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A veces, el milagro de la vida tiene demasiada prisa por producirse. Al menos eso es lo que le ha ocurrido a Sara, una chica de 31 años natural de Los Yébenes (Toledo) que ha dado a luz a su tercera hija en el baño de su casa. La llegada de la pequeña Paula al mundo fue tan rápida que prácticamente no le dio tiempo ni a asimilarlo.

Sara y su marido Julio se despertaron como un día habitual a las 7:00 horas para preparar a sus otras dos hijas y llevarlas al colegio antes de irse al hospital. "Le dije que se fuese ocupando de las niñas porque había empezado a notar contracciones", recuerda la madre, que en ese momento comenzó a darse una ducha para ponerse en camino hacia el hospital.

Pero los acontecimientos se desencadenaron de una manera que ninguno de los dos esperaban. Julio, que se encontraba en una habituación contigua, escuchó un ruido, "como cuando se pincha un globo" que no dejaba lugar a la duda: Sara había roto aguas.

Rápidamente acudió al baño consciente de que tendrían que correr para llegar al centro hospitalario. Sin embargo, cuando entró y preguntó a su pareja como se encontraba, recibió una respuesta que lo dejó en shock: "Julio, la niña ya está aquí. La estoy viendo la cabecita", relata.

Sara fue consciente en todo momento de la velocidad con la que se estaban desencadenado los acontecimientos. "Enseguida me di cuenta de que me estaban llegando los pujos". A partir de ahí, "fueron dos empujones más y ya teníamos a la niña".

En esos escasos momentos, Julio ya había llamado al 112 para relatar lo que les estaba pasando y pedir ayuda médica. Nada más nacer la niña, recuerda que "lloró un instante pero después se calló". Ese detalle y el hecho de que "estuviese muy enrojecida", le llevó a practicar una nueva llamada a emergencias en la que le tranquilizaron sobre el estado de la bebé.

"Después, cuando todo había pasado, me di cuenta que entre la primera llamada a emergencias y la segunda, apenas habían pasado unos minutos", reconoce respecto a lo rápido que fue todo.

Julio y Sara junto a la pequeña Paula.

Llegada de los sanitarios

Los primeros en llegar a la casa fueron los servicios médicos de urgencia del Centro de Salud de la localidad junto a la ambulancia de soporte vital básico (SVB). Cuando accedieron al domicilio, Sara se encontraba todavía en el baño con la pequeña Paula en un improvisado arrullo hecho con la toalla con la que su madre tenía pensado secarse.

Allí, constataron que madre e hija estaban perfectamente. Poco después, una UVI móvil de urgencia la ayudó a completar el parto con la expulsión de la placenta y el corte del cordón umbilical.

La rapidez del alumbramiento también tuvo su consecuencia en el estado físico de Sara. "La verdad es que no sentí ese dolor fuerte de las últimas contracciones", reconoce la madre, que incluso bajó por su propio pie las escaleras para acceder a la UVI móvil que la llevó al hospital. 

Se da la circunstancia de que en los dos partos anteriores, tampoco hizo uso de la anestesia epidural. "Al llegar al hospital para dar a luz ya estaba dilatada y no dio tiempo a que me pincharan, pero desde luego no discurrieron a la velocidad de este", agrega.

Pendientes de sus otras dos hijas

Hasta la llegada de los sanitarios y los primeros familares que se acercaron a la casa, la segunda preocupación principal de la pareja se encontraba al otro lado de la pared. Como cuenta Julio, "eran poco más de las 7:00 horas de la mañana y las niñas estaban durmiendo en la habitación del al lado. Temíamos que se despertasen, entraran en el baño y al ver la sangre se asustaran".

Sin embargo, las pequeñas continuaron en la cama y al abrir los ojos recibieron una sopresa que seguramente no esperaban: su hermana pequeña se había dado más prisa por llegar al mundo que ellas por ir al colegio.

Mientras, Sara y la pequeña Paula, tras pasar las 48 horas que marca el protocolo en el Hospital Universitario de Toledo, ya se encuentran descansando con el resto de la familia en la casa que la vio nacer.