España arrancó el siglo XX dando la bienvenida a la que, años después, se convirtió en la primera doctora de matemáticas del país. Ella fue María del Carmen Martínez Sancho, la pionera toledana que el 8 de julio de 1901 llegó para completar la familia numerosa creada por José Martínez Simarro, ingeniero y funcionario ayudante de obras públicas, y Emilia Sancho Lahoz.
Alentada por su padre, licenciado en ingeniería, y respaldada por el apoyo materno, María del Carmen se mudó a la capital española para estudiar bachillerato en el Instituto Cardenal Cisneros. Tras finalizar sus estudios, la joven, remando a contracorriente de lo que la sociedad tenía estipulado para ella y todas las mozas de su edad, decidió matricularse en la universidad. Y para más inri siendo mujer, lo hizo en la Facultad de Ciencias.
En una nación gobernada por la entonces regente y madre del futuro rey Alfonso XIII, María Cristina de Habsburgo-Lorena, y en una sociedad cuyas reglas no escritas decían que el papel de las mujeres era ser catedráticas en las tareas del hogar y en el cuidado de sus maridos e hijos, la toledana decidió que su tesis no navegaría por revistas sobre cómo ser la esposa perfecta o la madre ideal, sino que el faro de su investigación serían mares de números y cálculos matemáticos.
Fue así como la castellanomanchega comenzó sus estudios de Ciencias Exactas en la Universidad Central de Madrid. Durante su paso por la facultad, María del Carmen fue testigo de la desigualdad de género padeciendo reglas muy estrictas sobre las aulas mixtas. Mientras ellos se movían con total libertad, ellas eran relegadas a las peores posiciones, de hecho solo podían sentarse en las zonas reservadas para las pocas estudiantes femeninas.
Lo suyo no fue un camino de rosas, y aunque durante aquellos años se pinchó con alguna que otra espina, también contó con la ayuda excepcional de algunos hombres. Uno de sus profesores de Análisis Matemático, Julio Rey Pastor, la animó a colaborar con el Laboratorio y el Semanario Matemático universitario.
Después de años de esfuerzo, llegó la recompensa y la toledana consiguió, en 1924, el título de matemática con nada menos que calificaciones sobresalientes. Ella no se conformó con un solo logro y continuó su formación entre aritmética, álgebra, estadística y geometría para, en 1928 y con tan solo 27 años, ser presentada ante el mundo como la primera doctora en matemáticas de España.
Con determinación y mucha valentía, aquella joven que dejó su Toledo natal para adentrarse en la vorágine del día a día madrileño con un propósito, lo alcanzó y de qué manera. Abrió el camino a futuras doctoras matemáticas tras defender su tesis de geometría diferencial "Contribución al estudio de los espacios normales de Bianchi" y obtener un premio extraordinario por su trabajo y calidad.
Por aquel entonces, las matemáticas eran esa rama de la ciencia que para los contemporáneos de la toledana aún era un camino sobre el que edificar. De hecho, ella fue una de las personas que se encargó de descubrir partes de aquella ciencia exacta.
Desde 1925 formó parte de la Sociedad Matemática Española, en 1927 fue vocal de la Junta Directiva y en 1928 miembro del comité de redacción de la Revista Matemática Hispano-Americana. Para 1926, cuando aún se encontraba inmersa en la tesis, fue nombrada profesora ayudante para las clases prácticas de Análisis Matemático en la universidad donde estudió.
Mientras pasaba a los libros de historia como la primera doctora en matemáticas del país, la toledana también alcanzó otro hito de su carrera profesional al ser la primera mujer catedrática numerario de Matemáticas del Instituto de Ferrol.
Durante su etapa como doctoranda fue consolidando su trayectoria profesional y abriéndose espacio en el mundo de la enseñanza. De hecho, en 1922 la Junta de Ampliación de Estudios (JAE) la admitió como aspirante a Magisterio Secundario por Matemáticas.
Antes de entrar en los años 30, en 1929 se fundaron los institutos femeninos de Madrid y Barcelona. Al enterarse de dicha creación, María del Carmen solicitó el traslado a la ciudad que la vio convertirse en matemática. En Madrid comenzó su andadura como profesora del Instituto Femenino Infanta Beatriz.
La profesora, matemática y miembro de diferentes instituciones, dio también un paso internacional. Viajó hasta Alemania y continuó sus estudios e investigaciones. Este cambio de país fue posible gracias a la beca que le concedió la JAE en noviembre de 1930 para avanzar en sus estudios de Geometría Multidimensional. En Berlín, la castellanomanchega fue alumna de la Friedrich-Wilhelms Universitat.
Aunque siempre estuvo vinculada al país germano —participó en un Congreso Pedagógico en la capital tras sus estudios de Pedagogía de las Matemáticas—, volvió a España para asumir su puesto como profesora del Instituto-Escuela de Sevilla a partir de 1932.
A María del Carmen la guerra fratricida del 36 también le tocó de cerca. El instituto de Sevilla cerró sus puertas y a la profesora le tocó reinventarse. Hasta su jubilación, la toledana se afincó en la ciudad de los carruajes a la orilla del Guadalquivir donde ejerció como catedrática de matemáticas en el Instituto Murillo de Sevilla compaginándolo con sus clases de matemáticas para los alumnos de Ciencias Químicas de la Universidad de Sevilla.
De Castilla-La Mancha pasando por Madrid, Galicia, Alemania y Andalucía, la pionera en matemáticas pasó sus últimos días en Málaga, donde murió a la edad de 94 años.
