En pleno siglo XIX, España se vio envuelta en una encrucijada a manos de los franceses. En un intento por hacerse con el territorio peninsular, los galos se toparon con la sólida resistencia de los españoles. En mitad de aquel brete, la entonces Villa de Valdepeñas encontró a una paladina entre sus vecinas. Ella fue Juana Galán, la mujer que alentó y organizó a decenas de valdepeñeras a luchar contra el enemigo. Esta gesta consiguió la salida de galos y el nombramiento popular de Juana como 'La heroína de Valdepeñas'.
Entre tinajas de barro y vid nació en Valdepeñas su heroína más joven, Juana María Galán y Heredia (1787). La mayor de siete hermanos era hija de una familia burguesa acaudalada propietaria de una gran casa de fonda y taberna a la entrada de la Villa de Valdepeñas.
Debido a la ubicación de la taberna, la familia Galán y Heredia eran sabedores como pocos de los acontecimientos que acaecían en el municipio y en sus alrededores.
La tierra de Don Quijote y los molinos de viento, es también la mayor extensión de tierra a lo ancho del globo en la que brota ese oro líquido teñido de rojo al que llaman vino. En época de Juana, Valdepeñas fue el epicentro del cultivo, producción y exportación de vino.
Aunque este territorio ya se había colado en los libros de historia por la importancia de la vid, aún le faltaba su capítulo más importante. A principios del siglo XIX, las tropas francesas capitaneadas por el militar y conquistador Napoleón Bonaparte, llegaron a suelo español tras un engaño diplomático al entonces rey de España, Carlos IV, y a su valido, Manuel Godoy.
En un principio, la corona española firmó con la república francesa el Tratado de Fontainebleau, que permitía a los galos entrar a la parte hispana de la península ibérica para acceder a la zona portuguesa e iniciar una campaña de conquista.
Sin embargo, el Gran Corso manchó su firma con la mentira y la traición al desatender la naturaleza real del acuerdo. Así fue como las tropas francesas entraron al Reino de España y de las Indias en 1808. A partir de ese momento, una serie de batallas comenzaron a dejar huella en los libros de historia.
Las tropas enemigas fijaron su objetivo en aquel lugar de La Mancha el 6 de junio de 1808 al ser parte del Camino Real que los conducía hacia Andalucía. Ese día, el pueblo manchego se levantó en armas contra los galos en la conocida Batalla de Valdepeñas.
La Galana fue ese volcán calatravo con el que los franceses no contaron. Con tan solo 20 años, y siendo testigo de la escasez de hombres para defender su pueblo, Juana transformó su arrolladora personalidad en un polvorín de carisma que permitió alentar a cientos de valdepeñeras para organizarse y luchar contra el invasor.
Las armas de las vecinas fueron litros de agua y aceite hirviendo lanzados desde sus ventanas al paso de las tropas. Juana salió a la calle. Su escudo era su amor y su sentido de pertenencia a la tierra que la vio nacer. Su arma era una porra.
Ese bastón corto y rígido de madera fue el trofeo que la heroína manchega alzó al cielo cuando consiguieron mantener a salvo su pueblo y echar de sus tierras a los adversarios. Esta pequeña victoria sirvió para una gran gesta: el retraso de las tropas francesas a su paso por Valdepeñas permitió que los españoles se organizasen y consiguieran la primera gran victoria española en la Batalla de Bailén.
La resistencia de Valdepeñas supuso la muerte de cientos de personas de ambos bandos y la proliferación de un incendio que duró tres días y arrasó parte de la villa.
La mayor de los hermanos Galán y Heredia se desposó con Bartolomé Ruiz de Lerma —valdepeñero— el 2 de mayo de 1810. El matrimonio tuvo dos hijas. Sin embargo, cuando su segunda hija se abría paso a la vida, Juana la perdía.
El 24 de septiembre de 1812, la heroína de Valdepeñas murió instantes después de convertirse en madre por segunda vez y coincidiendo con la liberación de La Mancha con la entrada triunfal de Francisco Chaleco en Valdepeñas.
Descansó eternamente —sin conocer el final de la guerra, pues ésta terminó en 1814— sobre el terreno que la vio nacer y armarse de valor para defender lo que era suyo y alentar a sus contemporáneas a seguirla. Su valentía le valió el título de ‘heroína de la villa’, concedido por el pueblo de Valdepeñas.
