Los ocho vecinos de Moriscote viven una historia de cuento dramático. Esta pequeña aldea de la provincia de Albacete sufre un dilema administrativo: su término municipal pertenece a tres ayuntamientos distintos (Ayna, Liétor y Alcadozo).
El político, economista y geógrafo español, Pascual Madoz, ya menciona esta pedanía en su Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España (1845-1850), aunque por entonces solo dependía legalmente del municipio de Ayna.
Con la división provincial impulsada por Javier de Burgo en 1833, Moriscote queda justo en la unión de tres términos municipales. Es más, la primera casa del pueblo es de Alcadozo, la segunda ya corresponde a Ayna y, más adelante, la carretera deja un lado para Liétor y otro para Ayna.
Una de las calles de Moriscote.
El alcalde de Moriscote, Javier Tercero, atiende a EL ESPAÑOL de Castilla-La Mancha para contar cómo se vive en esta encrucijada administrativa que, según asegura, les ha sumergido en un abandono institucional.
"Es peculiar, pero para nosotros de mala manera", resume, antes de lanzar una crítica: "Se pasan la pelota de unos a otros y estamos olvidados".
El alcalde de Moriscote, Javier Tercero.
Un pueblo en tierra de nadie
El origen de Moriscote se vincula a una fuente: un nacimiento de agua que dio vida a la aldea, pero brotó justo en ese punto cero donde confluyen tres municipios, levantando un laberinto donde hoy se pierden la esperanza y la prosperidad de sus vecinos.
La poca ilusión que les queda permanece en esa fuente que la asociación vecinal desea restaurar y condicionar para convertirla en el primer paso de una nueva etapa.
Vecinos de Moriscote limpiando la fuente.
Las calles se llenan de hierbas que, con suerte, solo se limpian una vez al año en vísperas de las fiestas patronales. No hay badenes que frenen los coches que atraviesan el municipio y los únicos bancos instalados son aquellos que se han retirado de otros lugares debido a su mal estado.
Ejemplos de que no hay un plan claro de quién se encarga de qué. "Una mujer me preguntó dónde podía tirar una botella y le tuve que decir que no había siquiera un contenedor de cristal para poder reciclar", cuenta Javier.
Estado de abandono de una zona de Moriscote.
Los ayuntamientos de Ayna, Liétor y Alcadozo alegan falta de presupuesto y de personal para llegar a todo. Una respuesta que no convence a los vecinos de Moriscote. "Entiendo que tengan prioridad en sus pueblos, pero aquí también viven personas", argumenta el alcalde.
Más gatos que vecinos
Más allá de ser un pueblo partido en tres, Moriscote ha saltado a la fama por los gatos. Entre los corrales, las casas vacías y los tejados, los felinos han conformado una comunidad de una veintena de ejemplares, cuadriplicando el número de habitantes.
Un gato en la entrada principal de Moriscote.
"Cuando vivía más gente, nos lo íbamos repartiendo y les echábamos de comer, pero la gente se fue a las ciudades por trabajo o estudios y los gatos se quedaron aquí", cuenta Ana, hermana de Javier e impulsora de la asociación 'Gatos de Moriscote'.
A raíz del sacrificio de Guitarrita, un gato que se puso muy enfermo, Ana y varios vecinos se organizaron para cuidar de estos "peluditos", siempre bajo el método CES. Así nació esta organización sin ánimo de lucro que sueña con un local vacío que pueda convertirse en un refugio animal.
Una foto personal de Ana.
"Al final somos voluntarias, no recibimos ninguna ayuda ni nada". Un contexto que les ha llevado a hacer manualidades para captar fondos. "Sacamos dinero para pienso o cualquier gasto veterinario que surja", señala.
De rebote surgió la idea de abrir una cuenta de Instagram (@gatosdemoriscote) que se ha convertido en la ventana de promoción de esta aldea. "Muchos pensaban que era un nombre inventado, ahora por lo menos sitúan el pueblo", celebra.
Pese a estar en el olvido, los vecinos no tiran la toalla. "Tenemos una casa rural y últimamente nos visita gente de toda España, incluso de Francia", resalta el alcalde.
Un gato en Moriscote.
Javier ve con buenos ojos este crecimiento turístico, pero para él de poco sirve si sigue sin materializarse en más inversión y cuidados. "Da mala imagen tener el pueblo lleno de hierbajos", insiste el alcalde.
En Moriscote hay casas en venta, huertas abandonadas y agua suficiente para todo tipo de proyectos. "Nos vendría bien si alguien quisiera montar un invernadero. Hay tierra y agua, solo faltan ideas y apoyo", incide.
Mientras las administraciones discuten competencias, Moriscote solo pide un mínimo de atención para que "venga gente con ganas de vivir" y, de paso, sus gatos puedan seguir maullando.
