Con la misma templanza y cariño que sus antepasados, este albaceteño de 20 años entrelaza varas de mimbre para seguir construyendo un legado que se niega a dejar morir. El 68% de los oficios artesanos como el suyo están en riesgo de desaparecer por falta de relevo generacional, advierte el Libro Rojo de la Artesanía.
Juan Manuel Marcilla representa la tercera generación de Cestería Marcilla, un taller familiar de Lezuza (Albacete) fundado en 1965 que ha acercado la mimbrería a grandes firmas de moda como Loewe, El Corte Inglés o Louis Vuitton, fusionando vanguardia y tradición.
"Hay más trabajo que gente que trabaja, por suerte o por desgracia. Las personas que se dedican a esto son ya mayores", afirma a EL ESPAÑOL de Castilla-La Mancha desde la nave donde procesa, humedece y teje los bastones de mimbre para crear desde cestas para el pan hasta bolsos y grandes estructuras de diseño.
Las varillas de mimbre con las que hacen arte.
La artesanía forma parte de su ADN. Sus padres, su tío y él son las manos que esculpen cada pieza. "Siempre hemos vivido de esto, no hemos tenido otro trabajo", asegura.
Además, su progenitor, Juan Manuel Marcilla Marín ostenta el título de Maestro Artesano por la Junta de Comunidades y el prestigioso Premio a la Mejor Trayectoria Artesanal otorgado por el Círculo Fortuny. "He crecido entre cestas y sillas. Una vez terminé mis estudios, decidí seguir con el negocio de mis padres", relata.
Juan Manuel junto a su padre y su tío en el taller.
En un contexto donde solo un 15% de las empresas familiares nacionales logra alcanzar la tercera generación, la historia de este mimbrero de 20 años es toda una rara avis. Su círculo social ha afrontado con total normalidad su movimiento. "Hay un par de amigos que me dicen que están muy orgullosos de mí. Eso es un regalo".
Juan Manuel explica que esta falta de relevo se extiende a los propios productores de mimbre. "Trabajamos con los pocos pueblos de la Sierra de Cuenca donde todavía se dedican a cultivarlo. Son gente que ya está jubilada o le queda muy poco. Al final nos tocará plantarlo a nosotros", bromea.
Campos de mimbre en Cañamares (Cuenca).
Dominar la fibra vegetal requiere de "uno o dos años de formación para empezar a soltarse". En su caso, reconoce haber aprendido las posturas y los remates a base de echar horas y horas con su padre y su tío. "Trabajo exactamente igual que cuando lo hacía mi abuelo, con la martilla y el punzón".
Mientras las creaciones grandes toleran un mimbre más robusto, las pequeñas figuras o diseños exigen precisión y finura al tacto. "Un trenzado o un cierre son siempre casi iguales. La base es la misma, lo que sí cambia es la delicadeza: las varas finas son mucho más sensibles de moldear".
Juan Manuel trabajando el mimbre.
"Cada día podemos hacer seis o siete de las pequeñas, mientras que las grandes pueden salir dos y media o tres al día. Por otro lado, un bolso pequeño tiene tanto remate y cuidado para que nada quede fuera de su lugar que te puede llevar días y días de trabajo", añade.
Ámsterdam o la televisión
Esa inquietud de Juan Manuel ha catapultado el arte mimbrero de su familia a grandes escaparates como la Milan Design Week o el Madrid Design Festival. En este último, los Marcilla crearon una obra de cinco metros de ancho por tres de alto tejida a mano denominada "la cúpula del tiempo".
Objetos de mimbre que fabricaron para FARCAMA.
"Es la pieza que más me ha marcado", confiesa el artesano. La pieza se convirtió en una de las atracciones más concurridas del evento y despertó el interés de una red hotelera de Ámsterdam que acabó adquiriéndola.
Del taller en Lezuza también han salido pilares cilíndricos de seis metros para decorar un capítulo del programa de DecoMasters de RTVE. Otro de sus retos más recientes ha sido tapizar con mimbre todas las paredes de Cielo Chicote, una coctelería/terraza situada en la azotea de un hotel con vistas a la Gran Vía de Madrid.
Aunque el éxito reciente de Cestería Marcilla viene dado por sus piezas contemporáneas adaptadas a las últimas tendencias de interiorismo y la moda, siguen conservando sus clientes de toda la vida. "No podemos dejar de lado a esa gente que lleva años comprándonos su cesta para las setas o el pan".
Juan Manuel en pleno proceso de trenzado.
Frente a la producción industrial y los productos materiales de imitación procedentes del mercado asiático, el pequeño de los Marcilla rechaza competir por precio. "Si hubiera una máquina que hiciera cestas, ya la hubiéramos comprado y amortizado, aunque esto solo se puede hacer con las manos".
Pese a que sus creaciones de mimbre han dejado la funcionalidad —"una cesta aguantaba 50 años"— a un lado para cumplir una función meramente decorativa, Cestería Marcilla sigue manteniendo e incluso aumentando la demanda. "Tenemos una lista de espera para mediados o incluso finales del año que viene".
Durante las demostraciones en vivo que organizan dentro y fuera de Albacete para acercar el oficio, el veinteañero resalta el entusiasmo del público. "La gente se pelea por ver quién se queda la cesta. Hay personas que me la dejan pagada antes de empezar a tejerla".
Juan Manuel dando flexibilidad a las varillas de mimbre.
Mientras la inteligencia artificial amenaza la supervivencia de muchos empleos, Juan Manuel Marcilla hijo ve agua en el desierto. "La IA no sustituirá nuestras manos. Si algún día hay indicios de que vamos a desaparecer, haremos lo necesario para que no ocurra".
