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Toledo ha cambiado tras la pandemia. La ciudad sufre ahora, como tantos otros destinos turísticos, el impacto de los pisos vacacionales y la gentrificación de su Casco Histórico. Según el borrador del nuevo Plan de Ordenación Municipal (POM) enviado a la Junta, este negocio ha crecido casi un 50 % en la provincia: de las 1.059 viviendas que había en 2020 se ha pasado a 1.668 en 2025.

En la capital, el INE confirma que ya hay 728 inmuebles dedicados a este fin. El análisis del urbanista José María Ezquiaga resulta, sin embargo, algo confuso, ya que no diferencia claramente qué datos son provinciales y cuáles municipales. Aunque remite al INE como fuente, el documento del POM no llega a incluir la cifra concreta de los 728 pisos de la ciudad.

Lo que sí deja claro el informe es que el alquiler turístico está saltando las murallas. El 24% de la oferta ya se sitúa fuera del Casco Histórico. Aunque el centro sigue concentrando el grueso del negocio, barrios como San Antón o el entorno de la estación de autobuses empiezan a notar una presión que antes no existía.

Gráfico incorporado al borrador del POM, de febrero de 2026, con el porcentaje de viviendas turísticas por secciones censales.

Esta expansión llega incluso a las urbanizaciones. San Bernardo y Montesión ya suman el 9,65% del total de pisos turísticos de la capital, convirtiéndose en nuevos puntos de interés para un sector que no deja de ganar terreno en el mapa urbano toledano.

El diagnóstico del nuevo POM atribuye el auge de los pisos turísticos a la "laxitud de las normas vigentes". El informe señala que el Plan Especial del Casco Histórico, en 2018, con el anterior Gobierno local, facilitó que el hospedaje ganara terreno a las viviendas residenciales, provocando una saturación en el centro.

El texto indica que siete de cada cien casas del Casco se destinan hoy al turismo, frente al escaso 0,49 % del resto de la ciudad. Toda esta presión se concentra en apenas 145 hectáreas, una superficie que representa tan solo el 0,63 % de todo el término municipal de Toledo.

Esta situación también castiga al mercado laboral. Según los redactores del plan, el empleo hotelero no crece como debería porque las viviendas turísticas necesitan menos personal. Además, fomentan un turismo de paso, con una estancia media de apenas 1,55 noches, lo que obliga a replantear las normas para frenar la expulsión de los vecinos del Casco, sostiene el documento.

Pese a ello, el informe admite que Toledo debe buscar un equilibrio, ya que la hostelería es un motor económico estratégico. Por eso, el actual Gobierno de Carlos Velázquez ha tomado cartas en el asunto para evitar lo que el urbanista Ezquiaga califica como un "riesgo inminente" de deterioro social.

Desde marzo de 2025, el Ayuntamiento mantiene un tope del 12 % a las licencias de apartamentos turísticos en las distintas zonas del Casco. A esto se suma la nueva ordenanza de turismo, en vigor desde el 1 de enero de 2026, que prohíbe el uso de megáfonos y limita a 30 personas el tamaño de los grupos en tres de las calles más masificadas como son la calle Hombre de Palo, la plaza del Consistorio y el pasadizo de Balaguer,