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En el pueblo minero de Almadén (Ciudad Real) nació una curiosa expresión tan cotidiana para los de dentro como exótica para los de fuera. Los almadenses no "salen de cañas" ni se "van de vermut", ellos "hacen la baca".

Esta frase popular resume el almuerzo compartido entre amigos, familia o compañeros de trabajo siempre acompañado de generosas tapas que normalmente se paga por rondas. No es una gran celebración, sino un pequeño ritual que marcaba una pausa muy esperada en la jornada de los cientos de trabajadores mineros del municipio.

El origen exacto de la expresión "hacer la baca" no está del todo claro y ahí reside parte del encanto de una de las tradiciones más queridas de la comarca. Algunas teorías la vinculan con el dios romano Baco y su asociación directa con el vino y la celebración.

Otras ponen el foco en el bacalao, uno de los aperitivos más comunes en estas reuniones sociales, como posible responsable del término. Asimismo, se ha propuesto como origen la "hora de vacar", el momento de descanso de los presos de la antigua cárcel-mina de Almadén.

No falta quien relaciona esta frase hecha con otra muy similar, "hacer la vaca", extendida en países de América Latina y que refleja la recolecta entre varias personas para sufragar una fiesta, unas bebidas o un gasto común.

Una forma de hablar que también se escucha en otros municipios cercanos como Chillón donde también se ha sembrado la duda sobre si se escribe con "b" o con "v".

Con el tiempo, este gesto cotidiano se consolidó como un ritual entre los mineros y salió más allá de las galerías para convertirse en la excusa de muchos días de feria y fiestas cuando la "baca" con "b" se alarga hasta la noche.

Para el visitante, participar en una de estas "bacas" no es solo probar las famosas berenjenas en vinagre del lugar, su morcilla o sus quesos, sino formar parte de una tradición que hoy honra la cultura popular de Almadén.