Publicada

Dejar Barcelona por una aldea de 10 habitantes en plena Serranía de Cuenca parece algo insólito, pero para Esteban, Rosa y su hijo Hugo ha sido un regalo de la vida. "De aquí no nos sacan ni con agua caliente", confiesan en un vídeo compartido por la cuenta @Nosvamospalpueblo tras llevar solo dos meses afincados en La Olmeda, pedanía de Santa Cruz de Moya.

Esta mudanza de más de 500 kilómetros no es casualidad, ya que la madre de Esteban es originaria del pueblo. "Mi madre tenía su casa aquí, así que nosotros cogimos esta vivienda, empezamos a arreglarla y ahora ya está habitable. Faltan muchos retoques, pero con tranquilidad se va haciendo", explica.

Apostar por la España vaciada no ha supuesto un obstáculo laboral para la familia barcelonesa. "Trabajo vía online, soy consultora de bienestar y salud, así que todo lo que hago lo puedo hacer desde aquí sin problemas", relata Rosa. Por su parte, Esteban combina un empleo a distancia con el cuidado de la casa y las labores del campo.

La Olmeda, la pedanía de Santa Cruz de Moya (Cuenca) donde se ha instalado esta familia. Ayuntamiento Santa Cruz de Moya

En cuanto a Hugo, su hijo, ha encontrado rápidamente su espacio en la economía local trabajando como electricista en los alrededores. "Hay menos cosas que en Barcelona, pero se está más tranquilo. En mi tiempo libre aprovecho para ir al huerto, pasear o ir a ver las gallinas", señala el joven de 19 años.

El informe sobre el Estado de la Década Digital 2026 sitúa a España como la segunda nación europea con mayor cobertura de fibra óptica en zonas rurales, ya que llega al 88,7% de la población. Al respecto, la familia defiende la excelente conectividad: "Hoy en día tienes internet, tele y de todo para hacer".

En cuanto a la oferta de ocio de la zona, Esteban alega que "si quieres fiesta o ir al cine, Valencia está a una hora". Los suministros e infraestructuras básicas están cubiertos entre Santa Cruz de Moya y las localidades colindantes. "Hay banco, farmacia, panadería que baja el pan todos los días y médico. No echamos en falta nada", añade Rosa.

Uno de los rincones que más disfrutan de su nuevo hogar es el corral que hace de gallinero. "Las cuatro gallinas nos costaron 40 euros y el pienso nos salió por 13 euros los 25 kilos y dura un montón. Luego les echamos verduras, agua y poca cosa más", detallan.

El huerto de esta familia de Barcelona. Nosvamospalpueblo

Aunque de momento las aves se están adaptando, esperan recolectar sus primeros huevos en breve. Justo al lado del corral se sitúa su huerto donde cultivan tomates, judías, pepinos, pimientos y sandías. "Para nosotros tres más que de sobra, el año que viene plantaremos más cosas", indica Esteban.

El sabor de los alimentos recién cosechados cambia "un montón". "Vamos a comer tomates todos los días, se te queda cara de tomate o de judía de estar comiendo sin parar", bromean sobre la abundancia del huerto.

Tras este primer contacto con la vida a marcha lenta en la Serranía de Cuenca, Esteban, Rosa y su hijo Hugo no contemplan dar un paso atrás: "Estamos encantados".