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Miles de venezolanos cruzan el océano Atlántico cada año en busca de una vida mejor en Europa. Nohelia Cesilia Maureira Graterol abandonó su tierra natal en 2018 en plena crisis política, económica y social y hoy ha resucitado la única carnicería de Saelices, un municipio de la provincia de Cuenca de apenas 475 habitantes.

"La gente está encantada porque por fin pueden comprar carne fresca; antes solo había un pequeño supermercado con productos congelados", reseña la emprendedora de 39 años a EL ESPAÑOL de Castilla-La Mancha.

Antes de aterrizar en la comarca de la Mancha Alta conquense, Nohelia se estableció en el País Vasco, concretamente en Barakaldo. "Me vine sola y dejé a mi hija, que tenía seis años en Venezuela con sus abuelos, y a mi marido en Colombia", recuerda.

Poco a poco logró reagrupar a su familia en la ciudad vasca y se desempeñó como charcutera y carnicera en cadenas de supermercados como Eroski o BM. Sin embargo, la incómoda convivencia en un pequeño inmueble de 50 metros cuadrados la llevó a buscar alternativas lejos de las grandes urbes.

"No cabíamos y llevábamos año y medio buscando casa sin éxito". La oportunidad llegó gracias a una amiga que le habló de Proyecto Arraigo, una iniciativa centrada en repoblar el mundo rural. "Me inscribí y me olvidé del tema hasta que me llamaron en mayo del año pasado", apunta.

La técnico de la organización, Gabriela, se puso en contacto con la venezolana y le propuso un proyecto en la provincia de Cuenca. El Ayuntamiento de Saelices buscaba con urgencia reactivar la carnicería municipal, cerrada desde la pandemia de la covid-19.

"Buscábamos un perfil emprendedor y vimos que lo tenían clarísimo", señala Gabriela. La ausencia de este comercio obligaba a los vecinos a desplazarse 20 minutos en coche a localidades como Tarancón o Montalvo para acceder a carne del día.

Carnicería de Nohelia en Saelices (Cuenca).

Aprovechando una visita a Madrid, Nohelia concretó una visita al pueblo con Gabriela: "Vine el 23 de agosto y fue un verdadero flechazo". Entonces conoció a Josema, el propietario de la carnicería, quien le ofreció el espacio con todo el equipamiento listo para funcionar.

"Él me dijo que probáramos tres meses y que si iba mal no pasaba nada, pero la idea era reactivar el servicio". Sin dudarlo, capitalizó su prestación por desempleo para invertir en el negocio. En octubre de 2025 formalizaron la mudanza y el comercio abrió de nuevo sus puertas.

Además de venta directa, el establecimiento de la venezolana suministra género fresco al comedor del Colegio Rural Agrupado Segóbriga y a la residencia de mayores. "Es una gran ayuda por parte del Ayuntamiento haber contado conmigo para surtirles", agradece.

"Cuando vinimos a conocer el pueblo había tres opciones de vivienda; al final una familia aceptó alquilarnos. Estuvimos allí hasta julio de 2026 y después nos cambiamos a otra casa. A mis padres les gusta mucho venir, les encanta la tranquilidad que se respira aquí", cuenta.

El traslado a Saelices trajo consigo una sorpresa que completó su cambio de hogar: "Al poco de venirme me enteré de que estaba embarazada". Su pequeña de cinco meses ya acude a la guardería del pueblo y la mayor estudia en el instituto de Tarancón.

El contraste de su etapa en Barakaldo con la vida rural es abismal para ella. "Aquí desde el primer minuto me acogieron de una manera que me dejó asombrada; esto es como una gran familia".

Tampoco echa de menos las prestaciones y servicios de la ciudad. "Si pido cita a las nueve, a las nueve y media ya me están atendiendo en el centro de salud", asegura.

La estabilidad encontrada en este rincón de la provincia de Cuenca ha repercutido incluso en la salud de su esposo. "Mi marido sufría de tensión alta y estaba todo el tiempo con medicación; aquí no necesita tomarse ni una sola pastilla".

Aunque la gran mayoría de los 692.000 venezolanos que residen en España se establece en áreas metropolitanas, la historia de Nohelia es más frecuente que nunca.

Con sus hijas escolarizadas, la carnicería a pleno rendimiento y la visita frecuente de sus padres desde el País Vasco, la venezolana ha encontrado su sitio a miles de kilómetros del lugar que la vio nacer. "Me quedo con el calor humano de Saelices".