"Llegó tarde y no estábamos preparados". Lorena Jiménez, vecina de toda la vida de Madrigueras, rompe a llorar al recordar el aviso ES-Alert enviado durante la tormenta del pasado viernes y cómo, cuando llegó, el agua ya había convertido en cuestión de minutos la planta baja de su casa, en la calle Polvorín, en una laguna de unos 45 centímetros de altura.
"Fue cuestión de diez minutos", explica aturdida a EL ESPAÑOL de Castilla-La Mancha. En ese tiempo, una tromba de agua que llegaba desde la zona de la carretera de Tarazona comenzó a ganar terreno por las calles de esta localidad de La Manchuela, de algo más de 4.200 habitantes, hasta entrar en las viviendas. Lorena estaba en el patio cuando se dio cuenta de que aquello no era una tormenta más.
"No sabíamos cómo reaccionar". La familia consiguió meter los coches dentro de casa, pero el agua siguió avanzando hasta alcanzar el salón, el baño, la cocina, el patio, el garaje y la 'cocinilla'.
"Cuando logramos subir arriba de mi casa la calle estaba llena de agua y empezó a llevarse los coches, las cosas...", cuenta. Y entonces llega el silencio al otro lado del teléfono porque Lorena vuelve a emocionarse. Le cuesta hablar cuando intenta explicar qué significa ver bajo el agua una casa en la que su familia lleva tantos años. No habla únicamente de los daños materiales, sino de todo lo que había dentro de aquellas habitaciones.
Recuerdos llenos de lodo
Los muebles están hinchados, la cocina y los electrodomésticos están dañados y muchos de los objetos que había dentro de la vivienda terminaron flotando. Pero para ella el problema no se reduce al dinero que pueda costar sustituirlos. "Es que son muchos años, son cosas que han ido haciendo mis padres, recuerdos...", explica.
La incredulidad aparece una y otra vez cuando Lorena intenta explicar por qué nadie esperaba que Madrigueras pudiera acabar así. "Aquí nunca nos ha pasado nada, nunca, nunca", insiste. Es un pueblo albaceteño en el que, según cuenta, no estaban acostumbrados a situaciones de este tipo y en el que nadie pensaba que el agua pudiera entrar de aquella manera en las casas.
"Parecía la DANA de Valencia", afirma cuando intenta encontrar una comparación para lo que vio aquella tarde. Las calles estaban llenas de agua y la corriente arrastraba vehículos y objetos. Su cuñado también sufrió las consecuencias en su negocio. "Se ha llevado todo", resume Lorena al recordar los daños en la tienda, el mobiliario y el suelo. Incluso uno de los coches terminó siendo desplazado por el agua hasta una fachada.
La escena se repitió en otros puntos del municipio. "Ha afectado a la librería, al estanco, a muchos negocios...". También la iglesia y la plaza sufrieron daños, con parte del pavimento levantado por la fuerza del agua. "Todo lo que había por medio se lo llevaba", cuenta.
"Un mensaje tardío" y "sin poder llamar"
"Las inundaciones habían comenzado alrededor de las 18:00 horas y el ES-Alert no se recibió hasta una hora y media más tarde". Lorena recuerda perfectamente cómo lo vivieron: "Cuando llegó el ES-Alert nosotros ya estábamos con el agua". Por eso repite una frase que se le ha quedado grabada: "Llegó tarde y no estábamos preparados".
La situación se hizo todavía más angustiosa porque dejaron de funcionar las comunicaciones. "No teníamos internet, no teníamos cobertura, no podíamos llamar". Para una familia que estaba intentando proteger su propia casa, aquello significaba además no poder saber qué estaba ocurriendo con otros familiares. "No sabíamos nada de nadie, la gente gritaba por la calle para saber sobre sus vecinos o familiares", recuerda.
Situación actual de Madrigueras.
La noche tampoco terminó cuando dejó de entrar agua. "Nos quedamos hasta las tres de la mañana sacando agua". Después, alrededor de las cinco, sus padres volvieron a levantarse para seguir con las tareas de limpieza. Había que retirar el agua, sacar los muebles afectados y comprobar qué podía salvarse. "No podíamos parar".
Durante aquellas horas también llegaron noticias que hicieron todavía más difícil asimilar lo ocurrido. Una mujer de 100 años murió después de que el agua inundara su vivienda mientras estaba sola. Lorena conoce de cerca el impacto que ha tenido la noticia en el municipio y recuerda especialmente la preocupación que sufrió por sus abuelos que podían encontrarse solas en sus casas. "Vivimos momentos muy tensos", explica.
A pesar de todo, también habla de quienes acudieron a ayudar. "Tenemos muchísima gente ayudando". Llegaron vecinos de Madrigueras y de localidades cercanas, además de Policía, Guardia Civil y bomberos. Algunos acudieron con palas y otros con tractores para intentar retirar el agua y ayudar a quienes no podían hacerlo por sí mismos. "La gente se ha volcado muchísimo", cuenta Lorena.
Ahora, sin embargo, queda algo que no se limpia con una pala ni se arregla cambiando un mueble. "Ahora cuando llueve estamos con miedo". Lo dice después de explicar que, antes de la riada, una tormenta no significaba para ella más que lluvia. "Cuando llueve, pues no salimos". También han empezado a pensar en qué hacer si vuelve a ocurrir: "Intentar estar en lo más alto que puedas para que no te arrastre el agua".
Le cuesta imaginar que pueda volver a vivir con normalidad después de lo ocurrido. "Todavía no me creo esto", reconoce. Y vuelve a recordar aquella tarde, los diez minutos en los que todo cambió, el agua dentro de su casa y la alerta que llegó cuando ya estaban intentando protegerse.
Restos de por donde ha pasado la riada en Madrigueras.
"Menos mal que no había niños afectados, si esto llega a pasar a la hora de salir del colegio...", dice en un momento de la conversación. Es una de las cosas que, dentro de todo lo ocurrido, Lorena considera una suerte.
Porque cuando mira lo que ha quedado en Madrigueras, sabe que muchas cosas podrán limpiarse, repararse o sustituirse, pero también que hay algo que no ha vuelto a ser igual desde aquella tarde: la tranquilidad con la que antes se escuchaba llover en la localidad albaceteña.
