La España vaciada se ha convertido en el refugio de aquellos que huyen del ritmo frenético de la ciudad y de los desorbitados precios de la vivienda y el ocio.
Esta es la historia de Alberto, un panadero de Villalba Sasserra (Barcelona) que hace dos años decidió mudarse junto a su pareja y sus dos hijos a Saélices, un pequeño pueblo de la provincia de Cuenca con apenas 500 habitantes, para montar su propio obrador: la 'Tahona Corona'.
Alberto decidió dar un giro de 180 grados a su vida por una necesidad profesional y económica. "Estuve de alquiler en una panadería durante diez años y no llegué a un acuerdo con los dueños. Entonces empecé a buscar y ampliar el radio porque Barcelona estaba intocable", relata en un vídeo compartido por Proyecto Arraigo.
Alberto junto a vario representantes de la Confederación de Empresarios de Cuenca.
Fue entonces cuando entró en contacto con el Proyecto Arraigo, una entidad que ayuda a personas a construir una vida estable en el medio rural. En un primer momento visitó una aldea de la provincia de Soria y posteriormente le invitaron a conocer Saélices.
"Creo que si no hubiera estado con ellos no hubiera conocido el pueblo ni de broma. Eso fue crucial", confiesa.
En esta primera toma de contacto, también fue vital la intervención de la alcaldesa, Paloma Jiménez. La regidora conquense le mostró varios locales donde implementar su panadería.
Finalmente, Alberto se decantó por un lugar que antes era "todo un patio" para convertirlo en el rincón que surte de pan, bollos y dulces a los vecinos y visitantes.
Exterior de la panadería de Alberto en Saélices.
Para la financiación, el barcelonés relata que contó con un crédito de bajos intereses por parte de la Diputación de Cuenca, una ayuda que agradece profundamente.
El trato cercano y el compromiso por la calidad son las claves que resumen su obrador artesanal ubicado en la avenida Madrid-Valencia. En 'Tahona Corona', todos sus panes y pasteles se elaboran a mano, sin aditivos y en horno de leña.
Sobre el truco para mantener a flote un negocio en la España vaciada, Alberto tiene claro que está en "insistir, si tienes un buen producto al final la gente lo reconoce", destaca.
Hacer vida lejos de casa no es un camino fácil, sobre todo si ya has forjado una familia. Antes de dar el paso, Alberto confiesa que tuvo miedo al cambio y la distancia. "Al principio mis hijos se sorprendieron, pero luego me apoyaron y me decidí", relata.
Hoy, tras dos años afincado en esta pintoresca localidad junto al río Cigüela, el catalán hace balance y es más que positivo. "Mi vida ha cambiado para mejor. Tengo más calidad de vida, más tranquilidad y menos estrés", apunta.
Su primera impresión de Saélices fue la de un "pueblo bonito y acogedor", y la cálida recepción de los vecinos tanto a él como a su familia superó todas sus expectativas.
El salto de Alberto de la ciudad al mundo rural no es anecdótico, en este diario se han publicado casos como el de Rubén Poza, un ingeniero de Valencia que ha puesto en marcha un proyecto de plantación de lúpulo en Santa Cruz de Moya (Cuenca) que "da rentabilidad para que viva una familia de ello".
Para los que ven más barreras que puertas en la España vaciada, el panadero lanza un mensaje a futuro: "Creo que al final apostaremos por los pueblos porque no tiene nada que ver con vivir en una ciudad".
Las raíces que lo fijan a Saélices son tan fuertes que ya visualiza su futuro a largo plazo horneando pan para la gente del lugar. "No me echan de aquí ni con agua caliente. Vengo para siempre, vaya", concluye.
