En España existen cerca de 400.000 personas que viven en una tierra de nadie visual: poseen demasiada visión para ser consideradas ciegas legales, pero no la suficiente para llevar una vida normalizada. En regiones como Castilla-La Mancha, donde la dispersión geográfica y el entorno rural dificultan a menudo el acceso a servicios especializados, esta vulnerabilidad es aún mayor.
Para dar respuesta a este colectivo a veces olvidado, el Grupo Social ONCE ha puesto en marcha la Fundación ONCE Baja Visión, una plataforma digital pionera que ofrece recursos de autonomía, gestión emocional y una red de centros colaboradores en todo el territorio.
En EL ESPAÑOL de Castilla-La Mancha hemos hablado con su gerente, Adonay Viera Romera, sobre este nuevo modelo escalable diseñado para que, residan donde residan, los afectados dejen de ser invisibles para el sistema.
P. Como premisa fundamental, ¿qué diferencia a la baja visión de la ceguera? ¿Existen parámetros legales o internos de la organización que marquen este límite?
R. Es una de las dudas que más nos transmiten y tratamos de ser muy pedagógicos al respecto. La distinción viene estipulada por la Organización Mundial de la Salud (OMS). Por un lado, la ONCE presta servicios sociales especializados a personas con ceguera o deficiencia visual grave, lo que técnicamente se conoce como "ceguera legal".
En parámetros visuales, esto engloba a quienes tienen una visión de hasta el 10 %; es decir, una pérdida visual del 90 %. Por otro lado, la baja visión es toda aquella discapacidad situada por encima de ese 10 % hasta, aproximadamente, el 30 % de resto visual.
P. ¿Existe un perfil tipo de la persona afectada por baja visión?
R. Existen distintas patologías que pueden ocasionar una pérdida visual grave. En su mayoría son degenerativas y podemos identificar cinco o seis principales, como la Degeneración Macular Asociada a la Edad (DMAE), la retinosis pigmentaria o las cataratas congénitas. Al ser procesos degenerativos, una buena parte de las personas que hoy presentan baja visión podrían acabar, con el tiempo, en parámetros de ceguera legal.
En cuanto a las características demográficas, hay de todo. Es cierto que influye el hecho de que la ciencia evoluciona y cada vez nacen menos personas con patologías visuales. Sin embargo, al aumentar la esperanza de vida, crecen los casos asociados a la edad. Esa es la realidad actual, lo que no quita que existan muchísimas personas en todos los rangos de edad con discapacidad visual a las que debemos dar respuesta.
P. ¿Qué servicios ofrece la Fundación ONCE Baja Visión a los afectados?
R. La Fundación nació en 2025 con la ventaja de ser un modelo totalmente online: dinámico, flexible y escalable. Se basa en una plataforma digital innovadora donde ofrecemos recursos para las dificultades cotidianas. Disponemos, por ejemplo, de guías de optimización visual sobre movilidad y habilidades de la vida diaria: desde cómo cocinar con baja visión hasta cómo aprender una nueva ruta de transporte. También ofrecemos guías tecnológicas para adaptar dispositivos del día a día o utilizarlos como herramientas de relación con el entorno.
Asimismo, incidimos en la gestión emocional. Recibir el diagnóstico de que solo tienes un 30 % de visión y que no vas a mejorar supone un impacto enorme; cambia tu forma de trabajar, de moverte y de relacionarte con tu familia y amigos. Por ello, contamos con la sección "Mi día a día", que traslada estos recursos a situaciones prácticas. Nos ponemos en la piel de la persona para explicar, con un lenguaje sencillo y natural, cómo realizar tareas como la compra en el supermercado.
Estamos diversificando los formatos con podcasts mensuales, audioguías y vídeos para que la información llegue de forma directa. Además, quienes tengan dificultades para leer pueden solicitar el acceso a la Biblioteca Digital de la ONCE, con más de 85.000 títulos en audio.
Finalmente, estamos creando una red de centros colaboradores de optometría especializada en baja visión. Al otorgarles nuestro distintivo, garantizamos que el usuario acude a un centro de calidad contrastada por nosotros, donde además obtendrá condiciones económicas especiales.
P. El proyecto está en una fase inicial, pero es ambicioso. En su estrategia, ¿contemplan sinergias con la amplia red territorial de la ONCE?
R. Las sinergias con la ONCE están en constante desarrollo. Ya existen colaboraciones establecidas, como el acceso a la biblioteca digital o la posibilidad de que nuestros beneficiarios acudan a la Escuela Universitaria de Fisioterapia de la ONCE. También promovemos la venta de la lotería de la ONCE como una salida profesional inclusiva.
Es cierto que, a día de hoy, la Fundación no ofrece servicios presenciales más allá de los centros colaboradores mencionados. El colectivo de baja visión en España es muy amplio —cerca de 400.000 personas— y ofrecer servicios presenciales de forma directa sería sumamente complicado. Por eso hemos optado por este modelo digital: confiamos en que es una vía distinta, pero eficaz, para llegar más lejos y ayudar a más gente.
P. ¿Cómo afrontan las personas el momento en que la pérdida de visión condiciona su vida diaria? ¿Qué les diría desde un plano más humano y personal?
R. Lo primero es ser realistas: esto es una faena. Nos complica la vida y nos obliga a cambiar la manera de hacer las cosas. Quien diga lo contrario, miente. Sin embargo, aunque tendemos a pensar que nuestra vida se acaba por una discapacidad visual, puedo asegurar por experiencia propia que no es así.
Hacemos las cosas de forma distinta, pero es posible desarrollar un proyecto de vida plenamente autónomo. Hay que querer hacerlo y buscar los apoyos, pero se logra perfectamente. Contamos con recursos suficientes para que una persona con discapacidad visual viva de forma inclusiva y autónoma.
