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Cada mes de septiembre, el olor a uva madura y sarmiento inunda toda la Mancha. Con el inicio de la vendimia, la comunidad autónoma catalogada como "el mayor viñedo del mundo" necesita brotes verdes, es decir, gente joven que quiera continuar con la labor agrícola, además de trabajadores para recolectar el fruto.

Un nuevo estudio de la Universidad Oberta de Cataluña (UOC) concluye tras más de 100 entrevistas a agentes del sector primario que "el campo no se está vaciando por falta de vocación, sino porque las reglas del mercado y las barreras de acceso han expulsado a la pequeña y mediana escala de producción".

Jaime Moreno representa precisamente ese ansiado relevo. A sus 28 años, este joven de Tomelloso (Ciudad Real) suma ya una década de experiencia en el campo, gestionando junto a su padre José Antonio una explotación familiar de unas 85 hectáreas orientadas principalmente a la vid.

Jaime Moreno junto a su tractor en plena campaña de la vendimia en Tomelloso (Ciudad Real). Cedida

Contra el criterio de sus propios progenitores y seres queridos, Jaime siguió su vocación. "Estudié un Grado Medio de Administración a la fuerza por mis padres. Al final les di un palo cuando les dije que iba a ser agricultor", recuerda.

Esa pasión y espíritu juvenil tropieza a diario con múltiples obstáculos. En plena campaña de recolección de la uva Airén, Jaime no encuentra temporeros en situación regularizada. "Gente para vendimiar hay, pero la mayoría sin papeles y en nuestro caso no queremos tener a personas sin poder dar de alta por si pasa cualquier circunstancia".

El joven agricultor señala que tener empleados sin contrato laboral puede suponer una sanción administrativa que va desde los 6.000 hasta los 20.000 euros. "Pago 100 euros al día y no encuentro españoles. Los únicos somos mi padre y yo, las otras diez personas que llevamos son extranjeros".

En cuanto a las condiciones laborales, Moreno rompe un mito y afirma lo siguiente: "A las 7:30 horas de la mañana ya están cortando racimos y sobre las 15:30 horas se empieza a ver el polvo por los caminos de todo el mundo volviendo para casa".

Actualmente, su finca combina los viñedos tradicionales en bajo con plantaciones en espaldera, pero las dificultades para contratar personal le obligan a pensar en una reconversión. "Estamos buscando modernizar el campo y llevarlo todo a espaldera para cosechar todo con una máquina", señala.

VÍDEO QUE ME HA MANDADO

A la falta de mano de obra regularizada se suma la presión de las inspecciones. En los diez años que lleva subido a un tractor, Moreno recuerda varias inspecciones de trabajo por parte de la Guardia Civil y la administración. "Entiendo que hacen su trabajo, pero que no nos traten como si fuéramos delincuentes", lamenta.

La ecuación se completa con una escasa rentabilidad que no cubre los costes de producción. Los precios del kilo de variedades autóctonas de Castilla-La Mancha como la Airén oscilan entre los 15 y los 27 céntimos. "No he sacado el cálculo de lo que me cuesta cosechar un kilo porque si valoro mi trabajo salgo a pérdidas seguro", confiesa.

Jaime Moreno junto a su tractor en plena campaña de la vendimia en Tomelloso (Ciudad Real). Cedida

Sus gastos diarios en campaña son más de 1.000 euros en salarios (100 euros por trabajador), 150 euros en Seguridad Social y unos 250 o 300 euros en gasóleo para dos tractores, sin contar el desgaste de la maquinaria.

Sin margen para el beneficio, la supervivencia de las explotaciones familiares como la de Jaime y su padre dependen casi de ayudas públicas. "Es triste decirlo, pero vivimos por las subvenciones que nos dan. Para mí que se acabaran, pero si a cambio nos pagan el producto como debe ser", subraya.

En este sentido, el joven de 28 años admite que conseguir independencia económica con la agricultura es toda una utopía: "Yo ahora mismo vivo con mis padres y los beneficios los reinvierto en maquinaria. Si tuviera que vivir solo, no podría subsistir".

Mientras el mayor viñedo del mundo se vacía de españoles y de chicos de su edad, Jaime Moreno seguirá arrancando su tractor cada madrugada para demostrar que todavía hay "locos" —como dice él— que luchan por resucitar la agricultura. "Es algo que he mamado desde pequeño", concluye.