El sector de la hostelería se enfrenta a una auténtica "tormenta legislativa". A las nuevas multas por dar servicio en olas de calor y la obligación de entregar las sobras de comida gratis, se suma un nuevo imperativo legal: los restaurantes y bares deberán ofrecer agua del grifo gratuitamente.
No es una sugerencia de cortesía ni un detalle de la casa, sino una obligación legal recogida en la Ley 7/2022 de Residuos y Suelos Contaminados para una Economía Circular.
Este cambio normativo busca transformar el modelo de consumo en España. En su artículo 18.3, la ley es tajante: "En los establecimientos del sector de la hostelería y restauración se tendrá que ofrecer siempre a los clientes agua no envasada de manera gratuita y complementaria a la oferta del local".
¿Cuál es el fin? Bien, pues según argumenta el propio texto legal, la finalidad es "reducir el consumo de envases de un solo uso", atacando directamente la proliferación de residuos plásticos.
Solo en Castilla-La Mancha hay más de 12.000 bares y restaurantes y se estima que en España se consumen millones de botellas de plástico cada día. Por ello, desde el Gobierno buscan reducir drásticamente la huella de carbono a través de esta medida.
Para el cliente, es un derecho consolidado, mientras que para el hostelero es un cambio de modelo que obliga a sacrificar otro margen de beneficio en su carta.
En este sentido, los propietarios de bares y restaurantes denuncian una "hiperregulación" que, según las principales patronales, amenaza la viabilidad de los establecimientos más humildes.
Lo positivo es que el agua del grifo en la mayoría del territorio nacional goza de una alta calidad, y la posibilidad de hidratarse sin pasar por caja alinea a España con Francia, donde esta práctica ya es común.
El sector se siente acorralado por varios frentes. Más allá de esta nueva obligatoriedad, la Ley de Prevención de las Pérdidas y el Desperdicio Alimentario le exige ofrecer envases gratuitos para las sobras y priorizar la donación de excedentes de comida.
La factura electrónica, el registro horario digital y las firmes normas de riesgos laborales durante alertas naranja o roja por calor, completan un escenario de hipervigilancia para la hostelería nunca antes planteado en nuestro país.
¿La justificación de ser más sostenible y más transparente será suficiente? Es una cuestión cuya respuesta todavía está por ver con estas nuevas reglas del juego.
