El incendio forestal de La Mierla, en Guadalajara, ya es historia. El Plan INFOCAM ha dado por definitivamente extinguido este viernes a las 18.30 horas el fuego que durante 51 días ha mantenido en vilo a la Sierra Norte de la provincia y que ha terminado afectando a 34.447 hectáreas, la mayoría dentro del Parque Natural Sierra Norte de Guadalajara.
El incendio, detectado poco antes de las 14.00 horas del 16 de julio, se convirtió desde sus primeros días en una emergencia de dimensiones extraordinarias. No pudo ser controlado hasta el 3 de agosto, 18 días después de su inicio, y ha necesitado más de un mes adicional de vigilancia y trabajos de liquidación hasta poder darse por extinguido.
El balance definitivo confirma que se trata del mayor incendio forestal registrado en Castilla-La Mancha por superficie afectada. El fuego llegó a superar las 32.000 hectáreas ya durante su primera semana y, en aquel momento, se situaba también entre los incendios de mayor extensión de la historia reciente de España.
Ahora, con las llamas definitivamente apagadas, comienza una segunda etapa igualmente compleja: evaluar los daños y recuperar ambiental, territorial, económica y socialmente una de las zonas naturales más importantes de Castilla-La Mancha.
Un incendio que desbordó todos los cálculos
La evolución del incendio de La Mierla estuvo marcada desde el principio por unas condiciones meteorológicas extremadamente adversas. El calor, la baja humedad y el viento favorecieron una propagación muy rápida de las llamas, hasta el punto de que el dispositivo llegó a considerar que el fuego estaba "fuera de capacidad de extinción" y tuvo que adoptar una estrategia fundamentalmente defensiva.
Las llamas llegaron a saltar cortafuegos de hasta 40 metros de anchura y el perímetro superó los 100 kilómetros. La dirección de la emergencia tuvo que dividir el incendio por sectores y combinar maquinaria pesada, medios terrestres, recursos aéreos y fuego técnico para tratar de frenar su avance.
Uno de los momentos de mayor preocupación se produjo cuando el fuego avanzó hacia el límite con Castilla y León. El operativo llegó a contactar con las autoridades de la comunidad vecina ante la posibilidad de que las llamas pudieran alcanzar su territorio. Aunque finalmente ese avance fue frenado, durante varios días la situación obligó a mantener una vigilancia máxima sobre el flanco norte.
El incendio llegó a consumir 32.000 hectáreas antes de entrar en una fase progresiva de estabilización. Esa cifra ya convertía a La Mierla en el mayor incendio de la historia de Castilla-La Mancha y situaba su superficie afectada muy cerca de algunos de los grandes incendios registrados en España en las últimas décadas.
Más de 30 localidades evacuadas y 14 confinadas
La magnitud de las llamas obligó a adoptar medidas extraordinarias para proteger a la población. Más de una treintena de localidades fueron desalojadas durante la emergencia y otras 14 tuvieron que permanecer confinadas en distintos momentos debido a la evolución del fuego y a la presencia de humo.
En uno de los días más críticos, alrededor de 1.200 personas permanecían fuera de sus viviendas después de que las autoridades ordenaran nuevas evacuaciones. La Guardia Civil tuvo que acudir a localidades como Hiendelaencina para pedir a los vecinos que abandonaran sus casas ante el cambio de las condiciones y el avance del incendio.
La emergencia no solo supuso dejar atrás las viviendas. Para muchos habitantes de la Sierra Norte significó abandonar temporalmente una forma de vida ligada al territorio, a la ganadería y a unos pueblos pequeños donde el vínculo con el paisaje forma parte de su propia identidad.
Durante aquellos días, los testimonios recogidos por este periódico mostraron la dimensión humana de la tragedia. Vecinos de Hiendelaencina hablaban de "tristeza, impotencia, rabia y una desesperación bestial" mientras abandonaban sus casas entre humo y lágrimas. El miedo no se limitaba a perder bienes materiales: también estaba el temor a que desapareciera para siempre el paisaje conocido durante generaciones.
Un despliegue sin precedentes
La emergencia obligó a movilizar un dispositivo de enormes dimensiones. En total, han participado más de 1.125 efectivos y 240 medios, entre recursos terrestres y aéreos, personal de dirección y coordinación y medios procedentes de distintas administraciones.
Entre ellos estuvo la Unidad Militar de Emergencias (UME), que se incorporó al operativo desde los primeros momentos. También participaron efectivos del Plan INFOCAM, agentes medioambientales, bomberos, medios del Ministerio para la Transición Ecológica y recursos enviados por otras comunidades autónomas.
El objetivo prioritario fue en todo momento proteger a la población y evitar que las llamas alcanzaran los núcleos urbanos. Pese a la enorme extensión quemada, el operativo consiguió evitar una tragedia mayor y el fuego no provocó víctimas mortales entre la población.
El propio presidente de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page, destacó durante la emergencia que la prioridad era proteger las viviendas y los núcleos urbanos, mientras centenares de profesionales trabajaban sobre un incendio cuyo comportamiento llegó a ser extraordinariamente virulento.
Más de 1.000 grados de temperatura
La intensidad alcanzada por el fuego permite comprender por qué su extinción se prolongó durante tantas semanas. Este jueves, en las Cortes de Castilla-La Mancha, la consejera de Desarrollo Sostenible, Mercedes Gómez, explicó que en determinadas zonas del incendio se llegaron a registrar temperaturas de más de 1.000 grados.
"Eso es un volcán", aseguró la consejera al describir las condiciones alcanzadas en algunos puntos del perímetro.
La elevada temperatura y la enorme extensión del perímetro explican también por qué el hecho de que el incendio quedara controlado el 3 de agosto no significó que pudiera darse inmediatamente por extinguido.
Ese día, tras 18 jornadas de lucha contra las llamas, el incendio descendió a Situación Operativa Nivel 0. Sin embargo, el Plan INFOCAM mantuvo una vigilancia activa porque dentro del gigantesco perímetro todavía quedaban zonas susceptibles de registrar reproducciones, con brasas latentes en troncos, raíces y manchas de vegetación que podían reactivarse con el viento.
Del fuego a la reconstrucción de la Sierra Norte
Con la extinción definitiva llega ahora el verdadero "día después". La Junta de Castilla-La Mancha ya ha comenzado a preparar un Plan de Recuperación de la Sierra Norte de Guadalajara para abordar las consecuencias de un incendio que ha dejado una profunda huella ambiental y socioeconómica.
El Gobierno regional publicó este jueves en el Diario Oficial de Castilla-La Mancha el acuerdo que delimita el ámbito territorial de este plan y que permitirá coordinar las actuaciones destinadas a recuperar la zona afectada.
La planificación contempla actuaciones de recuperación ambiental, territorial, económica y social, con el objetivo de que la comarca pueda recuperar progresivamente su actividad y afrontar las consecuencias de la pérdida de una superficie forestal de esta magnitud.
La recuperación ambiental será especialmente compleja. La mayor parte de las hectáreas afectadas se encuentran dentro del Parque Natural Sierra Norte de Guadalajara, un espacio de elevado valor ecológico. Los trabajos deberán abordar la gestión de la madera quemada, la protección de los suelos y cauces y la posterior regeneración de la masa forestal.
Pero la reconstrucción no se limitará al monte. El incendio también ha golpeado a actividades económicas vinculadas directamente al territorio, como la ganadería, la actividad cinegética y el turismo, sectores sobre los que ya se advertía durante los primeros días de la emergencia.
Por eso, el plan de recuperación tendrá que mirar también a los pueblos. La Junta ya había anunciado durante la emergencia su intención de articular medidas para evitar que el incendio terminara agravando el declive económico y demográfico de una comarca formada por pequeños municipios.
El final de las llamas abre una nueva batalla
El incendio de La Mierla comenzó el 16 de julio con una propagación extraordinariamente rápida y termina 51 días después con 34.447 hectáreas afectadas, más de 1.100 profesionales movilizados, decenas de pueblos evacuados y un territorio natural transformado.
Durante semanas, el objetivo fue contener las llamas. Después llegó el control. Y ahora, con el fuego definitivamente extinguido, comienza una etapa que puede prolongarse durante años: hacer frente a las consecuencias de uno de los mayores incendios forestales de la historia reciente de España y recuperar la Sierra Norte de Guadalajara.
La extinción pone punto final a la emergencia, pero no al incendio de La Mierla. Sus efectos permanecerán durante mucho más tiempo sobre el paisaje y sobre los pueblos que durante 51 días vieron cómo el fuego avanzaba por una de las zonas naturales más valiosas de Castilla-La Mancha.
