Todos tenemos un mapa del deseo, ese conjunto de acciones que son capaces de activar nuestros mejores momentos sexuales.
En su artículo en EL ESPAÑOL de Castilla-La Mancha, la psicóloga y sexóloga Ana M. Ángel Esteban desgrana la mejor manera de descubrirlo a través de cinco preguntas básicas.
1. ¿Qué es exactamente el 'mapa del deseo' y por qué la mayoría no lo tenemos hecho?
El mapa del deseo es saber qué me enciende a mí en concreto, no a la pareja genérica que aparece en las películas, no a lo que se supone que debería gustarme, sobre todo físicamente. Incluye lo físico (qué caricias, qué ritmos, qué zonas, qué miradas o qué olores), pero también lo mental: las fantasías, contextos o estados de ánimo que hacen que sea más posible que el deseo aparezca. La mayoría no lo tenemos hecho porque nunca nos lo hemos planteado.
Normalmente nos lanzamos al ruedo y a ver qué pasa. Hemos aprendido a interpretar y a fijarnos en el deseo del otro antes que en el propio, y en consulta veo constantemente parejas que llevan años de intimidad sin haberse preguntado nunca, en serio: "¿Y a mí qué me gusta?" ni haberlo hablado.
2. ¿Cómo empiezo a construir ese mapa del deseo?
Se hace con y por curiosidad, no con exigencia. Te propongo algo muy práctico: durante una semana, cada vez que sientas una chispita de deseo viendo una serie, en una conversación, con algún gesto o recordando algo, anótalo sin juzgarlo porque solo lo verás tú.
Pasados unos días, y estando pendiente, suele aparecer un patrón del que nunca te habías dado cuenta. Hay ciertos tipos de atención, olores, ropa y sobre todo ritmo emocional que te despierta deseo. Una situación que si en ese momento pudieses desfogar, lo harías con los mejores resultados de placer. Ese patrón es tu punto de partida real, mucho más fiable que cualquier idea impuesta en internet o libros de 'lo que debería gustarme'.
3. ¿De qué forma se comparte ese mapa con la pareja sin que suene a examen o a crítica?
La clave está en el lenguaje. Hay que hablar desde el deseo propio, lo que nos gusta y preferimos, y no desde la critica hacia el otro, lo que no hace bien o sus carencias. No es cuestión de trasladar mensajes como "tú nunca haces esto" o ”es que no sabes”. Más bien es trasladar "a mí me pasa esto y me encantaría hacerlo contigo".
Recomiendo hablarlo fuera del dormitorio y fuera del momento sexual, en un momento neutro, casi como quien comparte una curiosidad. Y siempre empezar por lo positivo: "Esto me gusta mucho de lo que ya hacemos", antes de introducir lo nuevo que vamos a demandar.
Así baja la guardia del otro, se pone en disposición de atender y escuchar para mejorar, y abre la puerta a que también comparta el suyo.
4. ¿Qué cosas concretas, del día a día, mejoran realmente el sexo en una pareja estable?
Varias y todas al alcance de cualquiera. Hay que medir la transición entre el 'modo gestión' del día (hijos, trabajo, casa) y ese encuentro íntimo, porque el deseo no aparece de golpe y menos si venimos directamente del estrés.
Comienza con el contacto no sexual -abrazos, besos sin intención de ir a más y cariñitos aislados- porque todo esto sostiene el deseo más o menos a medio plazo. También se puede introducir alguna novedad pequeña y frecuente en vez de esperar el gran cambio.
Y hablar de sexo fuera del sexo, con humor y naturalidad, porque las parejas que lo hacen así suelen vivirlo con menos tensión.
5. ¿Qué le dirías a alguien que siente que su deseo ha desaparecido y no sabe si es normal?
Que casi nunca desaparece del todo. Pueden haber aparecido problemas físicos, problemas con la pareja, pero esencialmente el deseo lo que hace es cambiar de forma: se adormece o simplemente no ha tenido las condiciones para manifestarse.
El deseo espontáneo disminuye con los años de convivencia, con la monotonía y con el estrés. Se trata de una cuestión de fisiología y contexto.
Lo que sí funciona es dejar de esperarlo pasivamente y empezar a crear deliberadamente las condiciones que sabemos que anteriormente lo despertaron: tiempo, contacto, descanso mental, novedad, humor y cariño.
Si después de intentarlo con constancia la desconexión sigue, es momento de pedir ayuda profesional porque a veces hay algo más de fondo en clave hormonal, emocional o de pareja, que es esencial afrontar incluso para que la situación no empeore.
