El pasado viernes 2 de octubre, Madrigueras sufrió la mayor riada de su historia. En cuestión de dos horas, las lluvias dejaron alrededor de 140-150 litros por metro cuadrado en los alrededores de este pueblo albaceteño y se acabaron convirtiendo en un inesperado tsunami que se llevó por delante la vida de una mujer centenaria y provocó daños millonarios en el pueblo: decenas de vehículos fueron arrastrados por la corriente; numerosas viviendas quedaron enfangadas.
Ubicada en La Manchuela, al norte de la provincia de Albacete, esta localidad de más de 4.500 habitantes está situada sobre una llanura cuyo punto más alto supera los 740 metros. El experto en inundaciones y catedrático de la Universidad de Castilla-La Mancha, José María Bodoque, extiende las referencias geográficas explicando que, a unos cuatro kilómetros del centro del pueblo, pasa el río Valdemembra y una cañada a la que se conoce como la de Iniesta.
Sin embargo, Bodoque asegura que ni el río Valdemembra, que "en el pasado causó inundaciones", ni la cañada han sido los motivos para que Madrigueras amaneciese el pasado 3 de octubre entre barro.
Por su parte, Santiago Rubio, representante provincial en Albacete del Colegio de Ingenieros de Caminos de Castilla-La Mancha, añade que Madrigueras tiene "una serie de pequeñas cuencas, vaguadas y ramblas que conducen el agua hacia el entorno urbano".
Asimismo, recuerda que la calle Tarazona "sigue el trazado de la antigua conducción de La Cañería, que llevaba agua desde un manantial próximo hasta el pueblo".
"Era una conducción que funcionaba por gravedad, por lo que su trazado aprovechaba la topografía del terreno mediante una rasante descendente", dice mientras recalca que, aunque esto no significa que fuese un cauce natural, sí hace que su trazado sea un elemento interesante, pues esta calle fue la misma que se vio completamente anegada durante la tromba de agua.
Esas mismas "vaguadas" a las que hace referencia Rubio, son las que, según Bodoque "concentran la escorrentía" que acaba acumulando el agua en las "calles del casco urbano" y convirtiéndolas en "auténticos ríos".
El experto en inundaciones detalla que en el propio núcleo urbano "hay un topónimo", a lo que llaman como “la balsa” y que en el pasado funcionaba como “una zona de acumulación de agua cuando ocurrían eventos similares” a los del 2 de octubre.
Ambos coinciden en que lo sucedido en Madrigueras fueron precipitaciones extraordinariamente intensas concentradas en un periodo de tiempo muy corto. Según los datos facilitados por la Junta, la localidad acumuló 142 litros por metro cuadrado en dos horas y media, una cantidad que, a juicio de Rubio no explica "por sí solos toda la inundación".
"Son el detonante fundamental, pero la magnitud de la respuesta depende también de cómo estaba la cuenca y de cómo se concentró y circuló el agua", dice. Así, sostiene que en materia de hidrología no importa únicamente la cantidad total de lluvia, también "la intensidad, la duración, la distribución espacial de la precipitación y las condiciones del terreno".
Según el representante provincial, las características de los suelos tienen una "influencia fundamental" en la cantidad de agua que termina circulando superficialmente, y asegura que este "no tiene una capacidad infinita para absorber agua".
Por ello, las condiciones del terreno agrícola son también un factor importante puesto que "un suelo agrícola recién labrado y sin cubierta vegetal puede tener una respuesta hidrológica diferente a la de un terreno con una cubierta vegetal desarrollada". Así, la estructura superficial, el laboreo, la humedad antecedente y la presencia o ausencia de vegetación influyen en la infiltración y en la generación de escorrentía.
Bodoque precisa que el suelo de Madrigueras es, lo que se conoce en terminología agronómica como "arenoso franco", es decir, un suelo permeable pero no tanto como para absorber o facilitar la infiltración de un volumen de lluvia como el que vivió. Además, indica que la red de alcantarillado del casco urbano tampoco pudo asimilarlo, lo que provocó que se generasen "escorrentías".
Según Rubio, las carreteras AB-105 y CM-316 fueron elementos relevantes desde el punto de vista hidráulico porque atraviesan las cuencas de aportación y pueden modificar el recorrido del agua.
Se trata de infraestructuras que disponen de "drenajes transversales" para permitir que la escorrentía pase de un lado al otro de la carretera sin afectar a la continuidad del flujo. "Habitualmente, los drenajes transversales de este tipo de carreteras se dimensionan para determinados periodos de retorno, que pueden ser del orden de 100 años en función de la normativa y de la categoría de la infraestructura", dice.
A su juicio, con este episodio no se puede descartar que se hayan superado también los caudales para los que fueron dimensionadas algunas de las obras de drenaje transversal, incluso aunque "no podamos afirmar todavía qué periodo de retorno concreto corresponde al episodio". Calcular los caudales generados por la tormenta, comprobar cómo llegaron a cada obra de drenaje y compararlos con su capacidad y con sus condiciones de diseño, son elementos necesarios para determinar la modelización.
Una modelización hidrológica e hidráulica completa de la cuenca que, según Rubio, es lo que se debería realizar para evitar que vuelva a suceder lo ocurrido.
Una vez realizado este trámite, entrarían en juego otras medidas como actuaciones en el entorno agrícola, estudio de las posibles zonas de laminación o retención aguas arribas, actuaciones sobre caminos y ramblas, capacidad de obras de drenaje de las carreteras AB-105 y CM-316. En el casco urbano, se debería "revisar el drenaje superficial y subterráneo e identificar los corredores por los que el agua puede entrar en una avenida extraordinaria".
Santiago Rubio también menciona la iniciativa de modificación de la Ley de Aguas que han apoyado desde el Colegio. Esta propuesta plantea incorporar tres principios al artículo 14 del texto refundido de la Ley de Aguas, aprobado por el Real Decreto Legislativo 1/2001, de 20 de julio: la protección de la vida y la integridad humana, la inversión suficiente para mitigar los riesgos naturales derivados de inundaciones y sequías, y la profesionalidad, capacidad e idoneidad técnica de los cargos y puestos técnicos de la Administración pública del agua.
Para el representante provincial, esta inundación deja un mensaje importante: "Tenemos un antecedente histórico en los años 50 y ahora hemos tenido un episodio que ha superado claramente aquella referencia. Eso debería llevarlos a estudiar el territorio con herramientas actuales y a diseñar las medidas de prevención a partir de una modelización rigurosa, no simplemente a reaccionar después de cada inundación".
