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Castilla-La Mancha se encamina hacia un cambio demográfico que reducirá la población disponible para trabajar mientras aumenta con fuerza el número de personas mayores de 64 años.

Las proyecciones del Instituto Nacional de Estadística (INE) apuntan a que la región tendrá 1.396.584 personas de entre 16 y 64 años en 2040, 33.292 menos que en 2030 y 38.776 menos que en el máximo previsto para 2033.

El descenso de la población en edad laboral coincidirá con un fuerte envejecimiento. Castilla-La Mancha pasará de 493.440 mayores de 64 años en 2030 a 626.159 en 2040, lo que supone sumar 132.719 personas en esta franja de edad y un incremento del 26,9 %.

El escenario dibuja así una doble evolución: menos población potencialmente activa y más población mayor. Una transformación que tendrá consecuencias sobre el mercado laboral, la capacidad de las empresas para cubrir vacantes y la sostenibilidad de los sistemas de protección social.

Los datos forman parte del análisis Inclusión y Empleo ante el reto demográfico, elaborado por el Observatorio de la Vulnerabilidad y el Empleo de la Fundación Adecco, en el marco del compromiso social de The Adecco Group.

Techo en 2033

La evolución no será lineal. Según las proyecciones de población del INE utilizadas en el informe, Castilla-La Mancha cuenta con 1.402.674 personas de entre 16 y 64 años en 2026. La cifra crecerá hasta 1.429.876 en 2030 y alcanzará su máximo en 2033, con 1.435.360 personas.

A partir de ese momento comenzará el descenso. En 2035 habrá 1.430.219 personas en edad laboral y en 2040 serán 1.396.584.

Esto significa que entre 2030 y 2040 la región perderá 33.292 potenciales trabajadores, un 2,3 %. Si se toma como referencia el máximo de 2033, la pérdida será de 38.776 personas.

Al mismo tiempo, la población mayor de 64 años crecerá de forma mucho más intensa: pasará de aproximadamente 493.440 personas en 2030 a alcanzar las 626.159 en 2040, sumando 132.719 personas.

El resultado es un estrechamiento progresivo de la base de población potencialmente activa al mismo tiempo que aumenta la población que ha superado la edad laboral convencional.

El propio informe advierte de que esta evolución se producirá incluso al margen de posibles cambios en la edad efectiva de jubilación o de una eventual prolongación de la vida laboral.

Más trabajadores sénior que jóvenes

Uno de los datos más significativos del escenario demográfico castellanomanchego se encuentra en la comparación entre las generaciones de mayor edad y las más jóvenes.

Las personas de 50 a 64 años seguirán siendo más numerosas que las de 20 a 34 años durante todo el periodo analizado.

En 2026 hay 484.255 personas de 50 a 64 años. En 2030 serán 506.937; en 2035, 509.085; y en 2040 habrá 489.048 personas de 50 a 64 años. La diferencia se reducirá con el paso de los años, pero no desaparecerá.

En la actualidad, la población de 50 a 64 años es un 35,3 % más numerosa que la de 20 a 34 años. En 2040, la brecha todavía será del 25,0 %.

El peso del talento sénior también crecerá dentro de la propia población en edad laboral. Pasará del 34,52 % en 2026 al 35,45 % en 2030, alcanzará el 35,59 % en 2035 y se situará en el 35,02 % en 2040.

En otras palabras, más de uno de cada tres potenciales trabajadores de Castilla-La Mancha tendrá entre 50 y 64 años al final del periodo proyectado.

Activar todo el talento disponible

Los autores del informe consideran que esta transformación demográfica obligará a cambiar la manera de afrontar el mercado laboral. Su análisis atribuye el descenso de la población en edad de trabajar, en buena medida, a la salida progresiva de las generaciones numerosas nacidas desde la segunda mitad de los años sesenta y durante los setenta.

Los conocidos como baby boomers y parte de la generación X irán superando los 64 años, mientras que las generaciones que alcancen los 16 años serán menos numerosas debido a la baja natalidad. El informe señala que esta diferencia entre quienes salen de la edad laboral y quienes se incorporan reducirá la base potencial de profesionales.

Ante este escenario, Francisco Mesonero, director general de la Fundación Adecco y de sostenibilidad de The Adecco Group, considera que la solución pasa por "activar todo el talento disponible" y aprovechar perfiles que actualmente permanecen fuera del mercado laboral.

"El desafío demográfico exige cambiar la forma en que entendemos y movilizamos el talento. La inclusión debe situarse en el centro de esa respuesta: no podemos permitirnos que personas con discapacidad, mujeres en riesgo de exclusión y otras personas con dificultades de acceso al empleo permanezcan al margen cuando las empresas afrontan una creciente escasez de profesionales", argumenta.

Por eso, el experto considera necesario "invertir en empleabilidad, orientación, formación, accesibilidad y acompañamiento, pero también eliminar los prejuicios y barreras que aún limitan el acceso al trabajo".

Asimismo, añade, "es fundamental retener y actualizar el talento sénior, reducir el desajuste entre las competencias disponibles y las que demandan las empresas, mejorar la productividad mediante la digitalización y la inteligencia artificial, y articular una migración ordenada y conectada con las necesidades reales del mercado laboral", explica Mesonero.

La inclusión clave

El informe sitúa precisamente la inclusión laboral como una de las principales vías para compensar la reducción de la población disponible para trabajar.

"La inclusión no puede entenderse como una cuestión filantrópica, sino como una palanca estratégica de competitividad, especialmente ante el creciente déficit de profesionales. Esto exige revisar los procesos de selección y promoción, garantizar la accesibilidad y la adaptación de los puestos de trabajo, favorecer la conciliación y combatir los prejuicios que todavía condicionan el acceso al empleo de algunos segmentos de la población", asegura Mesonero.

También se apuesta por combatir el edadismo, actualizar las competencias de los trabajadores sénior y favorecer que quienes quieran continuar trabajando puedan hacerlo.

"El edadismo es un obstáculo que Castilla-La Mancha debe superar. Durante demasiado tiempo se ha asociado la edad a una menor capacidad de aprendizaje, adaptación o productividad, cuando los profesionales sénior aportan experiencia, conocimiento, compromiso y una visión estratégica imprescindibles para las organizaciones", defiende Mesonero.

El especialista recuerda que, en Castilla-La Mancha, las personas de 50 a 64 años seguirán representando más del 34 % de la población en edad laboral en 2040. "Prescindir de estos profesionales es un contrasentido demográfico y económico. Urge derribar prejuicios, impulsar su actualización profesional y facilitar que quienes quieran y puedan seguir trabajando encuentren oportunidades reales para hacerlo", finaliza.