En un contexto donde el precio de la vivienda libre se ha disparado un 12,7 % en 2025, su mayor repunte desde el año 2007, según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), muchos buscan escapar de esta burbuja del ladrillo mudándose a zonas rurales donde, por el momento, esa inflación es más atenuada.
Maite, una mujer natural de Valencia, es una de esas muchas personas que ha tenido que dejar su hogar en la ciudad por los elevados precios inmobiliarios. "Me pedían 550 euros de alquiler por un quinto piso de 50 metros cuadrados sin ascensor", relata en un vídeo compartido por la plataforma Proyecto Arraigo.
Tras un accidente y una serie de reveses personales que la dejaron sin empleo, tomó la valiente decisión de mudarse junto a su familia a Cañete, un pueblo de la provincia de Cuenca de apenas 870 habitantes. "Me vine con una mano delante y otra detrás", confiesa.
Vista aérea de Cañete (Cuenca).
¿Por qué Cañete? La diferencia de cifras es abrumadora según su propio testimonio. Mientras en Valencia destinaba una gran parte de su sueldo por un espacio minúsculo, "aquí estoy pagando 350 euros por una casa de tres plantas con patio", subraya.
Ese giro de 180 grados no fue solo una cuestión de vivienda. El ajetreo, el gasto constante en transporte público y el modo de vida estresante en la gran urbe fueron sustituidos por un lugar que respira tranquilidad y cercanía: "Ha sido la mejor decisión que he podido tomar", afirma.
Detrás de esta historia está el Proyecto Arraigo, una entidad que acompaña a personas que buscan una segunda oportunidad en la España rural. Solo en la provincia de Cuenca han facilitado la llegada de cerca de 80 familias.
El empleo y la falta de oferta laboral son algunos de los prejuicios que asolan a los pueblos. En este sentido, Maite ha encontrado su lugar en el Hostal Restaurante La Muralla de Cañete y por ello insta a eliminar esa barrera: "Hay muchas opciones si tienes ganas de trabajar y ganar en calidad de vida".
Su decisión parece definitiva y al ser preguntada por su futuro no tiene dudas. "Dentro de 10 años me veo viviendo en Cañete, a la ciudad ya no vuelvo", subraya.
Mientras los precios del alquiler y el coste de vida urbano siguen asfixiando a la clase social más humilde, la España vaciada se está convirtiendo en una oportunidad real de futuro para jóvenes, jubilados y madres de familia como Maite.
