José Joaquín Sánchez Frutos, 'El Jaro', era el "macarra de ceñido pantalón" del "Qué demasiao" de Joaquín Sabina. Con 16 años cayó fulminado por el disparo de un vecino que vio cómo una banda de chavales atracaba a un amigo. Hoy se cumple 40 años de la muerte de este delincuente, inmortalizado en canciones y películas.



Dos años antes, en 1977, el director de cine José Antonio de la Loma estrenaba "Perros callejeros", una película protagonizada por Ángel Fernández Franco, alias 'El Torete', que recogía el mundo delincuencial juvenil de la época.



El marco era Barcelona, pero bien podía ser el Madrid donde El Jaro desplegó toda una trayectoria delictiva de una banda juvenil que siguió funcionando tras su muerte. Una más de las que proliferaron en los años 70 y 80, emergidas de barrios marginales, de los poblados chabolistas del extrarradio de la capital.



Madrid y Barcelona. Dos grandes ciudades escenarios de las huidas de estos nuevos quinquis, perseguidos por la Policía, derrapando con coches robados "a punta de navaja y empujón", como dice la canción de Sabina; tan jóvenes que aún no habían estrenado las urnas de la recién nacida democracia.



Cuentan las crónicas de la época que el historial de El Jaro recoge más de 500 robos de coches, un centenar de atracos, un sinnúmero de "tirones"...



Todo un líder de la banda que llegó a tener más de 30 miembros, aunque actuaban en pequeños grupos, y que creó escuela, hasta el punto de que algunos de sus compañeros de andanzas constituyeron la propia, como Guillermo Macía Pavón "El Guille".

Nació en la localidad toledana de Villatobas

"Pandillero tatuado y suburbial, hijo de la derrota y el alcohol" -prosigue Sabina-. El Jaro nació en noviembre de 1962 en Villatobas (Toledo), dentro de una familia desestructurada, con una madre alcohólica y un padre que abandonó a sus cinco hijos una vez que emigraron a Madrid.



En la página que el diario ABC dedicó a su muerte puede leerse que con apenas doce años ingresó en el reformatorio de Carabanchel, al que volvió una treintena de veces tras otras tantas fugas.



Y con trece años ya tenía su propia banda, a la que manejaba desde la barriada de Peña Grande, en el norte de la capital. Junto con El Payaso, El Gasolina, El Guille o El Fitipaldi atemorizaron a barrios enteros, con los coches a toda pastilla, armas y porros en mano.



La crónica de ABC recoge el testimonio del sacerdote Camilo Aristu, director del correccional de Carabanchel.



Así era El Jaro: "Era un psicópata amoral. Era de esas personas que no calibran las consecuencias de llevar hasta el fin la consecución de sus deseos. No le gustaban los deportes, ni el trabajo ni el estudio. Quería ser siempre el mejor en todo y para ello no ahorraba ningún riesgo".



Y lamentaba el padre Aristu que en España no existieran centros especiales en los que se pudiera ayudar a esos jóvenes.



El mayor golpe policial a su banda fue asestado en febrero de 1978 con la detención de 31 jóvenes. El Jaro y sus chicos se habían especializado ya en atracos a garajes, sin dejar nunca los "tirones" y, por supuesto, los robos en establecimientos. Se atrevieron incluso con algún banco.



Delitos contra la propiedad "de los que no te dejan elegir".



Vuelta al correccional y nueva huida. Hasta finales de julio de 1978, cuando la banda tuvo un enfrentamiento con la Guardia Civil en el intento de asalto a un chalé de Somosaguas. Le costó dos balazos y la extirpación de un testículo.



Tras este suceso, El Jaro fue internado en lo que se llamaba cárcel concordatoria de Zamora y después en un centro tutelado de menores en Rábade (Lugo). Se escapó, claro.



Quiso formar una nueva banda, con la que encontró la muerte en una calle de Chamartín el 24 de febrero de 1979.



"Te pegaron seis tiros descaraos y luego desangrao te ingresaron en el piramidón. Pero antes de palmarlas se te oyó decir ¡qué demasiao. De esta me sacan en televisión", termina Sabina.



Cuentan que El Jaro llevaba en el bolsillo una cartera con recortes de periódicos que hablaban de él. Quería ser famoso y lo fue.



La película "Navajeros", de Eloy de la Iglesia, estrenada año y medio después, da fe de la historia de un chaval que no es más que la historia de una época en España, convulsa social y económicamente y con una democracia aún en pañales.