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Los yacimientos de El Pino —en la localidad de Carrascosa del Campo— y El Provencio se han convertido en piezas clave de la reconstrucción de las primeras etapas de la Prehistoria en Castilla-La Mancha. El profesor Santiago Domínguez-Solera, doctor en Historia y Arqueología por la Universidad Complutense de Madrid y responsable de Heroica Arqueología, dirige ambas excavaciones.

"Trabajamos con muchos yacimientos del Paleolítico Inferior y Medio", comenta. Su propia investigación y los preceptivos "controles arqueológicos" que implica cualquier movimiento de tierra a gran escala alimentan el inventario.

Domínguez-Solera alude al "trabajo de control arqueológico de una cantera" y a las actuaciones vinculadas a la construcción de "infraestructuras, explotaciones mineras o proyectos de energías renovables" como una vía que ha ampliado los hallazgos y ha permitido a su equipo construir una extensa base de datos sobre un territorio hasta ahora poco explorado.

El caso de El Pino resulta paradigmático. En este punto se han documentado herramientas con una antigüedad de alrededor de un millón de años, una distancia temporal que lo convierte en el yacimiento conocido más antiguo en el actual territorio de la región y uno de los más remotos de la península —se remontan, aproximadamente, a 1,5 millones de años—.

El centro de la península ibérica ha disfrutado de un papel menor en el estudio del origen humano, una visión que las últimas investigaciones cuestionan: la provincia de Cuenca emerge como un escenario privilegiado para comprender cómo vivieron, se adaptaron y evolucionaron los primeros pobladores de este territorio hace más de un millón de años.

El rastro de Cuenca en la Prehistoria

"No estábamos en un desierto humano durante el Paleolítico, lo que ocurría es que no se había investigado. Ese es el éxito de nuestro trabajo: hemos llenado, literalmente, un vacío en la investigación", describe Domínguez-Solera.

El autor ha revisado los antiguos paradigmas sobre el poblamiento de la actual Castilla-La Mancha en el Paleolítico. Durante décadas, se asumió que en esta franja del territorio apenas hubo actividad humana. "Se decía que esta zona de Cuenca era un sitio despoblado, pero simplemente faltaba investigación", repite.

El volumen de yacimientos localizados, "solo en esta provincia estamos trabajando con 40 o 50", —añade el responsable de Heroica Arqueología— confirma el cambio de perspectiva. Los resultados de su investigación describen Castilla-La Mancha como un territorio clave para comprender la expansión humana por Europa.

Desde sus inicios, el proyecto que lidera este experto tuvo un objetivo muy definido. "El primer propósito que teníamos era rellenar un vacío". Ahora, la investigación se orienta hacia cuestiones más complejas sobre la organización social, la caza o las estrategias de adaptación de estas poblaciones.

Al mismo tiempo, se excavan otros "yacimientos importantes" en el territorio conquense. En Arcas han aparecido piezas similares a las de El Pino, conservadas "también con huellas de uso".

En Huete se han recuperado bifaces sometidos al mismo tipo de análisis —realizado por Ignacio Martín, de la Universidad de Murcia—. En Canalejas del Arroyo y Villalba del Rey han aflorado herramientas elaboradas "por neandertales en posición primaria y con un excelente estado de conservación".

Redescubrir el Paleolítico en El Pino

La fiabilidad de la cronología de El Pino ha sido validada por el Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana (CENIEH). "Es el mismo equipo que ha datado los yacimientos más antiguos de la península ibérica", señala Domínguez-Solera. Entre ellos figuran Atapuerca (Burgos) y Vallparadís (Barcelona).

Más allá de su antigüedad, El Pino permite desentrañar cómo aquellos primeros pobladores utilizaban el instrumental del que disponían. "Cuando una herramienta está bien conservada y se ha utilizado para cortar madera deja una huella, un tipo de desgaste al microscopio", explica el arqueólogo.

Este análisis, conocido como traceología, permite identificar funciones concretas, desde la manipulación de carne hasta el trabajo sobre pieles o madera.

"Los cantos rodados no son herramientas, ni hachas de piedra ni machacadores", comenta Domínguez-Solera. "Las auténticas herramientas eran las lascas desprendidas durante la talla de la piedra, utilizadas como cuchillos para el despiece, la evisceración y el descarnado de animales", añade.

Selección de materiales modo 1 en cuarcita localizados en el yacimiento de El Pino (Cuenca). Cedida

En todo caso, el uso de estos enseres desbordaba la alimentación. "No se utilizaban para hacer fuego, eran para elaborar otras herramientas de madera que son las que no se conservan porque se pudren".

De esta suerte de ajuar no hay rastro registrado, pero se ha inferido su existencia con el estudio microscópico del desgaste de las piezas de piedra. La presencia de estos útiles ofrece una imagen mucho más sofisticada de estos grupos. "Tenemos la huella indirecta de la panoplia completa y compleja del ser humano de hace un millón de años".

La claridad estratigráfica de El Pino refuerza la solidez de estas conclusiones. "Es un yacimiento en el que no hay nada casi mezclado con etapas posteriores de los neandertales: los materiales de un millón de años están muy claros". Las herramientas allí descubiertas sirvieron, "sobre todo, para procesar animales", aunque algunas pocas se destinaron a carpintería.

La excepcional conservación facilita la interpretación arqueológica. Respecto a los protagonistas de esta historia, las evidencias apuntan al Homo erectus o al Homo antecessor, una presencia que conecta los hallazgos de Cuenca con los grandes focos del poblamiento humano en Europa, como Atapuerca.

Grupos de población eficientes

Lejos de ser comunidades rudimentarias, las evidencias encontradas describen poblaciones con tecnología adaptada, un profundo conocimiento del entorno y estrategias eficaces de organización vital.

Montaje de los trabajos de recuperación de restos de fauna en El Provencio y de Santiago Domínguez-Solera. EL ESPAÑOL de Castilla-La Mancha

El hecho de "tallar industria simple y sencilla" responde a una doble condición de "eficaz y eficiente". Aunque en regiones como África ya se desarrollaban industrias con bifaces, en El Pino se empleaban procedimientos básicos porque resultaban útiles.

También el patrón de asentamiento revela una complejidad que los hallazgos recientes empiezan a perfilar. "Eran nómadas, pero cazaban y recolectaban en el mismo sitio de forma recurrente". Los cursos fluviales reunían agua, fauna, vegetación y materias primas, lo que los convertía en enclaves estratégicos para estos grupos.

Además, esta forma de vida se adivina cómoda. "El cazador-recolector tenía una vida relativamente fácil, con pocas horas dedicadas a su existencia conseguía sobrevivir". El éxito se fundamentaba en un equilibrio entre movilidad, conocimiento del territorio y aprovechamiento de los recursos disponibles. "No tenían una existencia penosa", destaca.

La convivencia del humano y el mamut

Por su parte, en El Provencio —otro de los yacimientos principales de la provincia— el registro arqueológico ha ampliado la diversidad de los hallazgos.

Uno de los principales descubrimientos abunda en los aspectos cotidianos. "Hemos observado que no transportan la materia prima, sino que preferían aprovechar la que tenían".

Incluso cuando existían recursos de mejor calidad a pocos kilómetros, la elección respondía a criterios de eficiencia. "Empleaban materiales de peor calidad porque los tenían a mano y en abundancia para tallarlos".

El manejo de la piedra y la madera que tenían a mano desborda la idea de supervivencia precaria con que se ha entendido a este primer humano. "No lo hacía porque no supiera ni pudiera, sino porque se lo hacía fácil a sí mismo". Para Domínguez-Solera, este comportamiento evidencia una toma de decisiones racional y adecuada al entorno.

Molares de Mammuthus trogontherii, hallados en El Provencio. Cedida

También allí se ha documentado un mamut cuya antigüedad ronda los 800.000 años. Aunque no existen evidencias directas de su caza, sí se confirma la coexistencia del extinto mamífero con grupos humanos.

El Provencio ofrece una secuencia excepcional de industrias líticas. "Tenemos modo 1, modo 2 y modo 3: olduvayense, achelense y musteriense". Esta continuidad permite rastrear la evolución tecnológica desde los primeros pobladores hasta los neandertales, cuya desaparición en la zona se sitúa hace unos 41.000 años.

La investigación continúa. Mientras nuevas piezas pasan por el laboratorio, el equipo trabaja en la digitalización y el estudio de "unas piezas magníficas de modo 1 [la tecnología de herramientas de piedra más remota] que pueden ser incluso más antiguas" que la fecha en que se data este enclave.

Una mirada antropológica

El balance de estos años de investigación resulta halagueño. El trabajo realizado "demuestra que el poblamiento del interior peninsular es muy intenso y continuo", resume Domínguez-Solera, quien apuesta por "seguir trabajando en arrojar luces a la dificilísima tarea de ir viendo, pasito a pasito, cómo vivían, cómo sobrevivían".

Cada avance es el resultado de un trabajo paciente que va más allá de la excavación. El proyecto combina campañas sobre el terreno, estudios de laboratorio y un enfoque interdisciplinar que cruza datos de la arqueología, la geología o la paleontología.

En cualquier caso, "nuestra labor no se limita a encontrar materiales prehistóricos en controles de obra y evaluaciones de impacto; también desarrollamos proyectos de investigación propios", enfatiza. Además, avanza que la exploración de cuevas en la que el equipo trabaja ofrecerá nuevos resultados en próximas fechas.

"Ha cambiado la fauna, ha cambiado la flora, pero el ser humano siempre ha estado ahí", remarca el especialista. La extraordinaria capacidad de adaptación del humano constituye uno de los grandes hilos conductores de la historia de la especie.