativos y culturales han impedido su éxito masivo?
R. El desacierto principal ha sido en el impulso político y administrativo, sumado a una notable falta de pedagogía. En muchas ocasiones, la Ley de Titularidad Compartida no ha sido comprendida por quienes debían gestionarla en las administraciones. En lugar de informar y acompañar a la mujer que deseaba ser copropietaria de la explotación que trabaja junto a su cónyuge, se las ha derivado hacia otras figuras jurídicas o sociedades que no garantizan la misma protección social, laboral y fiscal.
La Titularidad Compartida es una norma pionera a nivel mundial que pone a la mujer colaboradora en la cúspide de los derechos laborales, otorgándole cobertura por incapacidad temporal, beneficios en la declaración de la renta y una pensión de jubilación propia.
Sin embargo, no ha habido la voluntad ni la divulgación necesarias para llegar a miles de colaboradoras. Además, persiste una barrera cultural: en muchos casos el titular masculino ha interpretado erróneamente, aun con buena fe, que compartir la titularidad significaba perder la propiedad de su tierra, cuando de lo que se trata es de compartir la producción y los rendimientos.
P. A pesar de que las cooperativas son el gran motor económico del campo, las mujeres representan casi 250.000 socias pero solo ocupan el 4 % de las presidencias en España. ¿Por qué cuesta tanto derribar el techo de cristal en los órganos de decisión agrarios?
R. En Castilla-La Mancha debemos seguir profundizando en los incentivos y reducciones fiscales para quienes deciden vivir o emprender en zonas rurales, una necesidad que ya contempla la estrategia frente al reto demográfico pero en la que hay que seguir insistiendo.
Respecto a la toma de decisiones, la brecha es evidente: de casi 250.000 mujeres socias de cooperativas agrarias a nivel nacional, la representación en la presidencia de los consejos rectores apenas alcanza el 4 %, y la presencia como vocales en dichos órganos no supera el 10 %. Datos similares tenemos en Castilla-La Mancha donde las mujeres representaban el 28,2 % de las personas socias en 2023 y ocupaban el 7 % de las presidencias de las cooperativas agroalimentarias.
En las organizaciones agrarias la situación es aún más sangrante, pues prácticamente todas están dirigidas por hombres. El cooperativismo, los grupos de acción local y las organizaciones profesionales siguen en manos masculinas. Por eso es urgente visibilizar estos datos e impulsar cambios estructurales.
P. El viernes 16 de octubre, AFAMMER celebra en Toledo la jornada «Mujeres rurales: sembrando igualdad, recolectando oportunidades», centrada en el liderazgo, el emprendimiento y la innovación. ¿Qué medidas concretas se van a plantear para impulsar la autonomía económica de las mujeres rurales y cómo pueden contribuir su liderazgo y sus iniciativas a transformar los municipios?
R. En las jornadas de Toledo abordaremos asuntos absolutamente prioritarios. Vamos a tener una mesa redonda de emprendimiento y liderazgo centrada en la economía de los cuidados, con mujeres que han apostado por la creación de su propia empresa de cuidados para servir de referente a otras.
Según la Estrategia Europea de los Cuidados, si estos dejan de ser empleos precarios y se profesionalizan como servicios de calidad, se pueden crear hasta 52 millones de puestos de trabajo en toda Europa. Son empleos indispensables en un medio rural envejecido, permitiendo además que las mujeres no asuman esa carga en solitario y puedan emprender o trabajar fuera de casa.
Asimismo, reuniremos a expertas en impacto social y redes de madres para hablar de gobernanza y conciliación. Las nuevas redes asociativas y el asociacionismo moderno están transformando el día a día de nuestros municipios con prisa pero sin pausa. Frente al modelo tradicional de nuestros abuelos, donde era impensable tener permisos parentales o corresponsabilidad, hoy las mujeres rurales están liderando el cambio y demostrando que la conciliación y el emprendimiento son el motor de futuro de nuestros pueblos.
Carmen Quintanilla.
P. Las jornadas reúnen también a expertas en impacto social y redes de madres para discutir sobre gobernanza. ¿Cómo están transformando las alianzas asociativas actuales el modelo social tradicional de nuestros pueblos?
R. Estas mesas de debate van a poner de relieve una transformación que avanza con prisa pero sin pausa. Si comparamos la realidad actual con el modelo tradicional de nuestros abuelos, era completamente impensable hablar de corresponsabilidad o de permisos parentales cuando yo crie a mis hijos.
Hoy en día, las nuevas redes asociativas de mujeres están rompiendo con esos esquemas rígidos del pasado. Están demostrando que a través del asociacionismo moderno, el liderazgo femenino y la exigencia de medidas de conciliación, las mujeres rurales están tomando las riendas de la gobernanza local y remodelando la convivencia y el desarrollo económico en cada municipio.
